El momento de mayor fervor de los promesantes que van a Villa de la Quebrada es recorrer las 14 estaciones que tiene el Vía Crucis sierra arriba. Las impresionantes figuras de tamaño real de mármol de Carrara y la majestuosidad de los paisajes en las alturas, combina armoniosamente distensión y religiosidad. Pero la mística y el sentido espiritual no existiría sin los fieles y devotos de todo el país, que año tras año caminan los senderos de las mil maneras y motivos que cualquiera puede imaginar. Algunos descalzos, o de rodillas, en silla de ruedas, en familia. Otros se sientan en el piso en alguna estación a la espera de que un alma de las cientas que pasan, les entregue una limosna a cambio de una estampita. Pero siempre guiados por una motivación, puede ser un pedido, o devolver un "favor concedido", como rezan muchas de las placas en nombre del Señor de la Quebrada.
Al pie del arco que da la bienvenida al camino de la cruz una pareja de la tercera edad con su perro, admiraban el lugar. "Tenía muchísimas ganas de conocerlo y se me dio", exclamó Juana. Tuvo poliomielitis a los 6 meses, lo que la destinó a una vida en muletas y en silla de ruedas. Con 74 años recién cumplidos Juana vive su vida plena en compañía de su marido Pedro y su perra Muleta. " Dios me dio un desafío muy grande en mi vida. Yo le clamaba al Señor porque vivía muy solita, le pedía que me diera un compañero, uno bueno y me lo puso ahí. Ahora cumplimos 10 años juntos", recordó.
Como muchos visitantes, Juana y Pedro, frecuentan diferentes fiestas religiosas. La pareja de Mendoza, visitó la Difunta Correa antes de llegar a San Luis. "Acá no podíamos faltar, para mí es bellísimo en todo sentido, desde la fiesta hasta la presencia del Cristo", dijo Pedro.
Unas estaciones más arriba, estaba la tucumana Ana María, sentada de espaldas al precipicio y frente a la figura de Jesús y su madre. Con una caja de zapatos llena de billetes de $5 y $10, entregaba estampitas de San Expedito "a consideración". Sus visitas a la Villa se remontan 50 años atrás cuando la traía su mamá. Es descendiente de rumanos, y entre sus costumbres nómades está visitar cuanta festividad se presente en el país, pero siempre que sean religiosas, dijo y se declaró "muy católica". En el pueblo, estaban sus nietos y un bisnieto que la acompañaron. "Ellos venden pizzeras, y recipientes de plástico. Con eso vamos viajando, y lo hacemos todo el año. La próxima parada es Santiago del Estero, hay varias fiestas religiosas en mayo", contó Ana.
Con los pies descalzos y a paso lento, Mirta Escudero de San Luis, cumplió una promesa que le hizo al Señor de la Quebrada hace un par de años. "Se lo debía, porque antes de nacer mi nieto le pedí que todo saliera bien, y se dio así. Y también por otro de mis nietos que tuvo un problema al nacer, pero ahora está bien", aseguró. El bebé nació con Pie Bot, una alteración genética que se produce en el embarazo, por eso decidió cumplir y agradecer al Santo haciendo este sacrificio.
"Por ahora la llevo bien, ando medio floja para caminar descalza, pero me siento bien. Es maravilloso y estoy feliz", concluyó Mirta.
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