Cómo acompañar a niños y jóvenes en la era digital
Con internet ya definitivamente instalado en la vida familiar, la preocupación de los adultos es cómo preservar a los más chicos de los peligros de la red. Como siempre, mejor que el control es la escucha. Por Sol Durini.
Durante muchos años tuvimos una idea que hoy quedó totalmente obsoleta: pensar que existe un mundo real por un lado y un mundo virtual por el otro. Hoy, esa división ya no existe; internet no es un lugar al que entramos y salimos, sino un entorno entero que habitamos permanentemente, y también es el espacio donde se crían, construyen vínculos y se exponen las nuevas generaciones.
Y mientras intentamos seguirles el ritmo, los algoritmos aprenden de cada uno de sus me gusta, de sus pausas y de sus búsquedas, conociendo sus intereses y emociones a un nivel que a los adultos nos cuesta dimensionar.
Ahí es donde surge una pregunta difícil: ¿quién acompaña a los chicos en ese espacio? Las estadísticas en Argentina son preocupantes y reflejan que 6 de cada 10 chicos y chicas hablan con personas desconocidas en internet.
En ese entorno digital se despliegan riesgos graves como el grooming, que no empieza con una amenaza directa, sino disfrazado de empatía, escucha y validación emocional,y genera un pseudo abrazo afectivo frente a la pantalla, con consecuencias reales, no positivas, claramente.
A esto se le suma hoy el avance de la inteligencia artificial, que permite la creación de imágenes falsas que rompen los limites entre lo posible y lo irreal.
Frente a este panorama, la respuesta automática suele ser la prohibición. Queremos sacar las pantallas, bloquear aplicaciones o castigar sin internet. Pero, prohibir no es prevenir. Restringir el acceso solo anestesia nuestra percepción como adultos, y nos da una falsa sensación de control mientras ellos siguen habitando ese entorno digital en soledad y sin herramientas. La verdadera protección no se agota con dar un celular; la clave esta en el acompañamiento real, en estar, preguntar y escuchar.
Por eso, el consejo que les propongo esta semana es empezar a construir puentes de diálogo transparentes, y así como preguntamos cómo estuvo el colegio o qué hicieron en el club, incorporemos una pregunta simple: ¿Como te fue hoy en Internet? Escuchemos sin juzgar, sin escandalizarnos y con la atención bien abierta.
Estar presentes en sus vidas reales también significa estar presentes en sus pantallas.
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