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Historia de mujeres

Florencia Espinosa

La serie, que el jueves estrenó su última temporada fue un recorrido que, además de historias de amor, relató las luchas femeninas en el Madrid de los años 20.

Las series de época son un recurso infalible para Netflix. Los culebrones españoles ambientados a principio del siglo pasado tienen un gran público y se pudo comprobar con el éxito de "Gran hotel", "Velvet", "El tiempo entre costuras", "Alta mar" y la joyita de la plataforma de streaming: "Las chicas del cable". La serie fue la primera producción española de Netflix y se estrenó en abril de 2017. La historia de las mujeres que trabajan en la compañía de teléfono de Madrid llegará a su fin este año y con él la culminación de un recorrido que arrancó a principios de los años 20 y llega hasta la Guerra Civil española. El hilo conductor es la mirada femenina y los vaivenes que debían atravesar en esa época las mujeres, con pocos derechos y muchas ganas de lucha.

El jueves lanzaron la primera parte de la quinta y última temporada, que consta de cuatro capítulos, y en el transcurso del 2020 estrenarán la segunda tanda. Según los avances y lo que dejó la cuarta entrega, las “chicas del cable” se vuelven a unir durante la guerra civil española, entre 1936 y 1939, ya que la hija de una de las protagonistas (Maggie Civantos, cuyo personaje fallece en el final de la cuarta temporada) aparentemente se encontraría en problemas y recurre a las amigas de su madre. Blanca Suárez, Ana Fernández, Ana Polvorosa y Nadia de Santiago, son las actrices que se ponen en la piel de Lidia, Carlota, Oscar y Magda.

En el primer capítulo de la temporada 1, ambientada a fines de los años 20, la historia se presentó como otro programa que seguía la misma lógica de las producciones españolas: una historia de amor que se lleva a cabo dentro de un gran edificio que sirve como marco y sostén de toda la trama, ya sea un hotel, una galería de moda, un crucero transatlántico o una empresa de comunicaciones. Pero esta vez agregaron un condimento extra que sirvió como imán y le permitió anclarse en los tiempos que corren a la perfección. La serie abordó temáticas impensadas para esa época y que incluso no se ven frecuentemente en la pantalla chica. “Me parece que es una serie que deberíamos ver todes, porque nos lleva a otro contexto, a otra sociedad, a otro tiempo de la historia; pero al mismo tiempo sentimos que estamos en el presente; estas cosas sucedían y sucedieron siempre pero se vivieron de una manera silenciada, a diferencia de hoy donde se escuchan todas las voces. Esto es lo que celebro y en lo que trabajo”, comentó Grisel Polacchi, secretaria de la Mujer de la municipalidad de Villa Mercedes y reconocida actriz de la provincia.

 

 

En los primeros capítulos cada protagonista incluyó en su personaje algún rasgo que permitió a los espectadores conocer la situación de las mujeres en aquella época, y denotó una clara intención de interpelar al público con estas historias. “Lo que me pareció interesante es cómo hablan de las desigualdades, bien claras y bien marcadas, especialmente en el mundo laboral, donde las mujeres eran relegadas y todo el trabajo valioso que realizaban no estaba considerado”, destacó Polacchi.

Algunas de las cosas más impactantes de la primera temporada es la violencia de género que vive Ángeles (Maggie Civantos) en manos de su marido. A pesar de que ella trabajaba, algo extraño en esos tiempos para una mujer casada y con una hija, su pareja ejercía violencia de todo tipo y la amenazaba con que no la dejaría ver a su hija si se separaban. Las escenas tienen mucha crudeza e impactan por la forma en que el hombre se maneja a través de la violencia, con total impunidad, con golpes que dejaron a Ángeles internada y la hicieron perder un embarazo. Finalmente, el destino de Mario no es el mejor y la mujer logra liberarse de esa opresión.

 

 

Una violencia de género similar se ve en el personaje de Carlota, quien tiene un padre totalmente autoritario que decide sobre la vida de ella y su madre. Carlota es la más activa y militante de las cuatro mujeres protagonistas y por momentos es quien lleva adelante las escenas más combativas. En las primeras temporadas el personaje milita en agrupaciones de tinte anarquista que aspiran a lograr derechos civiles y laborales para las mujeres. Gracias a eso tiene un acercamiento con Sara, su compañera en la compañía de teléfonos, quien luego terminará animándose a mostrarse tal cual se siente y tomará la identidad de Oscar, un varón trans. Allí la trama incorpora una temática que apareció hace pocos años en la pantalla chica. Además, la pareja integra un triángulo amoroso con quien era el novio de Carlota e incluyen así el concepto de poliamor y la posibilidad de vivir la sexualidad plenamente en una época tan conservadora.

Si bien la historia principal gira en torno a la trama amorosa de Lidia, Francisco y Carlos (el amor de su vida y el nuevo hombre que la conquistó, respectivamente), la impronta feminista la deja en segundo plano. Polacchi considera que la sororidad que se percibe en la historia es un punto central: “Me emocionó mucho, sentí que era una hermandad, eran mujeres que se entendían, se escuchaban, se acompañaban y fortalecían. Esto sirve y nos debería servir para ser sororas unas con otras, fortalecernos; y porque creo que juntas vamos a lograr grandes cosas. Celebro esto y espero que lleguen muchas series con estos contenidos”.

 

 

Los derechos civiles femeninos estaban en auge y la participación política tiene un papel fundamental en la historia de ficción. En la cuarta temporada Carlota está a punto de iniciar una carrera política, como candidata a alcalde. Era la favorita y las encuestas la posicionaban muy bien. Sería la primera alcalde mujer y además podría impulsar desde allí los derechos que tanto pregonaba. Pero su oponente la intimida con unas fotos privadas donde se la ve junto a Oscar, su pareja trans, y eso hace que decida declinar su candidatura. Una oportunidad que debió dejar de lado por los fuertes mandatos de ese momento.

En “Las chicas del cable” la temática estuvo desde el principio, pero cada personaje creció de una manera exponencial a lo largo de los capítulos y los temas fueron profundizándose cada vez más. Hoy las producciones cinematográficas no son ajenas a los tiempos que corren e incorporan mensajes que tienen que ver con la lucha por los derechos para mujeres y disidencias. “La industria cinematográfica y todas las producciones audiovisuales están poniendo a la luz y visibilizando todo lo que está sucediendo en las distintas sociedades. Hablan de diversidad, de reivindicar la igualdad de género, las identidades sexuales, todo lo que tiene que ver con los contenidos LGBT están presentes hoy en series y películas. Esto lo celebro porque no solamente refleja el cambio de paradigma que están viviendo las nuevas generaciones, sino también porque muestra que realmente el arte es una herramienta para transformar las sociedades y está cumpliendo su función, nos enseña, nos educa, nos permite ver realidades distintas”, explicó Polacchi.

 

 

Además destacó otras series con una mirada inclusiva, como "Sex Education", a la que describió como un cuadernillo de información sobre ESI y sobre los jóvenes, para poder entender qué les pasa y cómo viven el despertar sexual; o "Aj de Queen", en donde se trata la diversidad sexual. “También la serie Pose, donde es muy interesante cómo se plantea la discriminación sexual. Habla de la prostitución, del cambio de sexo y de la exclusión del hogar que viven los jóvenes cuando deciden seguir delante de acuerdo a la decisión de su sexualidad y qué le pasa a las familias en esta situación”, agregó.

Por lo pronto el final de "Las Chicas del Cable" ya está a la vuelta de la esquina y, con él, el punto de llegada de un recorrido que mezcló realidad con ficción y que puso la mirada femenina en primer plano.

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Historia de mujeres

La serie, que el jueves estrenó su última temporada fue un recorrido que, además de historias de amor, relató las luchas femeninas en el Madrid de los años 20.

Fotos: Internet.

Las series de época son un recurso infalible para Netflix. Los culebrones españoles ambientados a principio del siglo pasado tienen un gran público y se pudo comprobar con el éxito de "Gran hotel", "Velvet", "El tiempo entre costuras", "Alta mar" y la joyita de la plataforma de streaming: "Las chicas del cable". La serie fue la primera producción española de Netflix y se estrenó en abril de 2017. La historia de las mujeres que trabajan en la compañía de teléfono de Madrid llegará a su fin este año y con él la culminación de un recorrido que arrancó a principios de los años 20 y llega hasta la Guerra Civil española. El hilo conductor es la mirada femenina y los vaivenes que debían atravesar en esa época las mujeres, con pocos derechos y muchas ganas de lucha.

El jueves lanzaron la primera parte de la quinta y última temporada, que consta de cuatro capítulos, y en el transcurso del 2020 estrenarán la segunda tanda. Según los avances y lo que dejó la cuarta entrega, las “chicas del cable” se vuelven a unir durante la guerra civil española, entre 1936 y 1939, ya que la hija de una de las protagonistas (Maggie Civantos, cuyo personaje fallece en el final de la cuarta temporada) aparentemente se encontraría en problemas y recurre a las amigas de su madre. Blanca Suárez, Ana Fernández, Ana Polvorosa y Nadia de Santiago, son las actrices que se ponen en la piel de Lidia, Carlota, Oscar y Magda.

En el primer capítulo de la temporada 1, ambientada a fines de los años 20, la historia se presentó como otro programa que seguía la misma lógica de las producciones españolas: una historia de amor que se lleva a cabo dentro de un gran edificio que sirve como marco y sostén de toda la trama, ya sea un hotel, una galería de moda, un crucero transatlántico o una empresa de comunicaciones. Pero esta vez agregaron un condimento extra que sirvió como imán y le permitió anclarse en los tiempos que corren a la perfección. La serie abordó temáticas impensadas para esa época y que incluso no se ven frecuentemente en la pantalla chica. “Me parece que es una serie que deberíamos ver todes, porque nos lleva a otro contexto, a otra sociedad, a otro tiempo de la historia; pero al mismo tiempo sentimos que estamos en el presente; estas cosas sucedían y sucedieron siempre pero se vivieron de una manera silenciada, a diferencia de hoy donde se escuchan todas las voces. Esto es lo que celebro y en lo que trabajo”, comentó Grisel Polacchi, secretaria de la Mujer de la municipalidad de Villa Mercedes y reconocida actriz de la provincia.

 

 

En los primeros capítulos cada protagonista incluyó en su personaje algún rasgo que permitió a los espectadores conocer la situación de las mujeres en aquella época, y denotó una clara intención de interpelar al público con estas historias. “Lo que me pareció interesante es cómo hablan de las desigualdades, bien claras y bien marcadas, especialmente en el mundo laboral, donde las mujeres eran relegadas y todo el trabajo valioso que realizaban no estaba considerado”, destacó Polacchi.

Algunas de las cosas más impactantes de la primera temporada es la violencia de género que vive Ángeles (Maggie Civantos) en manos de su marido. A pesar de que ella trabajaba, algo extraño en esos tiempos para una mujer casada y con una hija, su pareja ejercía violencia de todo tipo y la amenazaba con que no la dejaría ver a su hija si se separaban. Las escenas tienen mucha crudeza e impactan por la forma en que el hombre se maneja a través de la violencia, con total impunidad, con golpes que dejaron a Ángeles internada y la hicieron perder un embarazo. Finalmente, el destino de Mario no es el mejor y la mujer logra liberarse de esa opresión.

 

 

Una violencia de género similar se ve en el personaje de Carlota, quien tiene un padre totalmente autoritario que decide sobre la vida de ella y su madre. Carlota es la más activa y militante de las cuatro mujeres protagonistas y por momentos es quien lleva adelante las escenas más combativas. En las primeras temporadas el personaje milita en agrupaciones de tinte anarquista que aspiran a lograr derechos civiles y laborales para las mujeres. Gracias a eso tiene un acercamiento con Sara, su compañera en la compañía de teléfonos, quien luego terminará animándose a mostrarse tal cual se siente y tomará la identidad de Oscar, un varón trans. Allí la trama incorpora una temática que apareció hace pocos años en la pantalla chica. Además, la pareja integra un triángulo amoroso con quien era el novio de Carlota e incluyen así el concepto de poliamor y la posibilidad de vivir la sexualidad plenamente en una época tan conservadora.

Si bien la historia principal gira en torno a la trama amorosa de Lidia, Francisco y Carlos (el amor de su vida y el nuevo hombre que la conquistó, respectivamente), la impronta feminista la deja en segundo plano. Polacchi considera que la sororidad que se percibe en la historia es un punto central: “Me emocionó mucho, sentí que era una hermandad, eran mujeres que se entendían, se escuchaban, se acompañaban y fortalecían. Esto sirve y nos debería servir para ser sororas unas con otras, fortalecernos; y porque creo que juntas vamos a lograr grandes cosas. Celebro esto y espero que lleguen muchas series con estos contenidos”.

 

 

Los derechos civiles femeninos estaban en auge y la participación política tiene un papel fundamental en la historia de ficción. En la cuarta temporada Carlota está a punto de iniciar una carrera política, como candidata a alcalde. Era la favorita y las encuestas la posicionaban muy bien. Sería la primera alcalde mujer y además podría impulsar desde allí los derechos que tanto pregonaba. Pero su oponente la intimida con unas fotos privadas donde se la ve junto a Oscar, su pareja trans, y eso hace que decida declinar su candidatura. Una oportunidad que debió dejar de lado por los fuertes mandatos de ese momento.

En “Las chicas del cable” la temática estuvo desde el principio, pero cada personaje creció de una manera exponencial a lo largo de los capítulos y los temas fueron profundizándose cada vez más. Hoy las producciones cinematográficas no son ajenas a los tiempos que corren e incorporan mensajes que tienen que ver con la lucha por los derechos para mujeres y disidencias. “La industria cinematográfica y todas las producciones audiovisuales están poniendo a la luz y visibilizando todo lo que está sucediendo en las distintas sociedades. Hablan de diversidad, de reivindicar la igualdad de género, las identidades sexuales, todo lo que tiene que ver con los contenidos LGBT están presentes hoy en series y películas. Esto lo celebro porque no solamente refleja el cambio de paradigma que están viviendo las nuevas generaciones, sino también porque muestra que realmente el arte es una herramienta para transformar las sociedades y está cumpliendo su función, nos enseña, nos educa, nos permite ver realidades distintas”, explicó Polacchi.

 

 

Además destacó otras series con una mirada inclusiva, como "Sex Education", a la que describió como un cuadernillo de información sobre ESI y sobre los jóvenes, para poder entender qué les pasa y cómo viven el despertar sexual; o "Aj de Queen", en donde se trata la diversidad sexual. “También la serie Pose, donde es muy interesante cómo se plantea la discriminación sexual. Habla de la prostitución, del cambio de sexo y de la exclusión del hogar que viven los jóvenes cuando deciden seguir delante de acuerdo a la decisión de su sexualidad y qué le pasa a las familias en esta situación”, agregó.

Por lo pronto el final de "Las Chicas del Cable" ya está a la vuelta de la esquina y, con él, el punto de llegada de un recorrido que mezcló realidad con ficción y que puso la mirada femenina en primer plano.

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