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Thais Folk, la brasileña que cambió los monos por las catas y armó una revolución teatral

La excitante y apasionada vida de una actriz paulista que se había decepcionado con el teatro y que encontró en San Francisco del Monte de Oro el campo ideal para cumplir el sueño de cualquier ser humano: vivir de lo que le gusta. 

Por redacción
| Hace 11 horas

Era tan joven cuando decidió que sería artista, que de adolescente Thais Campos Moreno López decidió usar un seudónimo más corto y efectivo. Así se puso Thais Folk. En un taller en Brasil, su país, donde le enseñaban a bailar y a tocar el tambor, la profesora y sus compañeros observaron que llevaba lo afro en la sangre. El folclore brasileño está ligado de raíz con la música negra.

 

 

La actriz nació en Campinas, en el estado de San Pablo, hija única de padres que siempre tuvieron la vida nómade como norma, a tal punto que ahora mismo viven hace cinco meses en un motorhome en el norte de Brasil. “De chica fuimos una familia itinerante, que siempre estuvo en contacto con la naturaleza y que vivió en diferentes regiones del país”, contó la mujer ahora radicada junto a sus dos hijas en San Francisco del Monte de Oro.

 

 

Cuando era una niña hubo dos cosas que le interesaron: los libros y la danza, por lo que su madre, fuera el pueblo que fuera, la mandaba a baile y a la biblioteca. Thais ahora agradece a sus padres aquella formación y las veces que la llevaron a espectáculos de ballet, a recitales y a obras de teatro.

 

 

Acaso por eso, ahora que es responsable de varios espectáculos que se hacen en San Francisco, su lucha es porque la gente se interese a asistir. “No es fácil –dice- porque estamos en el interior del interior, pero tampoco vamos a bajar los brazos”.

 

 

“El teatro tiene palabra y mis mayores inseguridades pasaban por ahí, porque la gente no me entendiera. Es un desafío hacer teatro en otro país y usar la palabra como modo de expresión”.

 

 

Thais tenía 12 años cuando ingresó a un grupo teatral de Campinas y continuó vinculada a los escenarios hasta los 19, mientras con sus padres cambiaba de ciudad y de bibliotecas. En el sur de su país integró una compañía universitaria, con la que pudo hacer sus primeras obras con recursos escénicos y técnicos de primer nivel, lo que considera una experiencia decisiva para su formación.

 

 

Pero la primera gran desilusión estaría a la vuelta de la esquina, más precisamente en San Pablo, adonde llegó para continuar su formación y concretar su intención de “comerme el mundo”. Tras observar un amiguismo parecido al acomodo en un concurso de dramaturgia en el que salió tercera decidió alejarse del teatro. “Me dio un dolor en el alma”, asegura ahora, a la distancia geográfica y temporal.

 

 

“Decidí cambiar, no quería saber más nada con el teatro y trabajé en la construcción civil, donde también tengo formación”, sostuvo la actriz que pasó poco tiempo en esa actividad hasta que descubrió que esa vida “no tenía sentido”. “Y en mi casa cuando pasa eso, se agarra la mochila y se sale de viaje”.

 

 

Recorrer Argentina de punta a punta la llevó a Ushuaia a dedo y a San Luis, la provincia de donde era un compañero de viaje con el que compartió kilómetros de ruta y que con el tiempo se convirtió en el padre de sus dos hijas. Vendió artesanías y paseó por todo el país mientras el bicho del teatro empezó a picar de vuelta, aunque con una dificultad: el idioma.

 

 

 

 

“El teatro tiene palabra y mis mayores inseguridades pasaban por ahí, porque la gente no me entendiera. Es un desafío hacer teatro en otro país y usar la palabra como modo de expresión”, agregó.

 

 

En esas divagaciones se encontraba Thais cuando recayó en San Francisco del Monte de Oro, una localidad que, por su entorno natural, le hizo a acordar a su infancia. “No sé si serán las palmeras caranday, no sé si será el viento, pero todo eso me hacía acordar a la brisa del mar. Me sentí como en casa: aunque ahora no son monos, son catas las que me acompañan”.

 

 

Como para completar su empujón hacia el regreso, un día del niño antes de la pandemia fue a ver en San Francisco tres obras de teatro que recalaron en gira gracias al Instituto Nacional del Teatro. En cuestión de segundos la emoción y las lágrimas se apoderaron de ella. Al salir de las funciones empezó a preguntarse por qué no estaba haciendo lo que tanto le gustaba.

 

 

Pero esta vez no sería solo subirse al escenario a interpretar un personaje. Thais quería escribir, quería crear y, por necesidad, tenía que gestionar, una tarea que le consumió mucho tiempo, mucho estudio y que le despertó una nueva pasión. Hizo una licenciatura en administración y políticas culturales y empezó con la tarea de reconstruir los vínculos con la comunidad teatral.

 

 

Ahí, el teatro volvió a tener sentido para ella. “Dejó de ser algo para ganar plata, dejó de ser comercial y el pueblo empezó a llenarse de payasos, de espectáculos en las ferias, y eso para mí es algo muy importante”, anunció la artista.

 

 

Por supuesto que la tarea que emprende abraza sus dificultades, que hacen que la actividad tenga un sabor aún más personal. Porque aunque Thais insista en que ganar dinero no es la principal razón por la que actúa, su pelea es para que el artista tenga un reconocimiento profesional, acorde a su capacitación.

 

 

En las tres obras que estrenó hasta ahora –una sobre un artista de revista que sueña con tener una familia, una infantil sobre el huevo de un dragón y una de teatro negro que fue toda una sensación en el pueblo-, la actriz intentó describir un territorio que, aunque ajeno, ya quiere como propio.

 

 

“Tengo cuidado en elegir la temática con lo que está pasando en la actualidad, dentro del pueblo, y ahí empezar a trabajar, a ver qué le gustaría escuchar al pueblo y que empiece a abrir la mirada para otras cosas de la que antes no se daban cuenta”, agregó.

 

 

Para la actriz es gratificante actuar para 180 personas, pero también le encuentra el gusto a presentarse ante seis chicos de una escuela rural que aprecien todo lo que quiso contar. A eso apunta con la fundación Gramilla, un espacio creado por ella misma que produce espectáculos de modo continuo y que tiene como objetivo inmediato la tercera edición de SanFrancirco, un festival que comenzará el jueves 8 de octubre y se extenderá hasta el sábado 10.

 

 

 

 

Será la demostración de una de las instancias de su trabajo que más la emociona: convertir una simple idea en un proyecto viable y ayudar a otros artistas a realizarla. Porque tiene, además de todo, la certeza de que en San Luis hay grandes artistas que deberían compartir su identidad tanto adentro como afuera de la provincia.

 

 

“Hay mucha calidad acá, mucha calidad escondida. Yo la descubrí en este tiempo, de tanto mirar obras hechas en San Luis. Hay que mirarlas nomás, hay que tener curiosidad; porque no necesitas buscar mucho, están ahí, se pueden ver”.

 

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