Haneen Nasser tiene 24 años y abandonó su país natal, la convulsionada Siria, para forjarse un futuro en la Argentina. Fue recibida por la comunidad de la Asociación Árabe de La Pampa en julio pasado y ahora vive en la localidad de Parera, en esa provincia, donde ya pasó su primera Navidad fuera de su país de origen.
"Lo que está en juego para mí es la construcción de un futuro que intento diseñar. Además quiero estudiar español y aprender más sobre fotografía", dijo ilusionada al matutino porteño "Clarín".
Nasser es la primera refugiada en la Argentina que logró tramitar su visa a través del Programa Especial de Visado Humanitario para Extranjeros Afectados por el Conflicto en la República Siria, creado a mediados de 2014.
La historia de Haneen ganó las portadas de los diarios en julio del año pasado, cuando desde Damasco llegó primero a Ezeiza, y fue recibida por un grupo de familiares argentinos e integrantes de la Asociación Árabe de La Pampa, con quienes se había contactado a través de Internet.
María Belén Nazer, prima de Haneen, había comenzado el contacto por una red social hace cuatro años, y a medida que el panorama empezó a complicarse en Siria, comenzaron a conversar sobre la posibilidad de que la joven se viniera a la Argentina.
María Belén estaba anotada en “Familia Llamante”, es aquella persona que solicita que le concedan refugio a una persona o familia. Una vez aprobado el trámite, la Dirección Nacional de Migraciones emite un permiso de ingreso, para que el beneficiario se presente ante cualquier consulado argentino en el mundo (incluido el de Damasco), para obtener la visa humanitaria con la cual puede viajar hacia la Argentina.
Después de aprobar los requisitos, María Belén estuvo entonces en condiciones de recibir a Haneen en su casa de Parera. Su llegada naturalmente despertó grandes expectativas en la localidad; incluso le dieron una gran fiesta de bienvenida.
Los primeros días fueron de conocimiento, de tratar de entender una nueva forma de vivir, propia de un pueblo del interior de la provincia pampeana. Sus dificultades con el idioma le impidieron al principio una plena integración, pero entre su esfuerzo, las ganas y la solidaridad de quienes la rodeaban, empezó a sentir verdaderamente que Parera, y La Pampa, podrían ser su tierra adoptiva.
Entre el inglés y la fotografía
“Cuando apenas llegué conseguí trabajo como profesora de Inglés en un Instituto de la vecina localidad de Realicó y viajaba a diario”, contó al diario pampeano “La Arena”; pero sin embargo un sueldo mínimo, a lo que se sumaba la incomodidad del traslado, la llevó a desistir de continuar. Más tarde consiguió trabajo como profesora de idioma en otro instituto, esta vez en Ingeniero Luiggi. “Allí conocí gente increíble y acabo de terminar las clases”, relató con entusiasmo.
Más allá de la docencia, Haneen sigue haciendo algunos trabajos para fotógrafos -una de sus pasiones-: uno vinculado con Ingeniero Luiggi y otro en Santa Rosa, ambos referidos al turismo.
Por estos días Haneen aseguró que disfruta de las vacaciones junto a su prima Belén y espera poder viajar pronto hacia Córdoba. “Me gustaría conocer Córdoba… dicen que es muy bello; y también la Patagonia argentina. He visto muchas fotos de paisajes muy lindos. Hasta ahora no he recorrido ningún país, pero me gustaría viajar a esos lugares. Todavía no tuve oportunidad, pero ya llegará”, dijo con seguridad.
Novedades familiares
Fue ésta su primera Navidad lejos de su tierra y de su gente; y también estuvo a miles de kilómetros de su Damasco natal cuando comenzó el 2017.
Esos días para ella fueron bien diferentes. Es la primera lejos de su familia y de su tierra, y esta vez la mesa navideña tuvo un sabor argentino.
Pero éstos no son para Hannen momentos de fiesta, porque la lejanía, el conocer lo que pasa en su tierra donde viven sus familiares por supuesto pesan en su ánimo, y en su alma. Es sólo una joven que vino a tierras pampeanas buscando una paz que en Siria, su país, aparece lejana por el momento.
Recordó especialmente a su hermana, (Lilian, de 21 años) que se encuentra en Damasco, capital de Siria: “Sigue con sus estudios, a pesar de la difícil situación que se vive en la región. Día a día sigo las noticias a través de familiares, por Facebook y los diarios digitales. Y no es fácil…”, resumió.
Más allá de la nostalgia, de añorar su terruño y sus costumbres, y extrañar a sus familiares, pareciera que Haneen empezó a adaptarse.
Sobre su estadía en La Pampa señaló: “Es muy buena… disfruto de las amistades que hice y de las salidas con amigos. No, no me siento una extraña”, relató al diario pampeano.
Traer los parientes
Haneen sueña también con comenzar los trámites para que sus hermanos puedan llegar a la Argentina también con una visa humanitaria.
“Siria está muy angustiada y triste por lo que está pasando. Aleppo está en el peor momento de la guerra. Toda la gente está refugiándose, huyendo por el mar porque no tienen otra salida. Hay mucha gente sufriendo”, aseguró la joven.
La joven refugiada siria dijo que la ayuda de la comunidad internacional es poca. “Es mucha la gente que dejó sus casas porque perdió todo, hasta su familia, y no saben para dónde arrancar”.
Haneen agregó que sus padres “no quieren salir de Siria pero sí mis hermanos, y necesitan ayuda, quiero estar con ellos”. En Latakia, ciudad natal de Haneen, la chica dejó a su mamá, su papá, y sus hermanos Lilian y Torek (18 años).
El gusto por la cocina y su dieta
A Haneen le gusta cocinar y comparte sus recetas por Whatsapp: humus (puré de garbanzo), batenyen (puré de berenjena) y tabule (una ensalada con trigo burgol) son sus preferidas.
Le encanta el asado, pero se cansó. “Me invitaban a todos lados y siempre había asado”.
Su dieta por ahora está compuesta de verduras. María Belén cuenta entre risas: “Hace comidas árabes. Pero ya mezcla con alguna. Hace bife de cebollas a veces”. Juntas van de picnic. Ya conocía el mate (Siria es el mayor importador de yerba) pero ahora incorporó una costumbre que no tienen en su país: comparte la bombilla. “Chusmeamos juntas”, cuenta y ríe de buena gana cuando se le pregunta por sus charlas con María Belén.
En su habitación hay una enorme Bandera Argentina que le regalaron cuando llegó a Ezeiza. Además está Zakaria, su oso de peluche. Tuvo momentos muy emotivos, llenos de nostalgia. Se le llenaron los ojos de lágrimas con Yesra Mardini, la joven nadadora siria abanderada del equipo olímpico de refugiados en las Olimpíadas de Río; la conoce a ella y a su hermana.
Los días pasan y, pese a la nostalgia, Haneen se adapta y sueña con conocer el país. Y con su futuro, ése que construye en paz.
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