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La verdadera honestidad brutal de un artista transparente

Por Miguel Garro
| 15 de junio de 2020
Pau en la presentación de "50 palos", su disco de reversiones de 2017.

Como muchos viajantes a Cuba, Pau Donés quedó flechado con la figura escuálida y la vida permisiva de una mulata que tomaba cerveza y no engordaba. Tal vez le haya robado un beso bajo el calor de La Habana, tal vez haya sucedido algo más a juzgar por —como dice la canción— la mojadura de las sábanas blancas. Lo seguro es que de aquella experiencia quedó “La flaca”, el tema que le abriría al líder de Jarabe de Palo las puertas del mercado latino.

Esa obra, en la que el rock español recordó las caricias de las vertientes centroamericanas, bautizó el primer disco del grupo, en 1996, y le mostró al mundo un artista que, aun con sus limitaciones, estaba dispuesto a mostrar sus sentimientos en cada palabra, en cada gesto. Fulminado por una cubana, enamorado de una catalana, rechazado por alguna sin corazón y enfermo de un cáncer que lo transformó en un fantasma de cien libras de piel y hueso. También observador de un mundo bonito, dispuesto a luchar contra un mal que no tiene jarabe ni de palo ni de nada que lo haga retroceder.

Para encontrar la raíz de esa poética simple, casi de slogan, que Donés alimentó disco tras disco, hay que bucear en su trabajo como agente publicitario. Fue esa labor la que le permitió rellenar las melodías de letras que apuntaron a un mensaje tan claro y directo. Saben los publicistas que un lenguaje llano, exento de imágenes encriptadas, tiene el poder de estar al alcance de todos. A veces, no es tan fácil escribir sencillo. Y menos en canciones. 

Tan ligado a la publicidad estaba el compositor en los inicios de su carrera, que propuso “La flaca” para musicalizar un comercial de los cigarrillos “Ducados” en su agencia: quedó, la canción explotó y el resto es historia conocida. 

Pero Donés (honesto a tal punto de no esconder nada de información sobre un hecho tan íntimo y personal como la enfermedad y sus consecuencias), no estaba dispuesto a reducir su carrera a un simple megahit. De hecho, en el primer disco también incluyó otros temas que marcarían su obra como “El lado oscuro”, “Grita”, “El bosque de palo” y el iniciático “Quiero ser poeta”, en donde revelaba sus intenciones artísticas.

El segundo golpe de efecto vendría con “Depende”, un disco que apareció en la resaca del éxito y redobló la apuesta con el hit optimista del título, la balada sensorial de “Agua” y algunas otras canciones con el sello directo, intuitivo y siempre jovial. 
Hay una compulsión natural en los seres humanos de escuchar las canciones del muerto reciente. De silbarlas mientras se arregla una puerta en la cuarentena o de mandarlas por WhatsApp para recordar un momento especial o medir las probabilidades de alguna intención oculta. Esta semana le tocó a Donés y se (re)descubrió a un artista sensible que hasta se animó a cantarle a la muerte y a la vida cara a cara en “Humo”, una de las canciones más emocionantes de su carrera, compuesta cuando se creía recuperado.

Pero que también supo quitarse el edulcorante amoroso en “Romeo y Julieta”, una canción en la que declaró que los personajes de la tragedia de William Shakespeare (íconos universales del amor eterno) no son de este planeta; o en “Frío”, una balada de desamor en donde niega la existencia de San Valentín.

Como con todos los artistas que se despojan de sus vestiduras y son capaces de exponerse en carne cruda y roja, quedarse con la porción difundida de sus canciones sería un error que impediría ver el costado más agudo del hombre que se dedica al arte, el que es más difícil de conocer. 

Pasará con Donés que una de las canciones con que más se lo recuerde sea “Eso que tú me das”, la última, que presentó con un videoclip en el que se lo ve visiblemente disminuido físicamente por el avance de la enfermedad. Es una alegoría a la amistad que, con un tono naif quizá acentuado por la cercanía de su final inminente, dice recordar, valorar y estar agradecido por la ayuda de una persona muy cercana. Es un buen tema para mandar un domingo a la mañana a un amigo que probablemente esté durmiendo. No habría que dejarlo para otro momento. Puede que el tiempo se agote antes de lo previsto. 

 

 

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