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Alberto y la urgencia de una agenda económica feminista

A lo largo de su discurso, hubo distintos fragmentos del flamante Presidente de la Nación que recibieron el aplauso enfático de todo el recinto. Sin embargo, hubo uno en especial que dejó para el final y fue celebrado especialmente por todas las mujeres que seguían la disertación dentro y fuera del Congreso de la Nación: “No quiero finalizar sin mencionar enfáticamente que en estos próximos cuatro años haré todos los esfuerzos necesarios para que estén en un primer plano los derechos de las mujeres”.

 

Prometió que buscará reducir las desigualdades de género, económicas, políticas y culturales, y que su gestión pondrá énfasis en todas las cuestiones vinculadas al cuidado, fuente de esas brechas, “ya que la mayor parte del trabajo doméstico recae sobre las mujeres en Argentina al igual que en otros países”.

 

Pero, ¿de qué habla Alberto Fernández cuando menciona las desigualdades vinculadas al cuidado y al trabajo doméstico?

 

Hace referencia a una de las principales desigualdades entre los hombres y las mujeres: el trabajo no remunerado, el del hogar y de los cuidados de familiares, que incluso, para muchas significa tener una doble jornada laboral o la imposibilidad de tener un trabajo pago de tiempo completo.

 

“La desigualdad se puede medir, una de las formas es a través de la brecha salarial, la diferencia entre lo que gana un varón y una mujer. Mayoritariamente las mujeres trabajan como empleadas domésticas, como maestras o enfermeras, trabajos muy mal pagos”, explica Mercedes D'Alessandro, economista y directora general de la organización Economía Femini(s)ta.

 

Datos aportados por Economía Femini(s)ta, en base a la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo del Indec, saca a la luz que el 72 % del empleo doméstico en Argentina es informal, es decir, no tiene aportes, ni vacaciones, ni aguinaldo; y el 97 % de quienes realizan este trabajo es mujer.

 

Además, cuando trabajan en el mercado ganan 27% menos que sus pares varones, 4 de cada 10 trabajadoras tienen un empleo precario y enfrentan tasas de desempleo más altas.

 

Entonces, ante el legado del macrismo de una inflación récord en 28 años e índices de pobreza superiores al 40% de la población, una agenda económica y política feminista es urgente, porque vivimos en un país donde las mujeres son las más pobres entre los pobres, las mujeres son las más precarizadas entre los precarizados y son las que perciben los salarios más bajos, además de que muchas de ellas deben jubilarse sin aportes.

 

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