SAN LUIS - Domingo 26 de Junio de 2022

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La humanidad va camino a la normalidad

Futuro. Las nuevas generaciones tienen una gran oportunidad pasada la pandemia. Foto: El Diario

La pandemia de coronavirus que llegó hace dos años al planeta para cambiar todo lo que hasta ese momento la humanidad conocía como normalidad entró en una nueva fase. Algunos científicos, como el director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Hans Kluge, se animan a mencionarla como una posible etapa de endemia. Según la OMS, a una enfermedad se la considera así cuando se propaga rápidamente en una población y afecta a un gran número de personas en poco tiempo, pero su característica principal es la estabilidad.

 

Esto significa que se mantiene de forma estacional, se circunscribe a una región, a una población epidemiológica de riesgo o a un período de tiempo determinado. Pero la COVID-19 ha dado varias muestras de ser impredecible y aún hoy afecta a una gran cantidad de personas en el planeta, aunque la vacunación masiva experimentada en varias regiones hizo que su letalidad bajara notablemente. Y lo más importante es que los sistemas de salud lograron descomprimir la presión a la que estuvieron sometidos durante todo el año 2020 y gran parte de 2021.

 

De cualquier manera, la deuda pendiente es llevar más dosis de vacunas al continente africano —que las grandes potencias no han cumplido— y la liberación de las patentes de esas mismas vacunas, lo que también sigue esperando un debate serio en Naciones Unidas para que toda la población acceda más rápido y de manera eficaz a ese escudo, que en muchos países hace que sus sociedades estén recuperando los hábitos perdidos.

 

Lo que nos ha mostrado la pandemia (ahora se confirma el dicho "no hay mal que por bien no venga") es que si la humanidad se comporta como se espera de ella, aun cuando esos mismos seres humanos la hayan provocado, la lección aprendida es que también la puede remediar. Haber sido contemporáneos de este evento trágico nos permitió comprobar cómo la ciencia y sus avances pueden responder al mismo tiempo que sucede la catástrofe.

 

Hace dos años, la mayoría asistía atónita a la noticia de la invasión del virus y poco tiempo después, dejaba de hacer su vida normal para usar barbijos, quedarse en casa, abandonar la vida social y buscar dentro de cada uno las herramientas para seguir viviendo con esperanza cuando en cada familia un ser querido se moría.

 

Desde hace unos cinco meses, al menos en Argentina, la pandemia comenzó a descender. Por estos días, la mayoría pudo salir de su hogar y volver al trabajo y demás ocupaciones. Quienes lo perdieron durante el pico máximo, que además trajo una crisis económica que aún perdura, lo han ido recuperando o lo siguen buscando con otros horizontes.

 

Finalmente, las predicciones sobre futuros oscuros no se cumplieron. La Salud Pública pudo dar las respuestas que se esperaban, aunque muchas familias siguen penando por quienes un día fueron a internarse y nunca más volvieron.

 

Pero lo que se puede rescatar ahora, que en una semana las escuelas de la provincia volverán a recibir a miles de niños, niñas y adolescentes, es que esa vida cotidiana, rutinaria y que brindaba "seguridades" comenzará nuevamente. Otra vez la sociedad tendrá una nueva oportunidad de concretar aquellos objetivos que durante estos dos años se replanteó o bien decidió encarar de una vez por todas.

 

Es cierto que los expertos siguen de cerca la evolución del virus y todavía no existen certezas sobre el final, y también es real que se debe usar el barbijo y mantener la distancia, pero como en otros momentos importantes de la historia de la humanidad, ahora estamos frente a la oportunidad de cambiar y llegar a ese lugar que hace dos años parecía imposible alcanzar. No lo malogremos esta vez.

 

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