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Los hermanos sean unidos: el perfil de Diego y Gonzalo Amondarain en el caso "El Caburé"

En la causa que investiga uno de los hechos de corrupción más grandes de la historia reciente de San Luis, existe un linaje sanguíneo que está sospechado de otorgar "aire" a las acciones que permitieron la desaparición millonaria de maíz. Uno acusado, el otro señalado; ambos bajo la sombra de una brasa ardiente.

Por redacción
| 12 de abril de 2026
Las dos caras de la moneda. Diego y Gonzalo Amondarain.

Dicen que los ojos son el espejo del alma. En la mirada de los hermanos Amondarain parece reflejarse un cúmulo de sospechas, señalamientos y un camino turbio que conduce directamente al maíz desaparecido de "El Caburé". Diego, el "asesor", es apuntado como el estratega que permitió idear maniobras clave para vender la cosecha sin dejar rastros; mientras tanto, la figura de Gonzalo, ministro de Gobierno, aparece como el presunto facilitador de un esquema de poder y blindaje.

 


Racconto del "operativo"

 


Para entender los hechos hay que retroceder a abril de 2024. De manera sorpresiva y mediática, el Gobierno de San Luis tomó el control del campo "El Caburé", que se encontraba en manos de productores privados. El entonces secretario de Ética Pública y Control de Gestión, Ricardo André Bazla, encabezó los operativos y llegó a cortar las cadenas de las tranqueras. En el esquema de implicados también aparecen nombres de peso: el actual ministro del Superior Tribunal de Justicia, Víctor Endeiza, y el ministro de Desarrollo Productivo, Federico Trombotto.

 


Sin embargo, dos eslabones resultan indispensables: los hermanos Amondarain. La implicancia de Diego salió a la luz tras la filtración de un audio revelador donde brindaba instrucciones sobre cómo desaparecer el maíz sin levantar sospechas. En el registro, recomendaba la venta directa como "maíz partido" (para consumo de hacienda) para evitar la emisión de cartas de porte y eludir los controles. "Te va a dar mucho aire", sentenciaba en referencia a las cuantiosas ganancias del botín rural.

 


El rol de Diego: el "guía" intelectual

 


Diego Amondarain aportó sus "talentos elásticos" para las maniobras de comercialización irregular. Lo que más llama la atención de su perfil es la contradicción patrimonial: figura como un simple monotributista, pero se mueve como un importante comprador de hacienda y cereales en las ferias ganaderas del sur provincial.

 


Sus dotes para los negocios lo llevaron a ser designado como "normalizador" del establecimiento Los Ranqueles, un campo estatal que es lindero a "El Caburé", divididos apenas por un alambrado. Para los investigadores, esta fue la "pata" necesaria para la corrupción oficial.

 


"Aprovecharon su estadía en Los Ranqueles para estas maniobras. Vieron ese maíz hermoso, averiguaron los títulos y, al notar que el contrato de explotación estaba rescindido pero no notificado, se metieron de 'guapos' cortando cadenas", describió una fuente cercana a la causa. El aporte intelectual de Diego es, hoy, una pieza central del rompecabezas de la "desaparición" de los granos.

 


Gonzalo Amondarain: poder y cerco

 


Según se desprende de la investigación judicial, "Diego habría aprovechado la influencia de su hermano ministro para ser designado en Los Ranqueles y, desde allí, desplegar el conocimiento necesario para la sustracción del cereal. Las denuncias van más allá del grano: aseguran que del campo se llevaron hasta los aires acondicionados y las aberturas de la vivienda principal". 

 


En el ámbito político, se señala que Gonzalo habría usado su peso en el Gabinete para intentar encubrir la maniobra, conformando un "círculo de hierro" junto a Endeiza, Trombotto y Bazla.

 


Lo cierto es que, cuando el escándalo estalló, las maniobras de contención —como un convenio de colaboración presuntamente falso con fecha de agosto, cuando el maíz ya se había cosechado— resultaron insuficientes. A pesar de las pruebas, la presión sobre la Justicia es asfixiante. Fuentes judiciales aseguran que el propio ministro habría visitado los pasillos de Tribunales en Villa Mercedes para "frenar" el avance del fiscal de la causa. "Se escuchaban los gritos por los pasillos", aseguran testigos del tenso episodio.

 


Por ahora, el cerco político-judicial mantiene en vilo una causa que ya trascendió las fronteras provinciales y encendió una brasa ardiente en el terreno nacional. Mientras el país habla del escándalo, se esperan medidas concretas para dar luz a un caso que impregna con olor a maíz podrido de corrupción. 
 

 

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