SAN LUIS - Martes 16 de Junio de 2026

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"El Cuarteto de Nos" encendió San Luis

Por redacción
| 12 de mayo de 2015
Así soy yo. Musso, palabras continuadas de un autor con problemas.

Sobre el rostro flaco de Roberto Musso, líder del “Cuarteto de Nos”, las luces azules daban el tono lúgubre que acompañó el pesado piano de “21 de setiembre”, la canción sobre los estragos que el Alzheimer hizo en la madre del cantante. En la última frase, la voz del intérprete se entrecortó, la garganta sintió una saliva intrusa y el tema estuvo cerca de quedar inconcluso. En la emocionante interpretación hubo un dato que pocos conocían: el domingo fue el Día de la Madre en Uruguay.

 


Los seguidores de la banda que tocó el domingo en el auditorio Mauricio López saben que Musso es un letrista que se muestra en carne viva en sus canciones. “Habla tu espejo”, el último disco, por caso, contiene, además del durísimo tema sobre la enfermedad de su madre, uno puro ternura dedicado a su hija y otro tan evidente que se llama “Roberto”.

 


Los tres estuvieron en el recital puntano que tuvo como llamador la presentación del disco, pero que terminó por ser un repaso por la trilogía “Raro”, “Porfiado”, “Bipolar”.

 


Ya desde sus títulos, los discos dan algunas pistas de la personalidad de los miembros del cuarteto, pero sobre todo de Roberto, cantante, guitarrista, autor de la mayoría de las letras y dueño de una mentalidad conscientemente retorcida. Un hombre de 50 años que se anima a dar consejos a un público 35 años menor, pero que también es capaz de describir los conflictos de los treinteañeros y de analizar la crisis de los 40 en clave de rap.

 


Aquél que tiene alguna vulnerabilidad (¿quién no?); aquél que no quiere perder el tiempo; aquél que tiene una hija, o a su madre enferma, o que escucha voces interiores, o que sigue aprendiendo, o que está confundido, o insatisfecho, o feliz; encontrará en las letras del “Cuarteto…” motivos para hacer una mueca risueña y autocomplaciente. O simplemente para llorar.

 


Y aquél que creyó que porque el recital fue en un teatro la pasaría sentado tranquilamente en la butaca, no tuvo más que esperar el primer tema para comprobar que unos cien adolescentes estaban dispuestos a convertir el lugar en un verdadero recital de rock. El momento de “Cuando sea grande”, en donde un Roberto niño enumera las decepciones de un padre, fue coreado por los chicos con una fuerza liberadora y adolescente.

 


En la conexión entre el público y las vivencias en primera persona y rimas tenaces del cantante se apoya gran parte del éxito del grupo montevideano. Pero detrás de Musso hay un cuarteto (hasta en la cantidad de integrantes la agrupación se jacta de deforme) que hace su aporte para conformar a una de las bandas más originales del Río de la Plata.

 


Su elemento más visible es el bajista Santiago Tavella, el tío borracho de la fiesta que agarra el micrófono de improviso, desafina con gusto y baila con estilo. Hasta de camisa y corbata estaba vestido el miembro fundador de la banda que tuvo su numerito teatral en tres canciones de su autoría, entre las que se destaca la tierna “Pobre papá”. Porque el hombre también tiene una hija a la que acompañar.

 


El otro integrante que está en la banda desde sus inicios, allá por 1976, es Álvaro Pintos, el baterista, cultor de un perfil bajo que hace que sus intervenciones en los coros sean aún más efectivas. Y las incorporaciones recientes son Santiago Marrero, quien desde los teclados y los sintetizadores llenó los espacios que antes quedaban blancos, y el enorme guitarrista Gustavo “Topo” Antuña. Para entender un poco mejor su particular forma de tratar al instrumento convendría escuchar “Buenos muchachos”, una banda de culto del under uruguayo de la que es uno de los fundadores.

 


En el show dominguero pasaron “Ya no sé qué hacer conmigo”, las esdrújulas de “El hijo de Hernández”, la personal “Así soy yo”, el irresistible hit “Yendo a la casa de Damián”, la narcisista “Me amo” y la autorreferencial “Breve descripción de mi persona”. Sólo los títulos de esas canciones sirven para comprender las razones por las que el “Cuarteto de nos” se empeña en reflejar al raro, al porfiado y al bipolar que todos llevamos dentro.

 


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