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Exportación y clima definirán los resultados del ciclo ganadero

La faena de hembras fue en paulatino descenso, con la tendencia de desprenderse de los animales más entrados en años y menos productivos. En 2020 está 2% abajo de 2019.

Por redacción
| 27 de septiembre de 2020

Por segundo mes consecutivo, la faena bovina resultó inferior a la del año pasado mientras que, durante los primeros seis meses del año, aún atravesado por la pandemia, el sector logró faenar casi un 6% más que en 2019, alcanzando los 6.850.000 animales.

 

Estacionalmente, la faena del segundo semestre tiende a ser mayor a la del primero por el aumento de la presión de oferta. En los últimos 3 años fue un 8,5% superior, con 2019 como tope, con un salto del 15,4%. Sin embargo, los números de agosto marcan una leve de-saceleración del 3% respecto de julio.

 

El dato alentador es que en agosto volvió a subir la participación de los machos en detrimento del porcentaje de hembras, que cayó a menos del 45%, nivel que, de sostenerse, podría considerarse ya de equilibrio.

 

En términos absolutos y comparado con agosto del año pasado, la faena de hembras bajó un 7,3%, en tanto que la de machos subió un 2,1%. Esta misma tendencia se observó en julio, con un 8.7% menos de hembras y un 2.7% más de machos. Es un cambio de tendencia muy bueno para el ciclo ganadero. En lo que va del año, la faena de hembras arroja un promedio del 47%, 2 puntos menos que en 2019.

 

Al analizar el perfil de faena clasificada por dentición, se ve que en los últimos cuatro meses, la faena de hembras de 2 dientes casi no ha sufrido cambios en relación al año pasado, mientras que las hembras de 4 dientes cayeron cerca de un 9% y las de 6 dientes retrocedieron más de un 30%.

 

En definitiva, las hembras que van a faena son, en promedio, las vacas de 8 dientes o más, que crecen un 9%. Esto da cuenta de un proceso de depuración o limpieza de animales menos productivos o que transitan sus últimos ciclos, en pos de retener aquellos vientres que ofrecen un horizonte productivo.

 

 

Si sigue la seca en primavera habrá vacas para venderle a China, pero si llegan las lluvias es posible que el productor las retenga.

 

 

Si se toma simplemente el total de vacas faenadas en agosto, tras el salto de casi un 30% en el mismo mes de 2018 en 2019 ya se marcaba un descenso interanual del 9%; y ahora una nueva caída del 14% el mes pasado.

 

En concreto, si esta hipótesis de haber transitado ya un período de limpieza de vientres improductivos es válida y las vacas que hoy quedan en stock son vientres que el productor desea retener, ¿con qué se cubrirá la demanda de exportación de los próximos meses?

 

A partir de octubre, con el advenimiento del año nuevo chino en febrero, las compras de ese país, que hoy parece estar tranquilo, suelen activarse de manera muy marcada.

 

La voracidad de China por asegurar el abastecimiento desató en 2019 una literal burbuja de precios en noviembre/diciembre, que culminó con un corte compulsivo. Luego irrumpió el coronavirus y lo que debía ser el período de mayor movimiento y consumo del año se vio opacado por las restricciones impuestas por la pandemia. Aun así, fue el periodo de mayor consumo anual.

 

Hoy la situación se encuentra controlada desde lo sanitario y en cuanto a los precios que está dispuesto a convalidar. Esto indicaría que, más allá de una posible menor circulación de gente, el consumo tendrá su pico estacional como todos los años.

 

Seguramente, las compras chinas ya no reflejen los precios exorbitantes del año pasado, pero sí pueden registrar similares volúmenes, pasando de 50 mil toneladas a promedios de 60 a 65 mil. Si China llegara a fallar, la exportación también cuenta con Estados Unidos.

 

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