Acoso, persecución y represalias: el calvario de una agente por rechazar a un comisario
Una efectiva de la fuerza de seguridad de San Luis denunció haber sido víctima de acoso sexual y hostigamiento por parte de un superior de Recursos Humanos. Tras negarse a sus insinuaciones, sufrió traslados, difamaciones y el uso de la salud de su hijo como herramienta de castigo hasta quedar fuera de la institución.
Una agente de la Policía de San Luis —cuya identidad se mantiene en reserva— narró en primera persona el hostigamiento sistemático que sufrió por parte de un comisario que ocupaba un cargo relevante en la división de Recursos Humanos.
El asedio, según describió la víctima, comenzó con lo que hoy se denomina "acoso digital". Mediante mensajes de WhatsApp durante las jornadas laborales, el superior le indicaba que la aguardaba afuera de la Jefatura Central para llevarla a su domicilio, buscando forzar una intimidad no consentida.
El "mensaje" de la impunidad
Ante la firme negativa de la mujer, la respuesta de la cadena de mando no fue la protección, sino la represalia. "Como me negaba, él junto a otros jefes comenzaron a señalarme dentro de la Jefatura como 'la rebelde'. Tras rechazar sus mensajes varias veces, me sacaron de mi espacio de trabajo", relató.
Para la agente, la metodología es clara y busca disciplinar a las mujeres de la fuerza: "El mensaje es clarito: si denunciás, te terminás yendo; y si te quedás, atenete a las consecuencias. El hostigamiento sigue, donde vayas te sindican como ‘conflictiva’ por haberte negado al acoso".
La persecución no solo fue laboral, sino que escaló al plano personal y moral. La agente denunció que, tras su traslado, los mismos superiores hicieron circular rumores malintencionados para dañar su reputación: "Me ensuciaron mi buen nombre y honor; hacían circular que mi cambio de lugar era porque yo me había acostado con los jefes. Me difamaban de esa manera e incluso sufrí recargos injustificados".
El uso de la salud familiar como castigo
Uno de los episodios más dolorosos de este relato involucra al hijo de la agente, quien padece un trastorno autista. En medio de una crisis familiar que incluyó un intento de suicidio del menor y su posterior internación y derivación a Mendoza, la agente asegura que su situación fue utilizada para terminar de expulsarla.
"El comisario que me acosaba me dijo que me iba a ayudar, que viajara tranquila, pero yo presenté todos los papeles legalmente", explicó. Sin embargo, a su regreso, las represalias se profundizaron con destinos de guardia imposibles de cumplir dada su situación familiar: "Me mandaron a cubrir toda una noche al Policlínico del Sur sabiendo que yo no podía por mi hijo. Me castigaron, la cúpula policial tomó total represalia conmigo e incluso me dejaron fuera de la fuerza, sin trabajo".
"Usaron la salud de mi hijo para expulsarme. Fue una injusticia porque no me quise 'regalar'. Si yo me hubiera acostado con ellos, hoy seguiría en la policía", sentenció con crudeza.
Un antecedente que pesa
Este caso no es un hecho aislado en la historia reciente de la seguridad puntana. El relato de la agente resuena con otros escándalos de alto impacto institucional, como el ocurrido en 2014, cuando el entonces Jefe de Policía, Guillermo Valdevenitez (actualmente director del Registro Civil), fue denunciado por acoso sexual ante el Juzgado Penal Nº 3, marcando un precedente de violencia machista en las más altas esferas del poder policial que, según las denuncias actuales, parece seguir en algunas situaciones de las prácticas cotidianas de la fuerza.
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