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El capitalismo del simpático Pato

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El capitalismo del simpático Pato

Mariano Medina

No es de extrañar que desde chicos estemos envueltos en la vorágine del consumismo. Eso es lo que enseña Disney con el Pato Donald, la serie donde la rebeldía se pierde por temor a afectar las ganancias y la economía.

Donald vive aquejado por no poder pagar la última cuota de su televisor, una trama que se repite con el pasar de los capítulos de la historieta. Lo que refleja el personaje es más que una caricatura: se transforma en un medio en el que el capitalismo yanqui mantiene un control sobre las demás naciones, y muestra cómo cuando un país decide oponerse a sus intereses económicos, políticos o de cualquier otra índole, se ve perjudicado.

No importa si es un reloj o un ventilador. Todos queremos algo, el sentido del tener cobra importancia como si de ello dependiera nuestro estatus humano o personal. En los ochenta los chicos le pedían a Papá Noel una pelota o una figura de acción. La tendencia creciente marca que el regalo debe ser mínimo un videojuego de la consola de turno o el último Iphone. Para dolor de los padres.

“En el mundo Disney, lo importante es la relación que se tiene con el dinero, los personajes se mueven y actúan a través de este 'nadie ama a nadie', en cada sufrimiento el hombre está solo, no existen los gestos desinteresados”, señalaron los escritores Ariel Dorfman y Armand Mattelart, quienes criticaron duramente las imposiciones del mercado en un material infantil, que aparentemente se presenta como inocente y educativo.

La relación siempre se muestra como comercial y la moneda, su centro de “abrazo”. Lo importante es tener y por eso, quien no puede acceder al producto, lo busca de todas maneras. Como los ladrones. Inclusive, el rol de la mujer es largamente postergado. A Daisy se la observa con un rol de humilde servidora del hombre, o pato, y reina de una belleza deseada. La mujer asume un papel pasivo y de entrecasa. Es el mundo del sexo asexuado.

“Siempre se lo ha rechazado (a Disney) como propagandista del Estilo de Vida Americano. La amenaza no es ser portavoz del estilo de vida sino que lo representa en el modo que los Estados Unidos se sueña a sí mismo y de la manera en que debemos actuar y representar la realidad para que nos salvemos”, aseguran los autores de esta tesis sobre comunicación de masa y colonialismo.

Visto de este modo la voz de Donald deja de ser graciosa. Sobre todo por su relación tirante con el tacaño Tío Rico, quien lo único que hace es acumular riquezas en su bóveda. Menos mal que no vive en Argentina porque esos billetes pasarían de un Yaguareté a un Mitre en menos de cuatro meses.

 

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El capitalismo del simpático Pato

No es de extrañar que desde chicos estemos envueltos en la vorágine del consumismo. Eso es lo que enseña Disney con el Pato Donald, la serie donde la rebeldía se pierde por temor a afectar las ganancias y la economía.

Donald vive aquejado por no poder pagar la última cuota de su televisor, una trama que se repite con el pasar de los capítulos de la historieta. Lo que refleja el personaje es más que una caricatura: se transforma en un medio en el que el capitalismo yanqui mantiene un control sobre las demás naciones, y muestra cómo cuando un país decide oponerse a sus intereses económicos, políticos o de cualquier otra índole, se ve perjudicado.

No importa si es un reloj o un ventilador. Todos queremos algo, el sentido del tener cobra importancia como si de ello dependiera nuestro estatus humano o personal. En los ochenta los chicos le pedían a Papá Noel una pelota o una figura de acción. La tendencia creciente marca que el regalo debe ser mínimo un videojuego de la consola de turno o el último Iphone. Para dolor de los padres.

“En el mundo Disney, lo importante es la relación que se tiene con el dinero, los personajes se mueven y actúan a través de este 'nadie ama a nadie', en cada sufrimiento el hombre está solo, no existen los gestos desinteresados”, señalaron los escritores Ariel Dorfman y Armand Mattelart, quienes criticaron duramente las imposiciones del mercado en un material infantil, que aparentemente se presenta como inocente y educativo.

La relación siempre se muestra como comercial y la moneda, su centro de “abrazo”. Lo importante es tener y por eso, quien no puede acceder al producto, lo busca de todas maneras. Como los ladrones. Inclusive, el rol de la mujer es largamente postergado. A Daisy se la observa con un rol de humilde servidora del hombre, o pato, y reina de una belleza deseada. La mujer asume un papel pasivo y de entrecasa. Es el mundo del sexo asexuado.

“Siempre se lo ha rechazado (a Disney) como propagandista del Estilo de Vida Americano. La amenaza no es ser portavoz del estilo de vida sino que lo representa en el modo que los Estados Unidos se sueña a sí mismo y de la manera en que debemos actuar y representar la realidad para que nos salvemos”, aseguran los autores de esta tesis sobre comunicación de masa y colonialismo.

Visto de este modo la voz de Donald deja de ser graciosa. Sobre todo por su relación tirante con el tacaño Tío Rico, quien lo único que hace es acumular riquezas en su bóveda. Menos mal que no vive en Argentina porque esos billetes pasarían de un Yaguareté a un Mitre en menos de cuatro meses.

 

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