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La mujer que se ganó el cielo

Florencia Espinosa

La primera mujer aviadora en Sudamérica fue argentina. El 1° de octubre de 1914 la rosarina Amalia Celia Figueredo recibió el brevet de piloto N° 58 de la Federación Aeronáutica Internacional en un riguroso examen en el que demostró no solo sus capacidades sino también la pasión que sentía al surcar los cielos. Tenía 19 años y una prometedora carrera en la aviación que quedó trunca al siguiente año tras su casamiento.

Amalia se convirtió en la primera mujer de la región en volar sola un aeroplano. El dato no es menor, ya que para lograr que le permitieran eso debió insistir con sus instructores varones. Para realizar el examen los alumnos debían volar solos, pero ella lo hizo durante mucho tiempo acompañada, ya que sus profesores lo consideraban necesario por el hecho de ser mujer.

Un año después, el 19 de noviembre de 1915, se bajó de un avión para no volver jamás. En tierra la estaba esperando su novio, Alejandro Carlos Pietra, que ese día se convirtió en su marido y a quien le había prometido dejar los cielos el día que dieran el sí. Dicen que su pareja no se había opuesto explícitamente a su actividad, pero jamás la había apoyado. Tuvieron dos hijos y Amalia pasó a ocuparse de los cuidados de la casa. Enviudó en 1928 y tuvo que salir a trabajar: fue empleada del Registro Civil hasta su jubilación. Falleció a los 90 años, en 1985, y sus restos están sepultados en Panteón Militar del Cementerio de la Chacarita.

Aun así su vida siempre estuvo relacionada con la aeronáutica y es una referente indiscutible en la aviación femenina. Recibió diversos reconocimientos no solo en nuestro país sino también en toda Latinoamérica. Fue nombrada presidenta del Aeroclub Femenino de la Argentina y socia honoraria del Círculo Militar de Aeronáutica. Al cumplirse cincuenta años de su brevet de piloto, recibió el título de aviadora militar “honoris causa” por la Fuerza Aérea Argentina y en 1970 la Ley 18.559 le dio el título de “Precursora de la Aeronáutica Argentina”.

Amalia se ganó un lugar en la aviación latinoamericana gracias a su espíritu tenaz y desafiando los cánones de la época. Lamentablemente no pudo con los mandatos sociales, pero su nombre quedó grabado en la historia aeronáutica argentina y dentro de la infinita lista de mujeres que se destacaron en el mundo.

 

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La mujer que se ganó el cielo

La primera mujer aviadora en Sudamérica fue argentina. El 1° de octubre de 1914 la rosarina Amalia Celia Figueredo recibió el brevet de piloto N° 58 de la Federación Aeronáutica Internacional en un riguroso examen en el que demostró no solo sus capacidades sino también la pasión que sentía al surcar los cielos. Tenía 19 años y una prometedora carrera en la aviación que quedó trunca al siguiente año tras su casamiento.

Amalia se convirtió en la primera mujer de la región en volar sola un aeroplano. El dato no es menor, ya que para lograr que le permitieran eso debió insistir con sus instructores varones. Para realizar el examen los alumnos debían volar solos, pero ella lo hizo durante mucho tiempo acompañada, ya que sus profesores lo consideraban necesario por el hecho de ser mujer.

Un año después, el 19 de noviembre de 1915, se bajó de un avión para no volver jamás. En tierra la estaba esperando su novio, Alejandro Carlos Pietra, que ese día se convirtió en su marido y a quien le había prometido dejar los cielos el día que dieran el sí. Dicen que su pareja no se había opuesto explícitamente a su actividad, pero jamás la había apoyado. Tuvieron dos hijos y Amalia pasó a ocuparse de los cuidados de la casa. Enviudó en 1928 y tuvo que salir a trabajar: fue empleada del Registro Civil hasta su jubilación. Falleció a los 90 años, en 1985, y sus restos están sepultados en Panteón Militar del Cementerio de la Chacarita.

Aun así su vida siempre estuvo relacionada con la aeronáutica y es una referente indiscutible en la aviación femenina. Recibió diversos reconocimientos no solo en nuestro país sino también en toda Latinoamérica. Fue nombrada presidenta del Aeroclub Femenino de la Argentina y socia honoraria del Círculo Militar de Aeronáutica. Al cumplirse cincuenta años de su brevet de piloto, recibió el título de aviadora militar “honoris causa” por la Fuerza Aérea Argentina y en 1970 la Ley 18.559 le dio el título de “Precursora de la Aeronáutica Argentina”.

Amalia se ganó un lugar en la aviación latinoamericana gracias a su espíritu tenaz y desafiando los cánones de la época. Lamentablemente no pudo con los mandatos sociales, pero su nombre quedó grabado en la historia aeronáutica argentina y dentro de la infinita lista de mujeres que se destacaron en el mundo.

 

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