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El Gobierno busca culpables, mientras los chicos se intoxican en las escuelas

Las antiguas denuncias de que en las escuelas de la provincia se reparte comida en mal estado tomaron una evidencia escandalosa, con más de 60 chicos intoxicados. El ministerio de Educación prefiere mirar para otro lado. 

Por redacción
| 15 de marzo de 2025
Poggi, Araujo y otros colaboradores en la escuela La Rioja, en febrero pasado. El establecimiento fue uno de los damnificados por el plan PANE.

Algún día el Gobierno de la Provincia tendrá que hacer una autocrítica seria y responsable. En algún momento de su gestión, el gobernador Claudio Poggi y su gabinete de ministros tendrá que rendirle cuentas a la población por los groseros errores que día a día, semana a semana, se acumulan en su administración. Será ese el día en que los funcionarios dejen de ver fantasmas, abandonen su intención de acomodar un discurso triste y endeble y desistan de responsabilizar a otros de sus bajezas.

 

 

El viernes, 64 personas -la mayoría menores de edad- resultaron intoxicadas por ingerir comida en mal estado proporcionada en dos escuelas públicas de la ciudad de San Luis por medio del plan PANE, creado para hacer entrega de desayuno, almuerzo y merienda a los estudiantes. Unos veinte tuvieron que ser internados. Son cifras del viernes a la noche pero en los hospitales de la ciudad esperaban más casos. 

 

 

La perversa lógica electoral enseña que no es conveniente admitir errores cerca de una elección. Por eso, en lo que es una constante, el gobierno provincial empezó a buscar culpables por la gastroenteritis que sufrieron alumnos de las escuelas Pancha Hernández y La Rioja. Por supuesto que los busca afuera de la administración, nunca adentro. Así, será muy difícil que los encuentre.

 

 

En una primera reacción -que por rápida pudo resultar equivocada- el Ministerio de Educación emitió un comunicado en el que dijo que hará una presentación judicial para determinar si hubo “una mala gestión alimentaria por parte del proveedor que suministra los alimentos a las instituciones educativas antes mencionadas, o bien un sabotaje”. La historia bíblica de Poncio Pilatos no llegó a tanto. 

 

 

Una desafortunada aparición televisiva del ministro de Educación, Guillermo Araujo, en el noticiero del canal estatal no hizo más que embarrar un tema delicado, complejo, porque se trata de la salud de los chicos. El funcionario tenía como único objetivo salvar su pellejo, algo que no consiguió pese a los salvavidas que le arrojó a modo de preguntas Emiliano Pascuarelli, un conductor televisivo que puede tener porte de guardavidas pero a la hora de defender la gestión gubernamental es un gladiador con lanzas de alambre. 

 

 

El joven ministro dijo que "estamos encima” de los casos”, “porque es algo que no se puede dejar pasar, sea del proveedor o de una cuestión particular de quien recibió la comida”. Araujo habló como si la intoxicación hubiera sucedido en una escuela de Australia. O por lo menos -ya sin ironía- en un lugar fuera de su órbita de control.

 

 

Pero hay algo aún más grave que deslizó el ministro en su presentación televisiva. El máximo responsable de la educación pública de la provincia señaló que en la semana, el equipo de nutrición del ministerio hizo controles puntuales en la Pancha Hernández. Menos mal. Así y todo hubo decenas de chicos intoxicados.

 

 

Es difícil comprender qué quiso decir el ministro en esa parte del relato. Por supuesto que en la entrevista no se lo preguntaron, preocupados por evitar que el légamo en el que se sumergía el funcionario le tapara el desprolijo cuello de la camisa, desacomodado sobre el fin de una jornada laboral extenuante.

 

 

Si gente de su equipo controló la comida, como dijo, y el resultado fue el que se conoció el viernes, es probable que la ineficiencia de esos funcionarios sea más evidente de lo que se cree. Si hubo una mano negra, Araujo debería estar aún más preocupado. De todos modos, en la entrevista se lo notó bastante tranquilo, cómodo, pese a la gravedad de la situación.

 

 

Como para continuar en su inmersión en un barro del que será difícil salvarlo, Araujo concluyó la entrevista con una afirmación preocupante. “Para el gobernador Claudio Poggi el plan PANE es prioritario, porque son nuestros chicos. Somos muy rigurosos con lo que entra en la escuela”. Con solo escucharse, el ministro y sus colaboradores deberían rever su trabajo en el control de lo que se reparte en los establecimientos educativos. Pero siempre es más fácil mirar hacia otro lado. 

 

 

Llegará un momento para el Gobierno en el que responsabilizar a otro ya no será posible. El círculo tiene que cerrarse indefectiblemente sobre el ministerio en donde se suscita el problema, sea el de Salud, el de Seguridad o, como en en este caso, el de Educación. En este caso, la responsabilidad tiene un peso mayor porque no es la primera vez que se oyen quejas de padres sobre el pésimo estado de las viandas escolares. Desde el inicio mismo del ciclo lectivo, los clamores en ese sentido fueron muchos.

 

 

Hasta ahora, todos esos reclamos quedaron en la nada. Por la magnitud de lo que sucedió el viernes, esta vez el Gobierno recogió el guante y no tuvo más que admitir el hecho. El próximo paso debería ser asumir, aunque sea una vez, la responsabilidad. Sería un buen comienzo. 

 



 

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