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Caos, desorganización y abucheos en la fiesta del empleado municipal

El intendente Gastón Hissa fue silbado durante su saludo a los trabajadores en medio de una fiesta sin gracia ni menú para celíacos. La organización puso sillas afuera, pese al pronóstico de lluvia. Terminaron comiendo panchos amontonados en las tribunas. 

Por redacción
| Hace 2 horas

La fiesta del empleado municipal que el viernes a la noche se realizó en el Polideportivo del Puente Blanco terminó en un disgusto y una decepción para muchos de los invitados que no pudieron ingresar al salón techado y debieron soportar la lluvia y el frío en el patio anterior para retirar la comida, provista por un carrito. Durante la palabra del intendente Gastón Hissa parte de los asistentes lo abuchearon en descontento con la gestión.

 

 

La falta de previsión de los organizadores obligó a muchos de los empleados a comer incómodos, sentados en las tribunas del salón. La razón fue que el protocolo armó algunas sillas afuera para quienes no pudieran ingresar a la parte techada sin tener en cuenta el pronóstico de lluvias y temperaturas bajas.

 

 

Con las sillas plásticas mojadas y la imposibilidad de sentarse afuera, los asistentes se agolparon en el Polideportivo, que estaba acondicionado con unas mesas sin demasiada gracia, manteles negros y poco más. El menú, sándwiches de bondiola y panchos, tenía que ser retirado en la zona exterior. 

 

 

El ánimo de los trabajadores fue de decepción por la improvisación y la desorganización de la celebración que se hubiera al menos simulado con la colocación de una carpa en la zona exterior para que los invitados pudieran al menos no estar tan apretados.

 

 

Durante la noche hubo mucha gente parada y otra que optó por sentarse en las tribunas a esperar el que fue uno de los motivos centrales de la asistencia: los sorteos. Una vez terminados, cerca de las 2 de la mañana, el salón empezó a vaciarse. Luis Soloa, el artista invitado, tuvo que tocar sin juego de luces. 

 

 

En medio de todo el desorden apareció, furtivo, el intendente Hissa, quien dio saludos de ocasión a algunos de sus empleados leales y soportó con forzado gesto los silbidos que se escucharon mientras daba las palabras de forma. Tampoco recibió muchos pedidos de fotos, sino que más bien él prestó su sonrisa para los celulares.

 

 

La fiesta del empleado municipal era, antiguamente, un momento de agasajo real a los esforzados trabajadores, algunos con muchos años en las oficinas que no podían creer lo que pasaron en la noche del jueves. “Antes por lo menos había un centro de mesa”, dijeron.

 

 

 

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