Memorias vivas escritas en el interior puntano
Radicado en Nogolí, el escritor, investigador histórico y empleado judicial se puso como fin rescatar algo de la memoria del pueblo con un método tan efectivo como antiguo: hablar con los vecinos y bucear en un pasado no del todo relatado.
Desde el interior profundo de la provincia de San Luis, donde la historia suele conservarse más en la voz de los vecinos que en los libros, Aldo Gabriel Calderón Santander asumió una tarea silenciosa pero fundamental: rescatar, ordenar y transformar en literatura la memoria de Nogolí. Escritor, empleado judicial, estudiante avanzado de la Licenciatura en Historia y también ligado a la gastronomía por herencia familiar, Calderón representa a esa generación de autores que escriben no solo para narrar, sino para preservar.
Nacido en la ciudad de San Luis el 25 de mayo de 1972, su vínculo con la escritura se construyó desde la juventud, primero de manera intuitiva, con cuentos y leyendas que “eran vivencias imaginarias volcadas en simples papeles”, como él mismo describe. Más tarde, impulsado por la orientación de Delia Gatica de Montiveros, esos primeros intentos se consolidaron en una búsqueda literaria más profunda, donde la investigación histórica comenzó a ocupar un lugar central.
"El valor de mi obra radica en la recuperación de la tradición oral como patrimonio cultural: aquello que no se escribe, desaparece", Gabriel Calderón Santander.
Esa vocación encontró su punto de inflexión cuando se radicó en Nogolí, localidad del departamento Belgrano a la que llegó inicialmente a través de su vínculo familiar y afectivo. Allí descubrió un territorio cargado de relatos orales, tradiciones y testimonios que, con el paso del tiempo, se estaban perdiendo. “Lo primero que hice fue investigar su historia y luego escuchar a los vecinos”, suele señalar, como si en esa simple fórmula se resumiera su método de trabajo.
De esa labor surgieron obras que combinan investigación y narrativa, entre ellas “Nogolí, un viaje al pasado” y “Bienvenidos a Nogolí”, textos que buscan reconstruir la identidad del pueblo a partir de documentos históricos, archivos provinciales y la memoria viva de sus habitantes. "En uno de mis estudios logré establecer que Nogolí habría sido fundado el 24 de noviembre de 1868, a partir de documentación hallada en archivos históricos de San Luis", agregó.
Su producción también incluye cuentos, leyendas y trabajos de investigación como “Los aquelarres de San Luis” y estudios sobre figuras y procesos religiosos e históricos de la región, como el dedicado a Tecla Funes, titulado “Una urdiembre en el corazón de San Luis”, así como investigaciones sobre la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes en Nogolí. En todos ellos se advierte una constante: "la intención de dar forma escrita a aquello que tradicionalmente circuló de manera oral".
Uno de los reconocimientos más significativos de su carrera llegó con el relato “La sequía”, obra que le valió una mención especial en el certamen “Polo Godoy Rojo, Puntanidad Literaria”, convocado por San Luis Libro en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. “Es el escrito que mayores satisfacciones me dio hasta hoy, porque fue mi primer trabajo en alcanzar ese logro”, recuerda con orgullo.
Calderón también participó en antologías de cuentos y poemas en distintas ciudades del país e incluso en publicaciones internacionales, siempre representando a San Luis y a Nogolí, llevando al exterior la voz de un pueblo pequeño pero cargado de historia. En su mirada, "el valor de mi obra radica en la recuperación de la tradición oral como patrimonio cultural: aquello que no se escribe, desaparece".
Admirador profundo del pensador puntano Juan Crisóstomo Lafinur, Calderón reconoce en él una figura inspiradora. En la localidad de La Carolina, donde la historia y la poesía se entrelazan con el paisaje minero, encontró referencias y semblanzas del autor, a quien rinde homenaje en sus lecturas y reflexiones.
Hoy, casado con Claudia Olguín y padre de Juan Andrés, Calderón continúa escribiendo desde Nogolí, donde decidió asentarse definitivamente para seguir investigando. Desde allí, entre expedientes judiciales, libros, entrevistas a vecinos y archivos históricos, construye una obra que busca algo más que el reconocimiento: preservar la identidad de un pueblo.
En tiempos donde la velocidad parece borrar la memoria, su trabajo insiste en lo contrario: detenerse, escuchar y escribir. Porque para Aldo Gabriel Calderón Santander, "Nogolí no es solo un lugar en el mapa, sino un relato colectivo que merece permanecer en el tiempo".
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