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Encarcelaron a un estafador que prometía adjudicar viviendas sociales

Se hacía pasar por un empleado de la Secretaría de Vivienda y exigía pagos para iniciar presuntas transferencias de titularidad. Cuando lo denunciaron amenazó a varias víctimas.

Vendía viviendas que nunca entregó y ahora la Justicia determinó que su nueva casa sea el Servicio Penitenciario Provincial. Este miércoles, el juez Penal 1, Marcos Flores Leyes, dispuso procesar y encarcelar a Adrián Carmelo Mallimace por el delito de “estafas reiteradas en concurso real”, por nueve hechos.

Nueve víctimas acusaron a Mallimace, de 36 años, de hacerse pasar por un trabajador de la Secretaría de Vivienda para ofrecerles carpetas de casas del Gobierno, supuestamente, desadjudicadas. Para iniciar los trámites de adjudicación, cada uno le dio una suma inicial de veinte mil pesos, declararon.

Las víctimas solo mantenían contacto con el presunto estafador a través de llamadas, mensajes de texto y audios de WhatsApp. La mayoría había llegado a contactarlo gracias a un empleado del comercio “Lubricofi”, un hombre identificado como José Ramón Loyato.

Ese hombre, en una declaración informativa, dijo que su esposa trabajaba en el sanatorio Ramos Mejía y que allí conoció a su compañera Gimena Alaniz, quien le habría contado que Mallimace, su novio, trabajaba en Viviendas y que vendía carpetas que habían sido desadjudicadas a otras personas. Y que para acceder a una de ellas solo debían entregarle veinte mil pesos y esperar a que finalizaran los trámites de adjudicación.

La mujer le comentó a Loyato sobre esas venta, sacó un préstamo y le entregó el dinero a Alaniz en el sanatorio. Al tiempo, tras insistirle para saber cómo iba todo, Alaniz le dijo se había separado de Mallimace y que por lo de la venta se comunicara con él.

Cuando Loyato empezó a hablar con Mallimace comenzaron las excusas por la demora en la entrega. No obstante, la víctima comenzó a comentarles el supuesto “negocio” a sus compañeros de trabajo, a la hija de su jefe y a otros conocidos y de a poco cada uno fue cayendo en la misma trampa.

Las víctimas coincidieron en sus denuncias en que Mallimace les envió un cadete, al que algunos reconocen como “Paulo” y otros, como “Pablo”, para retirar el dinero pactado como parte de pago. Más de uno aseguró que era un primo del estafador.

Tras recibir el dinero y pasar los días, Mallimace les decía que la ministra no había firmado los documentos, que el Gobernador no había firmado, que estaban entregando viviendas en el interior o que las carpetas que les había ofrecido ya no estaban disponibles.

A cambio les ofrecía una mejor vivienda. Pero para ello les pedía treinta mil pesos más. Algunos de los compradores hasta pidieron préstamos para entregarle esa suma que era nuevamente retirada por el mismo cadete. Pero las novedades de esas supuestas viviendas seguían sin aparecer. Es ahí que las víctimas comenzaron a escracharlo en las redes sociales y a denunciarlo.

No se explican cómo, pero aseguran que el estafador se enteraba de las denuncias y comenzaba a amenazarlos diciéndoles que tenía contactos en la Policía y en el Poder Judicial, y que retiraran las denuncias porque no les devolvería el dinero.

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Encarcelaron a un estafador que prometía adjudicar viviendas sociales

Se hacía pasar por un empleado de la Secretaría de Vivienda y exigía pagos para iniciar presuntas transferencias de titularidad. Cuando lo denunciaron amenazó a varias víctimas.

Mallimace la tarde de este miércoles, en la Jefatura Central, ultimando detalles para marchar al penal. Foto: Policía de San Luis.

Vendía viviendas que nunca entregó y ahora la Justicia determinó que su nueva casa sea el Servicio Penitenciario Provincial. Este miércoles, el juez Penal 1, Marcos Flores Leyes, dispuso procesar y encarcelar a Adrián Carmelo Mallimace por el delito de “estafas reiteradas en concurso real”, por nueve hechos.

Nueve víctimas acusaron a Mallimace, de 36 años, de hacerse pasar por un trabajador de la Secretaría de Vivienda para ofrecerles carpetas de casas del Gobierno, supuestamente, desadjudicadas. Para iniciar los trámites de adjudicación, cada uno le dio una suma inicial de veinte mil pesos, declararon.

Las víctimas solo mantenían contacto con el presunto estafador a través de llamadas, mensajes de texto y audios de WhatsApp. La mayoría había llegado a contactarlo gracias a un empleado del comercio “Lubricofi”, un hombre identificado como José Ramón Loyato.

Ese hombre, en una declaración informativa, dijo que su esposa trabajaba en el sanatorio Ramos Mejía y que allí conoció a su compañera Gimena Alaniz, quien le habría contado que Mallimace, su novio, trabajaba en Viviendas y que vendía carpetas que habían sido desadjudicadas a otras personas. Y que para acceder a una de ellas solo debían entregarle veinte mil pesos y esperar a que finalizaran los trámites de adjudicación.

La mujer le comentó a Loyato sobre esas venta, sacó un préstamo y le entregó el dinero a Alaniz en el sanatorio. Al tiempo, tras insistirle para saber cómo iba todo, Alaniz le dijo se había separado de Mallimace y que por lo de la venta se comunicara con él.

Cuando Loyato empezó a hablar con Mallimace comenzaron las excusas por la demora en la entrega. No obstante, la víctima comenzó a comentarles el supuesto “negocio” a sus compañeros de trabajo, a la hija de su jefe y a otros conocidos y de a poco cada uno fue cayendo en la misma trampa.

Las víctimas coincidieron en sus denuncias en que Mallimace les envió un cadete, al que algunos reconocen como “Paulo” y otros, como “Pablo”, para retirar el dinero pactado como parte de pago. Más de uno aseguró que era un primo del estafador.

Tras recibir el dinero y pasar los días, Mallimace les decía que la ministra no había firmado los documentos, que el Gobernador no había firmado, que estaban entregando viviendas en el interior o que las carpetas que les había ofrecido ya no estaban disponibles.

A cambio les ofrecía una mejor vivienda. Pero para ello les pedía treinta mil pesos más. Algunos de los compradores hasta pidieron préstamos para entregarle esa suma que era nuevamente retirada por el mismo cadete. Pero las novedades de esas supuestas viviendas seguían sin aparecer. Es ahí que las víctimas comenzaron a escracharlo en las redes sociales y a denunciarlo.

No se explican cómo, pero aseguran que el estafador se enteraba de las denuncias y comenzaba a amenazarlos diciéndoles que tenía contactos en la Policía y en el Poder Judicial, y que retiraran las denuncias porque no les devolvería el dinero.

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