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"Nadie debería reírse de lo que nos duele", Brenda Mato

La referente Body Positive opina sobre los falsos activismos corporales, el humor gordofóbico y la "obligatoriedad" de la belleza hegemónica como discurso que afecta y determina a las niñeces y las adolescencias.

Por Gabriela Pereyra
| 25 de julio de 2020
Brenda Mato, modelo Plus Size. Encontró en el activismo corporal un espacio de lucha y visibilización. Foto: internet.

Brenda Mato es una de las referentes de Argentina que promueve el activismo Body Positive. Un movimiento feminista que busca la aceptación positiva de los cuerpos, mirada que se contrapone a los cuerpos hegemónicos inscriptos en una belleza impuesta como única y obligatoria. Belleza que se enmarca en cuerpos delgados que definen como normal lo que acerca a esos estereotipos, y expulsa de esa construcción todo lo demás. Desde sus redes, Brenda se presenta como Modelo Plus Size y hoy se identifica desde su historia personal. “Me definen mis acciones, mis búsquedas, las personas con las que me rodeo, está mucho más lejos de lo que es mi cuerpo, mi cuerpo es una parte maravillosa de lo que soy, pero no es lo que soy, lo que me define va mucho más allá”.

 

Para Mato, el activismo corporal va cambiando de persona a persona, cada una atravesada por sus luchas. No se trata de victimizarse, sino de hacer entender cómo es su vida a diario. “El activismo lo que busca es cuestionar todo esto que nos enseñaron y nos dijeron que teníamos que ser, dejar de ser tratados como personas de segunda, como cuerpos en transición. Para el afuera se entiende que para las personas gordas, nuestro mayor deseo es adelgazar como única meta, algo que quita toda posibilidad de ser algo más. El activismo viene a decir: soy una persona más allá de mi cuerpo, existo, esta es mi forma de existir y necesitamos hacernos visibles, obtener el mismo respeto que otras personas. Hemos pasado por un tipo de violencia sistemática y hacemos que se vea y le ponemos un nombre, para poder cambiarla, porque si no lo podemos ver, no lo podemos cambiar”. Los activistas buscan ayudar a otros para que entiendan que lo que les pasa no es un problema solo de ellos, ni de sus cuerpos. “No hay amor propio que nos saque de esto, esto es netamente colectivo, nos atraviesa a todos y tenemos que luchar contra lo que nos está oprimiendo”.

 

 

Trampas del falso activismo

 

Brenda reflexiona sobre los peligros de caer en un falso activismo, como si fuera una moda que entiende que esto es lo que por ahora funciona y vende. Le preocupa que quienes navegan en la superficialidad del movimiento, aun con buenas intenciones, no entiendan el fin que se persigue.

 

“No todo lo que tiene que ver con el activismo corporal es simplemente subir una foto en tanga a Instagram y decir: ¡Ay, mirá, yo tengo celulitis, pero me amo igual!, porque al final lo que me está diciendo es que así diosa como me ves, en realidad yo soy tan fea como vos, así que amate igual. ¡No!, no va por ahí. Hay muchas que, si mirás un mes atrás sus posteos, estaban dando clases de cómo sacar abdominales, y de un día para otro empezaron a hacer videos donde se aprietan el culo y muestran la celulitis. No soy quién para salir con el dedo acusador, pero hay cosas de las que me permito dudar y me hacen ruido”. Propone que si alguien quiere apoyar un movimiento y entender una denuncia, escuche a las personas que venían luchando y también que se instruyan. Resalta que ser comunicadores conlleva una responsabilidad y compromiso.

 

“Hay un montón de gente mirando y observando lo que hacemos, y que incluso muchas veces nos toman como ejemplo, entonces es importante pensar qué nos quiere decir una mujer que encarna todo lo que tiene que ver con el estereotipo impuesto y me viene a decir: ¡yo soy igual que vos, mientras en el posteo siguiente me vende una estética y después hace un sorteo de ropa...”.

 

 

No hace gracia

 

La pandemia de coronavirus incrementó discursos funcionales a los requisitos socioculturales impuestos sobre la apariencia física. Si bien el chiste y la burla en ocasiones son interpretados por las Ciencias Sociales como mecanismos para reducir tensión, estrés o angustia, también operan como síntomas de otros malestares. A medida que transcurrían los días de encierro las humoradas “cuerpos odiantes” no faltaron.

 

“Nos hicieron creer que nos podemos reír de las cosas que nos duelen y las podemos sanar, y eso es una gran mentira, porque cada vez que te reís de algo que te duele lo volvés a revivir, nadie debería reír de lo que nos duele, o sea, es mucho más profundo. De esto hay que hablar y no normalizarlo, ese dolor, eso que nos lastima, sigue ahí. Esto habla mucho de lo que somos, de lo que naturalizamos y de lo que hacemos. No se trata de sentido del humor, porque si fuera eso paso de página y listo, no me quedo sintiéndome mal, pensando que hay un montón de gente riéndose de un cuerpo como el mío, y que lo que preocupa en realidad es parecerse a mí después de la pandemia”, fundamenta Brenda. Invita a hacerse cargo de lo que se dice y a asumir responsabilidades. Luego reflexiona sobre la necesidad de analizar el contexto que se atraviesa, que es una pandemia que implica otras consecuencias de verdad importantes, como la pérdida de trabajo, el distanciamiento con seres queridos, pensar en la gente hoy no está comiendo, pensar en las muertes, y entonces, ante todo esto, opina que no debiera ser transcendental subir un poco de peso. “¿Encima me pego 800 mil latigazos porque hoy no tenía nada para hacer y me puse a amasar pan casero?, ¿ahora me voy a ‘morir’ porque no me voy a agarrar coronavirus, pero voy a ser gordo? Y… ¿la verdad?: en ningún caso ser gordo es peor que morir, aunque pareciera que nos quieren vender eso”, dice con cierta indignación.

 

 

Correr el foco

 

La activista considera significativo empezar a correr el foco hacia lo que realmente importa. Pensar con las niñeces y las adolescencias estos sentidos de “belleza”. Que la belleza no es una, sino que cada quien puede descubrir las suyas. Pero sobre todo considera grave convencerlos de la “obligatoriedad de la belleza” porque es condenarlos a que el futuro es uno solo. “Me parece que si sacamos esa presión que pone todo el foco en su exterior y empezamos a hablar de sus intereses, de sus gustos, de su intelecto, y de sus capacidades, vamos a encontrarnos con otro tipo de cuestiones y darnos cuenta de que son mucho más capaces y pueden hacer más cosas de las que creíamos”. También correr el foco y no perder tiempo precioso para acomodarse a cómo nos tienen que ver, y a cómo esperan los demás que nos veamos. “Debemos preocuparnos por educar humanos que sean empáticos, que tengan conciencia, que entiendan la diversidad, que la comprendan, que la acepten, y dejar de enseñar que en la vida todo es una competencia y que solamente van a ganar ‘los lindos’”.

 

Mato afirma que estas construcciones y sesgos vienen desde los adultos encargados de las niñeces. Vienen también de lo que se consume, desde la información tomada como absoluta, los mensajes en los medios, las publicidades. Toda una discursividad que, con mayor o menor intencionalidad, termina lastimando desde una imagen previamente distorsionada que “devuelven” esos espejos. “A veces un comentario que las madres hacen de sus cuerpos frente al espejo, las niñeces y adolescencias lo ven y lo toman, es posible que lo incorporen de forma automática, incluso hay muchas casas y muchas mamás que queriendo cuidar a sus hijos, los meten a dietas y temas de nutrición, sin entender que muchas veces son cosas del desarrollo. Es muy preocupante que los adultos encargados de educar a estas generaciones les estemos inculcando este tipo de información, que tal vez dañe mucho más que esa supuesta salud física que tanto nos preocupa”, concluye Brenda Mato.

 

 

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