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Carteros: ni los perros frenan a un servicio que se reinventa

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Carteros: ni los perros frenan a un servicio que se reinventa

Reparten entre 300 sobres por día y lo que más llevan son los telegramas por compras en otros países.

Han pinchado las ruedas de las bicis y en el peor de los casos se las han robado. Más de una vez se mojaron con alguna repentina llovizna. El viento se ha encargado de hacerles bromas con varias ráfagas para dispersarles la correspondencia en la calle. Y hasta los perros más amigables se han visto tentados en corretearlos. A pesar de los infortunios, los carteros aún golpean puertas y entregan cerca de 300 sobres por día en la ciudad. Si bien son pocos los que envían cartas personales y postales, el trabajo se ha incrementado por las compras en sitios web de otros países, debido a que distribuyen los telegramas que dan aviso de que el producto arribó. Hoy están de festejo en homenaje al primer trabajador argentino, fecha que se oficializó en 1771.

La sucursal de Correo Argentino, sobre León Guillet frente a la plaza Pedernera, posee 11 carteros, que reparten cartas, boletas, resúmenes bancarios, planes automotores, entre otros; y un mensajero, a cargo de llevar los telegramas. A diario tienen de 70 a 100 de ellos para distribuir y en su gran mayoría son por compras realizadas en el exterior. "Mediante el telegrama el correo le hace saber al cliente que el producto ya está en Aduana. La gente completa un formulario de AFIP y así les liberan el producto. En definitiva, eso ha incrementado el trabajo de la parte telegráfica", consideró Luis Lucero, el secretario adjunto de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones de San Luis.

En el equipo local, quien tiene más años de servicio es Daniel Omar Urquiza. Ingresó en 1984, con apenas 14 años, gracias a que su papá era empleado de la entidad. “Por cinco años fui mensajero y hasta hoy soy distribuidor, una nueva denominación que reemplaza a la de cartero. Ahora estoy asignado a una de las zonas del barrio Estación, pero con 34 años en el trabajo conozco la ciudad de punta a punta”, sostuvo.

En su memoria descansan distintas experiencias, de las más insólitas a las más conmovedoras. Aunque lleva media década invicto, tuvo varios enfrentamientos con los enemigos principales de los carteros: los canes. “Pasa con los chiquitos y los grandes. En la zona que recorro hay muchas casas que no tienen medianera ni rejas y los perritos nos esperan en la puerta. Hace unos años andaba por la zona del Pablo Díaz y me mordió un pastor belga. Fue insólito porque me agarró el glúteo cuando iba sentado en la bici. Dio la casualidad que era de un amigo mío, con el que había estado el sábado, a quien le había dicho que no lo dejara suelto porque podía lastimar a alguien, y al lunes siguiente se desquitó conmigo. Tuve las marcas varios meses y hasta no podía sentarme del dolor”, contó entre risas.

Ha habido otras veces en las que Urquiza ha tenido que ser portador de noticias tristes y la congoja es mayor cuando el destinatario de alguna carta documento o telegrama de despido ha sido un amigo cercano. “Nosotros ya sabemos cuáles son las buenas y cuáles las malas. Hace dos meses y medio llevé una a un amigo. Me partió el alma ver cómo se le caían las lágrimas mientras firmaba que había recibido la correspondencia. Yo lo intenté consolar pero cuando terminó de escribir rompió en llanto. Eso me marcó, es feísimo”, contó.

Y en la actualidad turbulenta del país, esos sobres han empezado a aparecer con mayor frecuencia. "Últimamente debido a la crisis se ven muchos despidos. El cartero lleva la misiva con la notificación y, aunque el receptor ya está mal predispuesto, triste o enojado no se la agarra con nosotros, por ahí se les escapa algún insulto a los patrones", comentó Lucero con pesadumbre.

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Carteros: ni los perros frenan a un servicio que se reinventa

Reparten entre 300 sobres por día y lo que más llevan son los telegramas por compras en otros países.

Equipo villamercedino. En la sucursal del Correro Argentino hay 11 carteros y un mensajero. Foto: Juan Andrés Galli.

Han pinchado las ruedas de las bicis y en el peor de los casos se las han robado. Más de una vez se mojaron con alguna repentina llovizna. El viento se ha encargado de hacerles bromas con varias ráfagas para dispersarles la correspondencia en la calle. Y hasta los perros más amigables se han visto tentados en corretearlos. A pesar de los infortunios, los carteros aún golpean puertas y entregan cerca de 300 sobres por día en la ciudad. Si bien son pocos los que envían cartas personales y postales, el trabajo se ha incrementado por las compras en sitios web de otros países, debido a que distribuyen los telegramas que dan aviso de que el producto arribó. Hoy están de festejo en homenaje al primer trabajador argentino, fecha que se oficializó en 1771.

La sucursal de Correo Argentino, sobre León Guillet frente a la plaza Pedernera, posee 11 carteros, que reparten cartas, boletas, resúmenes bancarios, planes automotores, entre otros; y un mensajero, a cargo de llevar los telegramas. A diario tienen de 70 a 100 de ellos para distribuir y en su gran mayoría son por compras realizadas en el exterior. "Mediante el telegrama el correo le hace saber al cliente que el producto ya está en Aduana. La gente completa un formulario de AFIP y así les liberan el producto. En definitiva, eso ha incrementado el trabajo de la parte telegráfica", consideró Luis Lucero, el secretario adjunto de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones de San Luis.

En el equipo local, quien tiene más años de servicio es Daniel Omar Urquiza. Ingresó en 1984, con apenas 14 años, gracias a que su papá era empleado de la entidad. “Por cinco años fui mensajero y hasta hoy soy distribuidor, una nueva denominación que reemplaza a la de cartero. Ahora estoy asignado a una de las zonas del barrio Estación, pero con 34 años en el trabajo conozco la ciudad de punta a punta”, sostuvo.

En su memoria descansan distintas experiencias, de las más insólitas a las más conmovedoras. Aunque lleva media década invicto, tuvo varios enfrentamientos con los enemigos principales de los carteros: los canes. “Pasa con los chiquitos y los grandes. En la zona que recorro hay muchas casas que no tienen medianera ni rejas y los perritos nos esperan en la puerta. Hace unos años andaba por la zona del Pablo Díaz y me mordió un pastor belga. Fue insólito porque me agarró el glúteo cuando iba sentado en la bici. Dio la casualidad que era de un amigo mío, con el que había estado el sábado, a quien le había dicho que no lo dejara suelto porque podía lastimar a alguien, y al lunes siguiente se desquitó conmigo. Tuve las marcas varios meses y hasta no podía sentarme del dolor”, contó entre risas.

Ha habido otras veces en las que Urquiza ha tenido que ser portador de noticias tristes y la congoja es mayor cuando el destinatario de alguna carta documento o telegrama de despido ha sido un amigo cercano. “Nosotros ya sabemos cuáles son las buenas y cuáles las malas. Hace dos meses y medio llevé una a un amigo. Me partió el alma ver cómo se le caían las lágrimas mientras firmaba que había recibido la correspondencia. Yo lo intenté consolar pero cuando terminó de escribir rompió en llanto. Eso me marcó, es feísimo”, contó.

Y en la actualidad turbulenta del país, esos sobres han empezado a aparecer con mayor frecuencia. "Últimamente debido a la crisis se ven muchos despidos. El cartero lleva la misiva con la notificación y, aunque el receptor ya está mal predispuesto, triste o enojado no se la agarra con nosotros, por ahí se les escapa algún insulto a los patrones", comentó Lucero con pesadumbre.

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