Dos profesionales de San Luis sorprendieron en Córdoba con un trabajo final sobre IA
Se recibieron de licenciadas en Bioimágenes por la Universidad Nacional de Córdoba. Su trabajo final despertó el interés de los evaluadores. Ahora, quieren traspasar sus conocimientos al sistema de salud provincial.
A punto de ser parte normalizada de la vida cotidiana (si es que ya no lo está), la Inteligencia Artificial tiene también injerencia en la Medicina. Daniela Chiappero y Andrea Díaz, dos puntanas que acaban de recibirse Licenciadas en Bioimágenes en la Universidad Nacional de Córdoba, lo vieron, lo detectaron y lo estudiaron a fondo en el trabajo final de grado que presentaron en sus carreras y que fue muy valorado por el tribunal examinador.
El estudio firmado por las flamantes profesionales se tituló "Inteligencia artificial en Resonancia Magnética" y contiene algunas conclusiones que llamaron la atención de los profesores que llevaron adelante la evaluación. “Observamos que la resonancia es un método excelente, pero tiene sus limitaciones intrínsecas de tiempo y definición. Por eso, nuestra investigación se centró en cómo la IA optimiza la adquisición y reconstrucción de esas imágenes”, dijeron Daniela y Andrea a El Diario de la República.
Los resultados del informe concluyeron en que la IA puede aportar tres beneficios en el área: mejora la calidad de la imagen, reduce notablemente los tiempos del estudio y optimiza el diagnóstico médico. Pero lo más importante es una revelación que las profesionales observaron a futuro.
“Concluimos que la Inteligencia Artificial –dijo Chiappero- no viene a reemplazar al profesional, sino a complementar su trabajo. Es una herramienta de vanguardia que, combinada con el criterio humano y la capacitación constante, permite llevar los servicios de diagnóstico al máximo nivel de eficiencia y calidad de atención”.
La IA puede hacer el estudio más rápido, pero no puede contener, escuchar ni acompañar a esa persona. El trato humano del profesional es lo que marca la diferencia”.
Como las jóvenes vieron que el avance de la tecnología no le era ajeno a la medicina, durante su etapa de estudiantes se preocuparon en cómo optimizar la calidad de imagen y el cuidado del paciente. “Empezamos a notar que la Inteligencia Artificial se mencionaba cada vez más en la bibliografía internacional como la gran aliada del futuro”.
La intención de adelantarse a esas nuevas tendencia tuvo en las dos futuras licenciadas una visión clara a la hora de hacer su trabajo: analizar cómo esas innovaciones podrían impactar en San Luis. “La provincia cuenta con una infraestructura de salud muy valiosa y moderna y nuestro deseo es profundizar la investigación de cara al futuro”, dijo Díaz, quien señaló que una parte fundamental para extender sus investigaciones es la colaboración de los centros públicos y privados. “Nosotras apostamos al crecimiento de San Luis y estamos convencidas de que el panorama es sumamente alentador; queremos seguir investigando para que la provincia esté lista para dar este gran salto tecnológico”.
Entre los obstáculos que la dupla encontró en su camino investigativo, el hecho de que la Inteligencia Artificial sea tan nueva en las bioimágenes fue uno muy claro, aunque el mayor reto fue adaptar toda la teoría global a la realidad. Para las chicas fue un camino desafiante “pero súper enriquecedor”.
Daniela y Andrea están seguras que la IA revolucionará la medicina con la optimización de los tiempos de diagnóstico, lo que permitirá a la vez una medicina predictiva más exacta. Y en cuanto a las resonancias en particular, el cambio será “rotundo”.
“Los algoritmos logran reconstruir imágenes de altísima nitidez en una fracción de tiempo. Esto significa que el equipo trabaja de manera más eficiente y el diagnóstico es más precoz”, explicaron las profesionales, quienes aseguraron que a nivel global el trabajo con la IA ya es una realidad en los centros de alta complejidad, pero a nivel regional el efecto se verá de forma progresiva, en los próximos años. “Depende de la actualización de los softwares de los equipos actuales y de la inversión tecnológica”.
El gran desafío que encontraron las profesionales es evitar que la tecnología reemplace la calidez humana. Y resumen esa sensación con un ejemplo: “El paciente que entra a un resonador muchas veces siente miedo o claustrofobia; la IA puede hacer el estudio más rápido, pero no puede contener, escuchar ni acompañar a esa persona. El trato humano del profesional es lo que marca la diferencia”.
Las profesionales se conocieron en algunas materias de Radiología pero empezaron a estudiar juntas en los dos últimos de los cinco años de carrera, cuando encararon la Licenciatura. El ser ambas de San Luis hizo el primer acercamiento, hasta convertirse en un equipo profesional. “Apoyarnos mutuamente en los momentos más exigentes de la carrera fue clave para llegar juntas a la meta”, agregó Chiappero.
Díaz tiene 36 años, nació en San Luis capital y tuvo una infancia que transcurrió entre el barrio Sucre, con sus abuelos y su papá; y en el Cerro de la Cruz, junto a su mamá, su padrastro y sus hermanos. Tanto su abuela –ya jubilada- como su padre son enfermeros y de chica recuerda las reuniones médicas que su abuela tenía en el Policlínico de San Luis. “Crecer en ese entorno hizo que sintiera una profunda familiaridad y una gran vocación por la medicina. Llevo la salud en la sangre”, describió.
Tras terminar la secundaria en la Escuela Paula Domínguez de Bazán se fue a estudiar a Río Cuarto y luego a Villa María. Pese a que trabajó en clínicas cordobesas operando el resonador, su decisión fue regresar a San Luis. Es madre soltera de una nena de 6 años que se conformó en su “motor diario”.
Como Daniela, su cable a tierra es la actividad física –suele salir a correr por la ciclovía de la ruta 146- y también comparte con su amiga el objetivo de insertarse lo más rápido posible en el sistema de salud y continuar con las capacitaciones.
Chiappero, por su parte, tiene 34 años, le gusta participar de pruebas atléticas en representación de la agrupación “Rosendo Barroso” y aunque nació en Río Cuarto “mi verdadero hogar” es Justo Daract, donde se crió “en una familia colmada de afecto”. De abuelo conductor ferroviario, su familia paterna está ligada a la producción agropecuaria. “Esos valores y el arraigo a mi tierra influyeron profundamente en mi vocación de contribuir a la provincia”.
LA MEJOR OPCIÓN PARA VER NUESTROS CONTENIDOS
Suscribite a El Diario de la República y tendrás acceso primero y mejor para leer online el PDF de cada edición papel del diario, a nuestros suplementos y a los clasificados web sin moverte de tu casaMás Noticias
