15°SAN LUIS - Lunes 31 de Agosto de 2026

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El día que nadie esperaba

Esta columna comenzó a escribirse hace más de un mes, cerca del minuto 80 de un partido de Argentina en el último Mundial. La Selección perdía y una idea empezaba a flotar en el aire. La intención de aquellas primeras líneas fue conjurarla, que nunca se materialice.

 

Fue el 8 de julio de 2026. Lo primero que salió de mis dedos frente al teclado fue una sentencia: “No lo queremos creer. Ya no será. Casi como una estrella que se apaga”.

 

La fortuna, la zurda del 10 y el empuje de otros 25 estiraron la vida de aquella idea. Fue contra Suiza primero, contra los ingleses después y, finalmente, aquel 19 de julio. Pesada como era, la idea se mantuvo a flote hasta hoy. Hasta que Leo decidió mostrarle al mundo la carta que había escrito el 21 de julio.

 

La escribió apenas dos días después de no haber podido ganar la tercera final de un Mundial que disputó. Ya no era una posibilidad ni un plazo más o menos cercano, para él. Era una realidad.

 

La conocimos recién hoy.

 

En el medio el duelo. La certeza de que nada será como antes.

 

Como una estrella, se apagó. Antes brilló como nunca. Brilló para toda una generación a la que le regaló la épica futbolística que durante tantos años le envidiño a sus padres. A los que vieron a Kempes y al otro zurdo.

 

Desde ahora en adelante podremos decir que vimos a Messi con la camiseta argentina: la 15, la 16, la 18 y la diez. Que lo vimos intentarlo una vez y otra vez. Que lo vimos renunciar y volver. Que lo vimos agradecerle a Dios por ser argentino.

 

Ahora todo comienza a ser recuerdo. Uno de los lentes por los que una generación mirará su propio pasado. Volver sobre esos años y recordar que estuvimos ahí. Que lo vimos.

 

Quienes se enamoraron de la Pulga dirán que lo vieron ganarlo todo con el Barcelona. Que lo vieron ser criticado, también por este apenas periodista, por no cantar el himno o por no mostrar con la Selección lo mismo que hacía dos veces por semana en las canchas del fútbol europeo.

 

Dirán que lo vieron en 2006, cuando el planeta futbolero se preguntaba por qué había terminado en el banco aquel partido contra Alemania. En 2010, bajo el aura de Diego. En 2014, perdiendo una final que todavía hoy resulta inexplicable.

 

Y, desde entonces, Messi obsesionado con ganar con la Selección.

 

Lo logró.

 

Iluminó su legado ganando. Se dijo que el fútbol le debía aquella copa. Puede ser. Pero todavía no alcanzamos a comprender cuánto le debe cada uno.

 

Durante años ni se podía imaginarlo. Entendí que faltaba cada vez menos ese 8 de julio. Hasta que la idea dejó de flotar y cayó con todo su peso.

 

Llegó el día que nadie esperaba.

 

El día en que Lionel Messi dejó la Selección Argentina.

 

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