Pelea como niña
Jóvenes, activistas, niñas y mujeres. Amadas y criticadas por cada una de esas características, detrás de Greta Thunberg hay un grupo de chicas que está tomando el papel que los adultos no están dispuestos a asumir.
Por: Agustina Bordigoni
¿Productos del marketing? ¿Representantes de intereses ocultos? ¿De dónde sacaron la autoridad para hablarnos así?, se preguntan los escépticos. Ninguno de ellos, sin embargo, se cuestiona si tienen razón.
Pero hay algo mucho más fuerte que el odio de los demás, algo que realmente une a un grupo de jóvenes mujeres que están tomando las riendas de las protestas mundiales: no luchan por sí mismas, aunque sus realidades particulares las ayudaron a ver el problema. Porque ellas fueron, en todo caso, las afortunadas. Las que no se conformaron con su fortuna, las que van por la fortuna de los demás.
A dar pelea, pelea como una niña.
Greta Thunberg
Con sus 16 años Greta se convirtió en una referente en el activismo contra el cambio climático.
Su preocupación por el calentamiento global comenzó a los 8, cuando escuchó por primera vez sobre el tema en la escuela. A los 11, sumida en una depresión y diagnosticada con el síndrome de Asperger, encontró, como ella misma dijo varias veces, un sentido a su vida.
La huelga escolar que inició en 2018 y que repitió todos los viernes se trasladó al menos a 100 países con sus propios “Fridays for Future” y su voz llegó a todos los rincones del planeta. Todo el mundo la escuchó, aunque algunos oídos fueran sordos: “Dado que nuestros líderes se están comportando como niños, tendremos que asumir la responsabilidad que deberían haber tomado hace mucho tiempo”, dijo “la niña del clima”, como muchos decidieron llamarla.
Pero Greta es mucho más: es la voz de miles de niños y personas afectadas por el cambio climático, es la voz de los que vendrán.
Autumn Peltier
Tiene 15 años, pero es activista desde los 8. La joven indígena de Canadá se convirtió en abanderada de la lucha por el acceso al agua potable. Su batalla comenzó cuando advirtió que algo tan básico era un bien escaso para cientos de tribus en el país: durante las ceremonias, el agua (supuestamente potable) debía ser hervida antes de beberla.
Su voz, por lo tanto, es la voz de cientos de personas. Y también fue escuchada en diferentes oportunidades por los líderes mundiales, a quienes intenta explicar que para su pueblo (la comunidad Wikwemikongel) el tema va mucho más allá del acceso al agua limpia: “Mucha gente no cree que el agua es algo vivo o que es un espíritu. Pero mi pueblo cree que es verdad”.
Sonita Alizadeh
Logró escapar de un matrimonio forzoso a los 16 años, cuando su rap “Novias a la venta” dio la vuelta al mundo. La joven afgana tuvo una vida difícil: pudo huir, pero debió refugiarse junto a su familia en Irán, donde aprender a leer y escribir se convirtió en una tarea autodidacta. Su canción en YouTube llegó a tantos países que Sonita consiguió, a través de una ONG, una beca para estudiar en EE.UU.
Pudo salvarse, pero no se conformó. Hoy lucha para terminar con el matrimonio infantil: “Ver a mis amigas con las caras magulladas me obligó a superar mis miedos y hacer algo. No es demasiado tarde para cambiar esa tradición”.
Emma González
El discurso de Emma, sobreviviente de la masacre de San Valentín en 2018, duró 6 minutos y 20 segundos. El tiempo en este caso no es una cuestión menor: fue lo que duró el atentado que perpetró un ex alumno de la secundaria estadounidense Marjory Stoneman Douglas, a la que Emma y sus compañeros asistían.
En el ataque perdieron la vida 17 personas, pero ella sobrevivió y decidió no quedarse con ese privilegio: comenzó una lucha por el control de armas en su país. La joven de 18 años se convirtió en fundadora del grupo “Never Again”, que logró incluso el apoyo de veteranos de guerra y un aumento en la edad mínima para comprar un arma en Florida.
Sus palabras también captaron la atención mundial: “Trump, ¿cuánto cobras de la Asociación del Rifle?”.
Amika George
Comenzó su lucha contra la “pobreza del período” en 2017, cuando tenía 17 años. Su iniciativa surgió al enterarse que en su país, Reino Unido, algunas niñas no asistían a clases cuando menstruaban porque no podían comprar productos sanitarios. Esas niñas son algunas de las 1.200 millones que, en el mundo, pasan por la misma situación.
Su organización “Free periods” consiguió un gran apoyo popular y medidas concretas: el gobierno británico comenzó a financiar este año productos de higiene, para que sean de acceso gratuito en todas las escuelas del país.
Su campaña también está orientada a abandonar el tabú sobre el tema y, por lo tanto, combatir la desinformación.
Payal Jangid
Logró con su activismo un cambio importantísimo en Hinsala, su pueblo natal de la India. En 2012 creó el “Child Parliament” con el objetivo de empoderar a los niños a través de la educación. Y lo logró: decenas de jóvenes accedieron a la escuela y el matrimonio infantil fue suprimido en Hinsla.
Como Sonita, logró escapar de un casamiento arreglado cuando solo tenía 10 años, y su voz fue escuchada por líderes mundiales como Obama, que la visitó en 2015. Pero tampoco se conformó. Hoy, con 19 años, sueña con ser maestra. Aunque, podría decirse, hace mucho tiempo que empezó a enseñar.
Melati e Isabel Wijsen
“Bye Bye Plastic Bags” es una organización creada en 2013 por dos hermanas de Bali (que por entonces tenían 10 y 12 años de edad). Comenzaron poniéndose un problema al hombro: el del desastre que producen las bolsas de plástico en el medio ambiente. Y lo hicieron limpiando las playas y creando esa organización que hoy tiene representación en al menos 15 países.
Sus voces fueron escuchadas y la isla entera fue declarada libre de bolsas de plástico. Pequeño gran triunfo de pequeñas y grandes protagonistas. “Tal vez los niños solo seamos el 25% de la población mundial pero somos el 100% del futuro”.
Malala Yousafzai
Es, de todas estas activistas, la que más cerca estuvo de perder su vida por una causa: el acceso a la educación de las niñas en Pakistán y en todo el mundo.
En 2008, con tan solo 11 años, empezó a escribir un blog (con el seudónimo de Gul Makai) denunciando la prohibición de la asistencia de las niñas a la escuela impuesta por los talibán en Mingora, su ciudad natal.
Las denuncias de Malala no fueron soportadas por el régimen: en 2012 trataron de asesinarla cuando volvía de la escuela, desafiando la imposición. Aunque no lograron su cometido, los talibán amenazaron con volver a intentarlo.
Ni aun así la detuvieron. “Ahí supe que tenía dos opciones: vivir una vida callada o seguir luchando con la nueva vida que me habían dado. Lo tenía claro: continuaría con mi lucha hasta que todas las niñas pudieran ir a la escuela”.
En 2013 habló por primera vez ante los líderes mundiales y en 2014, con 17 años, se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz.
Creó un fondo de ayuda para la educación infantil y divulga su mensaje por todo el planeta. Logró estudiar en Oxford, pero no se conforma: “Solo vivimos 70 u 80 años… ¿Por qué no dedicarlos al servicio de la humanidad?”.
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