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Alumnos del colegio ex industrial le cumplieron el sueño a Mateo

Tal como lo habían prometido, este miércoles le entregaron la bicicleta adaptada al niño de cuatro años. Ahora la mamá del nene podrá montar la silla de ruedas en la bici para transportarlo. 

Por Ayelen Anzulovich
| 20 de diciembre de 2017
Complicidad. La mamá de Mateo mira emocionada a su hijo en la silla de ruedas . Foto: Leandro Cruciani

Finalmente ayer  (miércoles) le cumplieron el sueño a Mateo Quiroga de cuatro años, quien tiene problemas motrices.  Rocío Villanon, Ezequiel Pedernera y Emilio Perez, alumnos de la Escuela "Domingo Faustino Sarmiento", ex Industrial, le entregaron una bicicleta adaptada para que se pueda transportar con facilidad.

 

Después de largas jornadas de trabajo llegó el día que tanto estaban esperando: poder entregarle a Mateo la bicicleta que le habían prometido. Rocío, Ezequiel y Emilio fueron los primeros en llegar, estuvieron hasta último momento haciéndole retoques, no querían dejar nada librado a la suerte.

 

A las cuatro de la tarde empezaron a verse los primeros invitados, nadie se quería perder la oportunidad de disfrutar de este emotivo momento. La música sonaba, el ambiente era festivo y por un largo pasillo de la escuela se pudo ver una parte de la bici. Emilio con cara de felicidad fue el encargado de llevarla hasta el centro del salón. Todos quedaron boquiabiertos al verla. Brillaba, parecía que la hubieran lustrado. El color rojo era intenso como el de un corazón.

 

Pasadas las cinco finalmente Mateo entró en su silla de ruedas. No entendía nada, todos los saludaban y el solamente buscaba la mirada cómplice de su mamá, Paula Catanea, que con una caricia que le hizo en la cabeza supo que todo estaba bien. “Ya le dije a su hermano que esta noche salen los dos a dar una vueltita”, expresó Paula emocionada, quien no paraba de decir que estaba agradecida por el esfuerzo de los chicos. “Es increíble lo que hicieron. En vez de estar de vacaciones disfrutando con sus amigos, prefirieron quedarse trabajando. La verdad que es para destacar”, resaltó.

 

Paula no pudo contener las lágrimas, la emoción que sentía era muy fuerte, abrazaba a su hijo y sonreía. “Me acuerdo la primera vez que se subió a la bici. Fue en la exposición que hizo el colegio en la Plaza Pringles. Al principio tuvo miedo, pero después se tranquilizó y lo pudo disfrutar”, destacó la mamá y agregó que ahí fue donde los alumnos le preguntaron si quería que se la donaran. “Les dije que sí y que me cambiarían la vida porque con mi hijo tengo que hacer mucha fuerza y todo el tiempo vamos a rehabilitación. De esta manera vamos a andar más cómodos”, manifestó.

 

Desde hace un mes que las máquinas del taller de la ex Industrial trabajan sin parar. Los tres estudiantes no perdieron el tiempo y consiguieron el objetivo que se habían propuesto: poder verlo sonreír a Mateo. “Hoy es un día muy importante para nosotros, al final pudimos cumplir con lo que nos propusimos que es darle la bici al pequeño y a su mamá”, subrayó Rocío, quien con los ojos vidriosos miró a Ezequiel y también a Enzo que estaban a su lado.

 

“Estaba muy nervioso. Estos dos días han sido agotadores pero los más felices porque sabía que lo que estábamos haciendo era para alguien que lo necesitaba”, señaló con una gran sonrisa Enzo. A su lado, Ezequiel, que estaba emocionado, expresó: “La cara de felicidad de Mateo nos reconforta todos los días de trabajo que tuvimos en el taller”, indicó.

 

Enzo fue el encargado de llevar a Mateo a dar una vueltita por el SUM de la escuela. La bici roja estaba esperando al pequeño. Los chicos sacaron la rampa y subieron la silla de ruedas, le pusieron el cinturón de seguridad, controlaron que estuviera bien sujetado y salieron a rodar. Todos miraban con atención lo que estaba sucediendo, más de uno no pudo contener las lágrimas. El pequeño estaba asustado, pero después de unos segundos lo empezó a disfrutar. “Es increíble lo que está sucediendo”, dijo Enzo, que comentó que es muy fácil de manejar y liviana. “Le pusimos cambios, tiene espejos y luces así la pueda usar en cualquier momento del día. También la puede desmontar para transportarla a cualquier lugar”.

 

No sólo los estudiantes trabajaron en este proyecto, sino que también contaron con la ayuda y el seguimiento de los profesores que los acompañaron en cada paso que daban. Rubén Falvo y Osvaldo Moreira fueron parte de esta gran cadena. “Es una gran satisfacción verla terminada”, destacó Falvo, quien detalló que ese mismo día a la mañana había visto a la mamá de Mateo empujando la silla de ruedas. “Ojalá esto le cambie la vida y yo creo que será así, es emocionante”, señaló.

 

“El trabajo que hicieron los chicos es lo más loable, en realidad es amor al prójimo, porque lo más valioso que tiene el ser humano es el tiempo y los niños le dedicaron prácticamente un mes entero. Ellos podrían haber estado haciendo otra cosa, pero sin embargo se lo dedicaron a este proyecto”, destacó Moreira.

 

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