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Shabat, de una primera estrella a otra

La jornada religiosa judía fue invocada como impedimento para jugar en sábado la final de la Copa Libertadores. En esta nota, un repaso por esta celebración milenaria.

Por Gustavo Luna
| 26 de noviembre de 2018
Los preparativos para la comida deben realizarse con anticipación, debido a que no pueden trabajar una vez iniciado el tiempo del Shabat. Fotos: Nicolás Varvara/Shutterstock

El presidente de Boca, Daniel Angelici, empujó a más de uno a “guglear” para saber de qué hablaba, cuando dijo que no quería jugar la superfinal de la Libertadores con River un sábado, porque ese día la comunidad judía celebra el Shabat. Al final, no fue eso, sino un diluvio bíblico sobre “La Bombonera”, el motivo por el cual se postergó el primer partido. Pero, de algún modo, el dirigente y el superclásico del fútbol argentino llamaron la atención sobre algo que para quienes no son judíos es una celebración desconocida y que para esa comunidad es motivo de recogimiento. Ellos tienen prohibido participar, durante ese día, en mucho de lo que genera el fútbol: no pueden manejar dinero, no pueden mirar televisión, no pueden manejar un vehículo ni atender el teléfono. Hay otras actividades que les están vedadas durante esa jornada, según la Torá, la escritura sagrada judía.

 

Como en las comunidades cristianas, la observancia de esos preceptos depende del mayor o menor apego que cada judío tenga por las prácticas religiosas, señala Saada Bentolila, miembro de una tradicional familia israelita de San Luis, de origen sefardí, que llegó a la provincia en 1956.

 

Como en las comunidades cristianas, la observancia de esos preceptos depende del mayor o menor apego que cada judío tenga por las prácticas religiosas, señala Saada Bentolila, miembro de una tradicional familia israelita de San Luis, de origen sefardí, que llegó a la provincia en 1956. “En hebreo, Ben quiere decir ‘hijo de’ y ‘Tolila’ proviene del antiguo nombre de Toledo, en España”, aporta David Bentolila, hermano mayor de Saada, que nació en Tetuán, Marruecos, en el norte de África, hace 75 años. “Llegamos a San Luis directamente de Marruecos, o sea que somos africanos claritos”, bromea.

 

“El origen de nuestra familia era España, pero ¿cómo llega la familia nuestra, la comunidad judía a Marruecos? Por la expulsión de los judíos de España, a cargo de la Inquisición. El decreto de los Reyes Católicos los obliga a convertirse o a irse. Nuestra familia es de las que no aceptaron convertirse”, completa Saada. “Pero los que aceptaron –agrega– también fueron víctimas, porque después la iglesia los perseguía para ver si no tenían prácticas judaizantes, son a los que llamaban judíos marranos, judíos ocultos o criptojudíos”.

 

Diseminados por el mundo, aquellos israelitas que no residen en “la tierra prometida” se han llevado consigo las costumbres, las tradiciones y las prácticas de su credo. Los que llegaron a la provincia hasta cierto punto las mantienen. En San Luis la comunidad judía está integrada por alrededor de ciento cincuenta personas pertenecientes a unas cuarenta familias, indica Saada.

 

Muchos de ellos se congregan en la sinagoga construida en la “Sociedad Israelita de San Luis”, en la calle Pedernera 1049, metros antes de Chacabuco, en especial cuando comienza el Shabat.

 

Aunque en San Luis hay amplio respeto por los diferentes cultos, los Bentolila recuerdan episodios dolorosos de antisemitismo, como la vez en que el cementerio judío, contiguo al cristiano “Del Rosario”, en la zona oeste de la capital, fue blanco de un atentado en el que dañaron tumbas y pintaron esvásticas.

 

El Shabat o sábado es el día de descanso para los judíos en función de la interpretación que ellos hacen de sus escrituras. En concreto, del Génesis, el primero de los cinco libros del Pentateuco, que sostiene que “durante seis días Dios trabajó en la creación y el séptimo día descansó”. La semana, según esa cuenta, empieza el domingo. La diferencia con la idea cristiana de que el séptimo día, el del descanso divino después de la creación, es el domingo “viene de la época de Constantino y del Concilio de Nicea, en el siglo III”, señala Saada.

 

Y el Shabat, día sagrado, no comienza en la hora cero del sábado, como se podría pensar, sino en el anochecer del viernes, con la aparición de la primera estrella. Dura hasta el mismo horario del día siguiente. De modo que un acontecimiento importante para las familias hebreas, amén de las actividades litúrgicas, que es la cena de Shabat, no transcurre en la noche del sábado, sino en la del viernes.

 

Para esa reunión, explica Saada Bentolila –que invitó a quien escribe a compartirla con su familia–, todos los alimentos deben ser preparados con antelación, debido a que no pueden trabajar una vez iniciado el tiempo del Shabat. Todo lo que necesitan para prepararlos deben proveérselo con suficiente antelación, porque una vez iniciada la jornada sagrada no pueden comerciar.

 

Por regla general, no solamente el Shabat, los judíos tienen una serie de normas que regulan la alimentación. No pueden comer cerdo, por ejemplo. “Según la Tora, y según el Talmud, que es la interpretación de la Tora, solamente se pueden comer animales cuadrúpedos, rumiantes y que tengan pezuña partida. Por eso no se come el chancho”, explica David Bentolila.

 

Saada cuenta que “en el judaísmo hay normas de cuidado con los alimentos para toda ocasión, no sólo para el Shabat. La primera es que no todos los animales se pueden comer. No se pueden comer animales salvajes”, aunque sí pueden alimentarse con carne de ciervo. “De los peces, sólo se puede los que tienen escamas”. Sí pueden consumir aves como gallina, pavo o pato.

 

Pueden comer leche y carne, pero no en forma combinada, tampoco pueden prepararlas de esa forma. “Además –agrega–, al hacer la comida hay que tener cuidados especiales. Por ejemplo, si uno come carne, tiene que estar bien desangrada. Está prohibido comer sangre”.

 

“Eso tiene que ver un poco con la filosofía del judaísmo, donde por un lado el ser humano es el rey de la Creación, pero, por otro, de alguna manera no puede disponer de todo, sólo de lo que necesita. Por eso también está limitada la cantidad de cosas de las que puede disponer”, señala.

 

La norma que rige el tratamiento de los alimentos se llama “Kosher”. Establece, por caso, que a los animales hay que sacrificarlos sin sufrimiento, en la medida de lo posible, “y eso determina por ejemplo que hay una práctica para los matarifes. Los judíos religiosos no comen si no es bajo esas normas”.

 

“Uno de los proveedores de carne ‘Kosher’ es un frigorífico que está en Villa Mercedes, donde sacrifican animales de esa forma y la tienen separada, incluso. Nosotros comemos carne común, pero digamos que el judío religioso se asegura de comer de esa forma”, cuenta Saada.

 

 

Canto en hebreo

 

Cuando llega la hora de inicio del Shabat, en cada hogar judío se encienden velas que permanecerán así hasta el mismo horario del día siguiente.

 

Las sinagogas tienen su altar hacia el este, porque hacia allá está Jerusalén y hacia allá miran mientras oran “porque todos los rezos hablan de volver a Jerusalén, aunque siempre hubo judíos en Israel”, explica Saada.

 

Iniciado el Shabat, los judíos se congregan a rezar en hebreo. Los de San Luis disponen de libros escritos en ese idioma –de derecha a izquierda–, con la fonética transcripta en la misma hoja y la traducción en español. En el encuentro del viernes 9 de noviembre, Gastón Anidjar, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Israelita de San Luis compartió con miembros de la colectividad la grata noticia de que es casi un hecho que conseguirán la venida de un profesor de hebreo.

 

Su padre, Raúl Anidjar, que nació en Tanger, África, y fue miembro del Consejo Consultivo de Culto provincial, dice en arameo, el lenguaje que hablaba Jesús, las “Kadish”, oraciones por los muertos.

 

Algunas de las oraciones, con reiteradas invocaciones a “Adonai” (“Señor mío”) son cantadas e, incluso, acompañadas con un suave golpeteo con la mano sobre el libro y un leve movimiento de los pies.

 

Después, en el salón de la asociación, repiten las plegarias y hacen el “Kidush”, las oraciones del pan y del vino. El ritual se repetirá más tarde, en cada hogar judío, antes de la cena de Shabat. Al volver la familia a la casa, el padre bendice a sus hijos imponiéndoles las manos en la cabeza.

 

Una vez hecho el rezo por el vino, el oficiante bebe de una copa y la pasa para que los demás beban.

 

No es un vino de cualquier marca comercial, sino uno elaborado específicamente para esta celebración. En San Luis, no siempre lo consiguen, de modo que lo encargan o lo compran en Buenos Aires. Luego vendrá la ofrenda del pan. David Bentolila pone sal en su plato, deposita allí la hogaza trenzada, llamada “Jalá” y hecha también para la ocasión, y una vez hecha la oración, la corta con la mano y la va arrojando a los demás integrantes de la mesa. Es una costumbre heredada por la tradición y simboliza la caída del maná enviado por Yahveh (Dios), durante los cuarenta años que el pueblo hebreo deambuló en el desierto, tras la huida de Egipto, donde había estado sometido a la esclavitud. Para el Shabat los panes son dos. Simbolizan la doble ración de maná que caía previamente al día sagrado.

 

“Decimos una oración en el vino y después en el pan, en arameo, son muy antiguas –describe Saada–.

 

Así iniciamos la cena de Shabat, generalmente hacemos una comida especial, no algo rápido, y se cocina el viernes” antes de la hora en que aparece la primera estrella, ya que después de entonces tienen prohibido trabajar.

 

El respeto del Shabat está prescripto por el cuarto de los diez mandamientos judíos, algunos de los cuales coinciden con los cristianos. Y el Talmud, del cual emanan 633 preceptos para la vida judía, fija que en sábado – en rigor, desde el anochecer del viernes hasta el anochecer de ese día– el judío debe separarse de las cosas del mundo y volverse hacia Dios y la familia. Saada cuenta que cuando ese día sagrado termina, con la aparición de las primeras estrellas, se reza una oración llamada “Havdalá”, “que dice ‘separemos lo sagrado de lo no sagrado’”.

 

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