Francisco Anselmi: el "ingenuo" que cosechó un "rinde malo" millonario en El Caburé
Entre un supuesto contrato firmado en una estación de servicio y movimientos que no cierran, el empresario aparece como el hombre que puso las máquinas para una maniobra que hizo desparecer una enorme cosecha de maíz sin dejar rastros.
En el complejo tablero de impunidad que rodea la desaparición de la millonaria cosecha de maíz de "El Caburé", el nombre de Francisco Anselmi emerge no solo como un testigo, sino como el eslabón material imprescindible.
Mientras la sociedad puntana observa con indignación cómo una fortuna bajo custodia estatal se desvanece, la figura de este productor agropecuario de Pehuajó cobra relevancia por la comodidad de su relato y la sospechosa benevolencia de la Justicia.
Anselmi no es un improvisado en el campo. Sin embargo, su declaración ante la Unidad de Abordaje Fiscal pretende instalar una narrativa inverosímil: la de un empresario experimentado que trasladó maquinaria desde cientos de kilómetros, trabajó durante 60 días y pagó deudas ajenas, solo para "perder plata". Su testimonio parece ser la piedra angular de una estrategia de blindaje para los verdaderos arquitectos del plan: Víctor Endeiza, Ricardo André Bazla, Diego Amondarain (con la unción de su hermano Gonzalo) y Federico Trombotto.
El contrato fantasma y la lógica del rinde
La maniobra comenzó en la penumbra administrativa. Según Anselmi, el vínculo con el Estado se selló en una estación de servicio de Villa Mercedes, donde firmó un contrato que nunca le fue devuelto. En ese acto, el productor aceptó un trato de "porcentaje" donde solo cobraría si el rinde superaba los 750 kg por hectárea.
Cualquier conocedor del negocio agrícola advierte la falla en el guion: Anselmi recorrió el predio y decidió meter las máquinas, pero afirma que recién al final de la cosecha notó que el maíz era de "pésima calidad". Resulta difícil de digerir que un hombre de campo pase dos meses trabajando 1.400 hectáreas para terminar declarando apenas 914 toneladas —unas 30 bateas— cuando el valor real de lo expropiado superaba ampliamente esas cifras.
El destino del "Oro Amarillo": feedlot y evasión
El destino de la cosecha es otro punto ciego que el fiscal Leandro Estrada ha decidido no iluminar. Anselmi confesó haber trasladado el grano al establecimiento "El Lucho", en Buena Esperanza, propiedad de Eduardo Court, para consumo de su propio feedlot. Esta táctica no es menor: destinar el grano al consumo animal es la vía rápida para evitar controles fiscales y registros de comercialización, permitiendo que el rinde real desaparezca sin dejar rastro en los libros del ARCA.
A pesar de que la querella solicitó informes sobre el transporte Bruzzone —encargado de mover el maíz— el fiscal ha mantenido un silencio ensordecedor. No hay contratos de alquiler de predios ni registros de pesaje oficiales, más allá de la balanza de la propia monotolva del productor.
Un testigo diseñado para la impunidad
Lo más escandaloso del caso es el rol que la Justicia le ha asignado a Anselmi. A pesar de ser quien físicamente retiró el producto del campo expropiado, fue citado únicamente como testigo y no bajo una audiencia de formulación de cargos. Su declaración de siete páginas tiene un objetivo nítido: concentrar toda la responsabilidad en Darío Oviedo Helfenberger, el eslabón más débil, para así cortar el hilo de responsabilidad antes de que llegue a las altas esferas del poder provincial.
Anselmi afirma que se sentía "protegido" y que tenía "línea directa" con los interventores. Esa protección parece seguir vigente. Ni el fiscal Estrada ni el actual Fiscal de Estado, Rafael Berruezo, parecen interesados en preguntar por qué un empresario trabajaría 60 días a pérdida total, o dónde están los documentos que avalan el despojo de una propiedad que hoy, simplemente, ya no está.
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