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Estrasburgo, una ciudad francesa con un espíritu alemán

Marina Rubio

En el límite de Francia con Alemania, sobre suelo francés todavía, está Alsacia. Una región que les hará dudar si aún continúan en Francia o si ya cruzaron la frontera. El mapa los ubicará, pero la arquitectura y hasta las tradiciones y la gastronomía de sus ciudades, les harán pensar que están en el país germano. Y uno de los mejores ejemplos de ello es, por supuesto, Estrasburgo, su capital.

Es quizás por esa ubicación estratégica que Estrasburgo ostenta, junto a Bruselas, el título de Capital de Europa. Lo que quiere decir que es la sede oficial de varios de los principales organismos de la Unión Europea. En ella están el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

También es portadora de otro título con un tinte mucho menos político. La llaman la capital de la Navidad, porque es dueña de uno de los mejores mercados navideños del mundo.

La forma más cómoda de llegar a Estrasburgo es en tren. En Oui SNFC, la página web oficial de la red ferroviaria francesa, podrán comprar los pasajes para viajar en micro o en tren hasta Alsacia no sólo desde Francia sino también desde países limítrofes. Un boleto desde París, por ejemplo, hoy cuesta, en el mejor y más excepcional de los casos, 16 euros, pero puede llegar a valer hasta 115.

Si eligen esa opción, una vez en la estación Gare de Strasbourg tómense unos minutos para contemplarla. Su fachada está cubierta por un soberbio pabellón de cristal curvado, que le da el aspecto de una suerte de nave espacial.

Para ver los atractivos de la ciudad no necesitarán ni trasporte público ni mapas. Sus mayores puntos de interés están próximos unos de otros. A ocho minutos a pie de la estación encontrarán el primero y más famoso: La Petite France, con sus casas de entramado de madera, costeando los canales del río Rhin.

Otro imprescindible es la catedral de Notre Dame, una joya del arte gótico que hace diez días sufrió un incendio y gran parte de su estructura quedó dañada. Con su torre de 142 metros fue durante dos siglos la más alta del mundo. Dentro hallarán su renombrado reloj astronómico. Junto al templo podrán apreciar el Palacio Rohan y, sin marcharse de la plaza de la catedral, verán también la Casa Kammerzell, uno de los edificios medievales mejor conservado de la arquitectura gótica.

Es probable que poco antes de llegar allí se crucen con una estatua de Johannes Gutenberg, si es así estarán en la plaza del inventor de la imprenta, quien vivió un tiempo en la capital alsaciana.

Pero no pueden irse de Estrasburgo sin dar una vuelta por su plaza principal, la de Kléber, donde ocurren las protestas y celebraciones.

 

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Estrasburgo, una ciudad francesa con un espíritu alemán

En el límite de Francia con Alemania, sobre suelo francés todavía, está Alsacia. Una región que les hará dudar si aún continúan en Francia o si ya cruzaron la frontera. El mapa los ubicará, pero la arquitectura y hasta las tradiciones y la gastronomía de sus ciudades, les harán pensar que están en el país germano. Y uno de los mejores ejemplos de ello es, por supuesto, Estrasburgo, su capital.

Es quizás por esa ubicación estratégica que Estrasburgo ostenta, junto a Bruselas, el título de Capital de Europa. Lo que quiere decir que es la sede oficial de varios de los principales organismos de la Unión Europea. En ella están el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

También es portadora de otro título con un tinte mucho menos político. La llaman la capital de la Navidad, porque es dueña de uno de los mejores mercados navideños del mundo.

La forma más cómoda de llegar a Estrasburgo es en tren. En Oui SNFC, la página web oficial de la red ferroviaria francesa, podrán comprar los pasajes para viajar en micro o en tren hasta Alsacia no sólo desde Francia sino también desde países limítrofes. Un boleto desde París, por ejemplo, hoy cuesta, en el mejor y más excepcional de los casos, 16 euros, pero puede llegar a valer hasta 115.

Si eligen esa opción, una vez en la estación Gare de Strasbourg tómense unos minutos para contemplarla. Su fachada está cubierta por un soberbio pabellón de cristal curvado, que le da el aspecto de una suerte de nave espacial.

Para ver los atractivos de la ciudad no necesitarán ni trasporte público ni mapas. Sus mayores puntos de interés están próximos unos de otros. A ocho minutos a pie de la estación encontrarán el primero y más famoso: La Petite France, con sus casas de entramado de madera, costeando los canales del río Rhin.

Otro imprescindible es la catedral de Notre Dame, una joya del arte gótico que hace diez días sufrió un incendio y gran parte de su estructura quedó dañada. Con su torre de 142 metros fue durante dos siglos la más alta del mundo. Dentro hallarán su renombrado reloj astronómico. Junto al templo podrán apreciar el Palacio Rohan y, sin marcharse de la plaza de la catedral, verán también la Casa Kammerzell, uno de los edificios medievales mejor conservado de la arquitectura gótica.

Es probable que poco antes de llegar allí se crucen con una estatua de Johannes Gutenberg, si es así estarán en la plaza del inventor de la imprenta, quien vivió un tiempo en la capital alsaciana.

Pero no pueden irse de Estrasburgo sin dar una vuelta por su plaza principal, la de Kléber, donde ocurren las protestas y celebraciones.

 

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