Para ver en acción el desarrollo del Plan Pasturas para mi Provincia hay que alejarse del asfalto. La maquinaria, que está en plena etapa de implantación, trabaja tierra adentro, en campos de difícil acceso ubicados en varios puntos de la provincia. Por eso, invitado por el programa Tecnificación Agropecuaria del Ministerio del Campo, este cronista y un fotógrafo se internaron en el San Luis profundo, en el norte árido donde la arena le compite a la tierra por la primacía de los suelos, y la vegetación autóctona es la dueña del paisaje con sus breas, chañares y jarillas inmensas, ganándole por mucho a las plantaciones como la soja, el maíz o el trigo, que son el fuerte económico de otras regiones pero aquí no podrían resistir el clima y la falta de precipitaciones.
Recorrimos la ruta 147 desde la salida de la capital puntana hasta La Chañarienta, donde se convierte en la ruta 20 y encara rumbo a San Juan bajo un cielo plomizo, que incluso dejó caer un poco de agua a la altura del paraje San Antonio. En ese punto doblamos a la derecha, como yendo hacia Luján, para luego internarnos otra vez camino al norte en cercanías del nuevo complejo penitenciario provincial, con las salinas de frente, por un camino arenoso bien trabajado por las máquinas viales. El punto de orientación es la reserva natural Quebracho de la Legua, recientemente inaugurado por la provincia. Vamos tranquilos y con rumbo cierto porque Juan González, con 30 años en el Ministerio del Campo y sus organismos antecesores, más que un chofer es un baqueano que nació allí en el norte, por lo que saluda a todos, conoce de quien es cada campo y aporta datos precisos de humedad, suelos y producción como el mejor ingeniero agrónomo.
En esta zona marginal manda la ganadería, una fuente posible de ingresos junto con la cría de algunas cabras, una actividad que tiene que luchar por la supervivencia, para sacar animales rústicos, criados a campo, caminadores y resistentes, porque sobra viento y falta agua, desborda el calor y no crece la comida suficiente.
Por eso el Plan Pasturas fue recibido con los brazos abiertos por los pequeños productores, gente sacrificada, nacida y criada en esos páramos fronterizos, que recibió esos campos de la generación anterior y está obligada a mantenerlos para que luego sus hijos puedan hacerse cargo. No ocurre en ninguna otra parte del país, que un gobierno apoye a la población rural con la implantación de pasturas megatérmicas sin costo alguno. Y revisando, tampoco pudimos encontrar en el mundo un plan que contemple todas las aristas, porque San Luis también se hace cargo de la contratación de la maquinaria a través de una tercerización, y también del monitoreo del proyecto con los técnicos del programa que conduce Martín Rodríguez, bien asistido por Agustín Martínez, jefe del área de Sanidad Vegetal, quien recorre desde hace dos meses, tras el lanzamiento del proyecto, todas las zonas donde comenzará a crecer el Buffel Grass o bien el Pasto Llorón, según haya detectado que prende mejor uno o el otro.
“Primero hicimos una recorrida exhaustiva por todas las zonas elegidas, para ver cómo se adaptaban las megatérmicas, en la mayoría vimos que el Buffel Grass andaba bien, incluso hay algunos lotes que los productores plantaron de manera privada, y en otras muy específicas se daba mejor el Llorón. Siempre depende de la cantidad de lluvias y de la temperatura durante todo el año”, explica Martínez, un ingeniero agrónomo cordobés que llegó hace un par de años a la provincia, seducido por las posibilidades de trabajar en el sector público que ofrece el Ministerio del Campo.
Ver en acción a los potentes tractores de la empresa mendocina Viciana, que ganó la licitación que organizó el Gobierno, es impactante. Con los motores acelerados a fondo, avanzan sobre la vegetación de monte cortando todo a su paso gracias a las enormes orugas metálicas que traccionan sin inconvenientes en cualquier terreno. Debajo va una enorme cuchilla de tres secciones que surca la tierra y oxigena las superficies arenosas, al tiempo que corta árboles y malezas en un recorrido circular que se va cerrando. Los árboles más añosos son respetados porque luego servirán de sombra para los animales.
Todo este proceso de rolado (no de desmonte, según aclaran Rodríguez y Martínez), fue consensuado primero con el Ministerio de Medio Ambiente, para evitar cualquier impacto nocivo para la naturaleza. Delante de la máquina van dos tachos sembradores, uno más grande que otro, que a medida que se produce el avance van echando las semillas a la superficie roturada en un ancho de entre siete y nueve metros, según el tractor, ya que trabajan tres equipos distintos en la zona. La empresa adjudicataria se encarga de la manutención de sus empleados, que duermen en casillas rodantes en los sitios donde están rolando y sembrando. La provisión de semillas la realiza la empresa cordobesa Sagra, quien entrega materia prima sin peletear, porque se llegó a la conclusión que es una variedad mejor para este plan.
Técnicamente, el norte de San Luis es una región árida subtropical, también conocida como Chaco Árido o Chaco Seco. Tiene un clima monzónico, con lluvias netamente estivales y valores pluviométricos que oscilan entre los 500 milímetros al este, en el Valle del Conlara, pero que decrecen hasta los 200 en el oeste, donde se realizó la primera apuesta de este ambicioso plan. No es casual que el Plan Pasturas haya comenzado por allí, una zona que tiene la cría de ganado como principal actividad en una zona ambientalmente frágil. La falta de lluvias, y su mala distribución durante el año, lleva a los productores a exceder la capacidad receptiva de sus campos, lo que significa que la carga animal por hectárea es superior a la correcta. Muchas veces lo hacen urgidos por la falta de pasturas y de aguadas, pero eso repercute de manera negativa en la producción. El Plan Pasturas fue ideado para superar la oferta forrajera escasa de la región y, de paso, conservar los recursos naturales, que ya no serán consumidos por la hacienda como hasta ahora.
“Lo ideal es una vaca cada cuatro o cinco hectáreas de manera permanente, pero no siempre se cumple. Y es fácil darse cuenta cuáles fueron los campos pastoreados en exceso, porque se ve que ya no crece nada, el suelo es pura arena, sólo hay renovales y malezas leñosas”, explica Rodríguez mientras durante el recorrido el paisaje nos muestra más espacios verdes de lo habitual debido a que los últimos dos años fueron, Niño mediante, benignos en cuanto al régimen de lluvias.
El Plan Pasturas fue presentado en sociedad el 5 de octubre en Sol Puntano, que aprovechó esa oportunidad para inaugurar el nuevo salón de Usos Múltiples. El interés de los productores quedó reflejado en que los 99 beneficiarios (97 particulares y las escuelas agrotécnicas de San Miguel y San Luis) estuvieron en la charla de capacitación del uso de las gramíneas para la alimentación del ganado de cría que brindó el especialista Víctor Iglesias. Según su cálculo, si el plan logra el desarrollo adecuado, “se incrementará en 15 kilos por hectárea la producción de carne en las zonas involucradas”.
La cantidad de hectáreas a implantar en cada establecimiento depende de las cabezas de ganado que tenga el productor. Es necesario que los beneficiarios estén registrados en el régimen de vacunación que lleva adelante el Senasa, que se conoce como Renspa (Registro Nacional Sanitario de Productores Pecuarios), lo que también motivó a “blanquear” algunos rodeos que estaban en la informalidad.
Quienes tengan entre 30 y 50 vacas recibirán pasturas para 10 hectáreas, los de 51 a 100 animales el doble y los que posean entre 101 y 250, tendrán 30 hectáreas de Buffel o Llorón para echarle sus madres. “Las megatérmicas te permiten hacer pasto diferido para el invierno, y en el período que va de la primavera al verano podés meter en el lote las vacas en plena lactancia, que es cuando más necesitan el forraje, y los terneros de destete”, explicó el especialista del ministerio.
Desconfiados por naturaleza, algunos hombres de campo dijeron que no a la chance de ingresar al plan en la etapa de los relevamientos y al ver ahora que las maquinarias llegaban junto con las semillas a los lotes de sus vecinos, se acercaron a los funcionarios para rever su postura, pero deberán esperar a un nuevo llamado, si es que se produce, ya con una nueva administración provincial. “Hubo de todo. Algunos que dijeron que no de entrada, otros que sí pero no creían que esto iba a pasar y finalmente los que apostaron de entrada. Lo cierto es que ya estamos ahí, rolando y sembrando las semillas para que dentro de un año tengan el primer Buffel listo”, reconoció Martínez, el encargado del trato cara a cara con la gente en los últimos dos meses.
Con las megatérmicas, la producción de forrajes en áreas deterioradas que hoy oscila entre 10 y 300 kilos se puede aumentar a un promedio de entre 1.500 y 3.000 por hectárea; lo que sube la receptividad ganadera, con un buen manejo, de una vaca a cuatro cada 25 hectáreas. También crecerá el índice de terneros logrados hasta un índice del 85% (hoy está entre 35 y 50%) y la producción de carne es la que registrará el mayor aumento, cercano al 360%, al pasar de cinco a 23 kilos por hectárea.
Las 40 localidades beneficiadas, algunas apenas mínimos parajes, son Balde de Azcurra, Balde de Quines, Candelaria, Chispicú, El Algarrobal, El Mollarcito, El Señuelo, La Bajada, La Leona, La Majada, Lomas Blancas, Luján, Pampa Grande, Pozo Cavado, Pozo del Molle, Puesto Balzora, Quines, Río de Gómez, San Francisco, San Roque, Santa Rosa del Cantantal, Las Ramaditas, Villa General Roca, San Jerónimo, Pozo del Tala, Toro Negro, El Recodo, El Barrial, Pozo del Espinillo, Jarilla, Las Quijadas, Los Cajones, La Represita, La Toma, El Mataco, Desaguadero, Alto Pencoso, Villa de Praga y San Isidro. Entre todas sumarán 1.800 hectáreas sembradas y 12 mil animales para poder pastorearlas.
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