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La kinesióloga que lo perdió todo: "Me despidieron con tres hijos y un futuro incierto"

Entró a la salud pública en plena pandemia, trabajó 12 horas diarias con un bebé recién nacido y hoy sobrevive como chofer de aplicación. Denuncia persecución laboral, maltrato y un despido injustificado que la dejó en la calle.

Por redacción
| 06 de marzo de 2026
La mujer se desempeñó de una manera excelente, pero la despidieron sin razones concretas. Foto: gentileza.

Jessica Estela Páez es el rostro de una contradicción dolorosa. Es licenciada en kinesiología, una profesional que se formó con esfuerzo y que logró por méritos propios un contrato en la Carrera Sanitaria. Sin embargo, hoy su realidad no transcurre en un consultorio ni en un hospital, sino detrás del volante de un auto, trabajando para la aplicación de transporte DiDi.

 


“Me parece súper injusto. Lo digo y se me caen las lágrimas porque me cerraron todas las puertas”, relata Jessica con una angustia que se vuelve tangible. Madre soltera de tres hijos, la profesional pasó de atender a 20 pacientes por día a la incertidumbre absoluta de no saber cómo pondrá un plato de comida en la mesa.

 


La trayectoria de Jessica estuvo marcada por el sacrificio. Ingresó al sistema de salud en el momento más crítico: la pandemia de COVID-19. Con un bebé de apenas dos meses de vida, cumplía guardias de 12 horas para asistir a quienes luchaban por respirar. Tras la emergencia, continuó su labor en traumatología, cumpliendo jornadas de nueve horas.

 


Sin embargo, el escenario cambió drásticamente al ser derivada al Centro Oncológico. Allí, según denuncia, comenzó un calvario de hostigamiento. “Viví una constante persecución; empezaron a acosarme con notas. No tengo ninguna mancha en mi legajo, pero me dejaron sin trabajo”, sostuvo. 

 


Los motivos parecen rozar lo absurdo: entre las objeciones que le hacían, figuraba el reclamo por ponerle música a sus pacientes para amenizar el tratamiento.

 


La situación de revista de Jessica se complicó por razones de salud. Padece de sinusitis crónica, una afección que le provoca fuertes dolores de cabeza y fiebre, por la cual presentaba los certificados correspondientes. Pese a esto, la respuesta del Gobierno fue la baja unilateral de su contrato en la Carrera Sanitaria.

 


“Me dieron de baja el contrato, me persiguieron hasta que me dejaron sin laburo. Intenté comunicarme con la Ministra de Salud y tampoco quiso hablarme”, lamentó.

 


La crisis de Jessica se agravó en las últimas horas tras sufrir un accidente automovilístico mientras trabajaba en la aplicación de transporte, lo que la dejó sin su única herramienta de sustento actual.

 


Bajo tratamiento psicológico por el trauma derivado del maltrato laboral, Jessica concluyó con un pedido desesperado: “Me mintieron, me engañaron y solo me dieron la nota de despido. Estoy en la calle con tres hijos, sin poder darles de comer”. 

 


Mientras reparte currículums por todos lados, su historia queda como un crudo testimonio de la vulnerabilidad laboral en el sector público.
 

 

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