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¿Cómo sobreviven la música y el teatro a la economía?

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¿Cómo sobreviven la música y el teatro a la economía?

Miguel Garro

Desde que los precios aumentaron, los productores puntanos cambiaron las formas de generar espectáculos en la provincia. Algunos modificaron los formatos, otros achicaron los costos y otros, directamente se retiraron.

Las cíclicas crisis que afectan a la economía argentina tuvieron y tienen un sector especialmente castigado: el del entretenimiento. Es una regla que ante el ajuste, el público que en otro momento apartaba algo del sueldo para asistir a un espectáculo tiene que usar ese dinero para tapar los agujeros financieros que les deja la realidad.

La baja en la venta de entradas es sólo un costado de una situación que parece grave y sin síntomas de mejoría, al menos en el mediano plazo. Además del público, el enfriamiento de la actividad cultural tiene otros afectados: los productores de esos espectáculos, quienes ante la llegada de una banda o compañía teatral de otra provincia tienen que hacerse cargo de los pasajes (aéreos o terrestres), el hospedaje, la comida, el alquiler del lugar, la técnica, la seguridad, las habilitaciones municipales. Y recaudar sólo con la venta de entradas el dinero para costear todos esos gastos y rogar que, encima, les quede ganancia.

Paradójicamente, en la provincia hay una camada de productoras nuevas –por lo general encabezada por gente muy joven- que se tratan de hacer un lugar y de seguir con la gestión cultural en tiempo de crisis.

Uno de ellos es, o era, Domingo Beltramone, quien fue durante 15 años el dueño de “Panacea”, un bar emblemático que albergó a bandas de rock de todos los estilos. Cuando cerró el lugar atosigado por el aumento del alquiler y el desgaste propio, el productor fundó “Panacea nómade”, una empresa que organizó varios recitales, algunos con pérdidas catastróficas. Hastiado de eso, hace pocos meses “Mingo” se puso una pizzería.

 

En la provincia hay una camada de productoras nuevas que se tratan de hacer un lugar y de seguir con la gestión cultural en tiempo de crisis.

 

“La situación está terrible, estoy cansado de perder plata. Los lugares para hacer los recitales cobran fortunas, el sonido está carísimo, nos exigen que pongamos vallado y otros gastos que rondan los 50 mil pesos. Si a eso le sumamos que el artista cobra 70 mil, hay, de mínima, 120 mil pesos que cubrir con la entrada. Así es muy difícil”, dijo, quien a mediados de este mes organizó la llegada de “Bulldog”, en el que fue posiblemente su último recital.

El joven gestor se apoyó para trabajar en el segmento del rock duro y de esa manera recortó su campo de acción, algo que no cree que lo haya perjudicado. “El recital en el que mejor me fue el de Malón, una banda re heavy”, recordó.

Otra productora que se enfrascó en un género determinado, y por ende en un público, es “Inkieta”, propiedad de Erica Laporte, quien está conforme con la respuesta de los puntanos en el indie, aunque reconoce el mal momento general. “En los tres años que estoy al frente de la productora, ninguno fue tan duro como este. Todo aumentó, menos el precio de las entradas”, dijo la también dueña de “Minga”, el bar que está en la Avenida del Fundador.

“Fue un trabajo arduo –remarcó la joven-, pero creo que conseguimos formar un público que antes no existía”. La referencias es a adolescentes dispuestos a pedirle a sus padres o, de alguna otra manera, a juntar dinero para ver a “Usted señálemelo”, “Perras on the beach”, “Bándalos chinos” y otras bandas similares que pasaron por San Luis este año.

La voz de la experiencia en el rubro la tienen los hermanos Diego y Víctor Sosa, villamercedinos, y hace 20 años productores de algunos de los espectáculos más importantes de la provincia. De hecho, el recital que en abril pasado dio “La renga” en La Pedrera –que con 35.600 personas fue el más concurrido del año y posiblemente de la década- fue su responsabilidad.

Dueños de Diego Sosa Manager Group, los empresarios coinciden en que el 2018 fue el peor año de los últimos 15 para producir espectáculos. “Nos estamos moviendo con mucha cautela porque la situación es muy complicada”, dijo Víctor sentando en un bar de su ciudad.

Ante la situación, la empresa está cambiando formatos de negocios, achicando gastos y buscando el equilibrio entre artistas y productores. “Antes nos hacíamos cargo de todos los gastos de los artistas, en los últimos meses hemos conseguido que algunos se paguen la comida”, informó Sosa, quien dijo que el elenco de Magnífica -25 personas que vinieron a principios de este mes- y Cacho Buenaventura aceptaron pagarse sus provisiones.

En el humorista cordobés, Víctor encontró un buen ejemplo para demostrar la baja de la venta de entradas. “El año pasado, Cacho dio dos funciones en Villa Mercedes y dos en San Luis, a sala llena. Este año, en ninguna de las ciudades metió más de 200 personas”, ejemplificó el productor, quien, de puro observador, sabe gracias a Buenaventura cuál fue el público más afectado. “En los shows de Cacho era muy común ver a gente mayor, de una buena posición económica; y al obrero que se guardaba unos pesos para reírse un poco. Ahora, el obrero no tiene plata para ir al teatro”, concluyó.

Por política empresarial, Diego y Víctor –acaso los únicos productores de la provincia con peso entre sus colegas de Buenos Aires- tienen el lema de no arriesgar. “Nosotros hacemos coproducciones –sintetizó el menor de los hermanos-, no pagamos cachet fijo, la recaudación la dividimos de acuerdo al trato y si perdemos, perdemos los dos”.

Para Laporte, quien supo trabajar en la productora de los hermanos Sosa, arriesgarse en esta época es complicado porque “si te va mal dos veces seguidas, no te da forma de seguir con la rueda”. Sin embargo, la joven algunas veces trabaja a cachet con el artista.

Ante el estado de incertidumbre que se vive en la economía, Diego Sosa Manager Group rechazó una serie de ofertas que, si bien eran de calidad, no podían garantizar el mínimo de recaudación para cubrir los gastos. “Lo hacemos para no arruinar el mercado”.

Otro que sintió el cimbronazo fue Ricardo Barbeito, quien hace dos años irrumpió con “El picahueso”, una productora que trajo números de incuestionable calidad, no tan populares, pero que, sin embargo, habían conseguido reunir un público estable. La clave para eso fue el apoyo de organismos oficiales.

Al mismo tiempo que se cerró la canilla, “El picahueso” dejó de cantar. “Está muy complicada la situación y hay que parar la olla. Queremos barajar y dar de nuevo, pero la vemos muy difícil”, dijo el productor, quien priorizó su carrera como cantante, abogado y funcionario público.

Barbeito calculó que para traer un espectáculo de los que acostumbra hay que pensar en, por lo menos, 20 mil pesos de gastos si es un lugar chico. “Nos obligan a vender 200 entradas de artistas que en la provincia no tienen esa convocatoria”, resumió Ricardo.

Así como el cuarteto tiene su propia lógica, el mercado de la bailanta también se mueve a ritmos distintos. Roberto “Gringo” Ambroggio es un experimentado productor villamercedino que tiene entre sus medallas ser el único que consiguió que Carlos “La Mona” Jiménez tocara un sábado en una provincia que no fuera Córdoba. “Somos muy amigos”, se limitó a explicar.

Sin embargo, hay una historia detrás de esa relación. En 2001, “El Gringo” llevó a la “La Mona” a un galpón bailable de la calle Pringles, en Mercedes, donde ahora hay un depósito de motos y no fueron más de 200 personas. Cuando lo vio amargado por la situación, el cantante se acercó al productor y le dijo una frase que todavía resuena en la cabeza de Ambroggio: “El cuarteto siempre da revancha”.

Un baile con un grupo tropical ofrece más horas de diversión que un recital (los conciertos a lo sumo duran dos horas, en cambio pagar una entrada para un show de cuarteto habilita a pasar toda la noche en el lugar) y a la vez el precio de la entrada es sensiblemente más barato: si un recital de rock no baja de los 500 pesos, el cuarteto mantiene hace años el tope de 250 pesos. Pese a eso, Roberto coincide en que la situación es mala. “Hasta en Córdoba se siente la baja de venta de entradas, es un problema de todo el país”, dijo el productor, quien aseguró que desde que la crisis quedó formalmente instalada en el país hay un dato que le preocupa: antes, de los dos espectáculos por mes que hacía, el público elegía los dos. Ahora debe optar por uno.

La medicina que tiene Ambroggio para esa enfermedad es seguir trabajando. “Siempre apostamos a que la gente se divierta. Llevo una vida haciendo esto”, dijo el empresario que llevó a Mercedes a Ulises Bueno, “La Mona”, Damián Córdoba, “El loco” Amato y ya tiene anunciado para dentro de poco a Damas gratis, El Duki y una grabación de “Pasión de sábado”.

A quien la crisis parece no afectarle en absoluto es a Jorge Fernández, dueño de “All right” y del secreto que desvela al público afecto a las salidas. ¿Cómo hace un bar más bien pequeño de la avenida Illia para llevar espectáculos todos los fines de semana? La respuesta que da el propietario es simple y directa: a él, los números le cierran y piensa seguir apostando. De hecho, hace pocas semanas abrió otro local que promete más recitales.

“El secreto es trabajar, tener buen trato con los artistas y con el público y colaborar con productores de otras provincias para abaratar costos y hacer que el viaje no sea por una sola presentación”, sostuvo el dueño, que tiene además otros conceptos: conocer los gustos de los espectadores, hacer una rotación de estilos musicales y saberlos ubicar en el momento justo.

Al tocar también su local el negocio gastronómico, Fernández tiene otro punto de recaudación que, en muchos casos, es mayor que lo que le queda limpio de las entradas.

Nieto de Agustín Pollo, el mítico dueño de “La bailanta del Pollo”, un lugar de la avenida Sarmiento que vio crecer a Alcides, Roberto Borelli y Luis Soloa, Fernández considera que el armado de un circuito con bares en Río Cuarto, Villa Mercedes, Córdoba, Mendoza y San Juan colaboró para el desarrollo de su negocio.

No obstante, el empresario reconoció que no siempre transitó un camino de éxitos. Cuando inició con All right fue más bien austero con bandas locales en el escenario y en las dos primeras incursiones en la producción nacional –con Gaspar Benegas y “Lolo” de “Miranda”- salió perdiendo.

Como el negocio creció y Fernández vio la posibilidad de traer bandas más grandes que sobrepasaban la capacidad de su bar, abrió otro lugar en el sur de la ciudad, “Zona azul”. “Lo hice porque siempre quise sentir que la producción era totalmente mía; si hubiera alquilado un lugar para traer, por ejemplo, a Las Pelotas, hubiera sentido que el trabajo no era totalmente mío”.

Con dosis iguales de rock, folclore, tango y stand up, Fernández no duda en asociarse con otros productores y dice que más que la crisis económica lo afectó durante el verano el corte de la avenida Illia que dispuso la Intendencia.

Si hubiera que calificar a Anahí Viteri en algún rubro de los productores, sería en el de la entusiasta. Este año, la joven –especialista en Comunicación, como Laporte- lanzó “Río, ideas en movimiento” y posibilitó la llegada de Aca Seca Trío. Si bien las expectativas de público eran un poco mayores, el resultado final dejó conforme a la incipiente empresaria.

“Hay un cambio de paradigma – dice la productora- y de gustos. Hay mucha gente que empieza a valorar otro tipo de música. Eso es lo mejor que está pasando en la provincia ahora; están funcionando espectáculos que antes no hubieran funcionado”.

Viteri está decidida a hacer su camino por fuera de la punta comercial, más cercano a artistas independientes. Y quiere aprovechar a ese público nuevo, que se forja al calor de grupos folclóricos que recorren el país con poco presupuesto, para tomar el impulso necesario. La joven dice que se siente muy motivada por la actividad, por más que tenga que superar de barreras de todo tipo: burocráticas, económicas, artísticas.

“A nivel económico es un camino que va lento y hay que hacerlo con paciencia y con amor”, dijo la productora que planea para dentro de poco la visita de Loli Molina, Ica Novo y Franco Luciani.

Más estudiosa de las costumbres de los puntanos a la hora de elegir un entretenimiento, Anahí cree que ahora el público tiene una formación y una información musical y hasta un segmento más de adulto, de entre 50 y 60 años, cambió la cena en un restaurante de cubiertos caros, por otros de propuestas gastronómicas más económicas, pero que tengan un atractivo musical.

Hace dos años, Fernando Carrizo fundó en Villa Mercedes “León de piedra”, una productora que sintió la recesión ante la suba de precios de los proveedores (hoteles, pasajes, restós) y el cuidado del billete por parte del consumidor. “Los recitales y el teatro se vieron muy perjudicados por las medidas económicas. Por ahora, preferimos no hacer tantas”, dijo.

El empresario se especializa en stand up porque los gastos son sensiblemente inferiores a si tuviera que producir a una banda. Cuando lo hizo, como el mes pasado con Los Huayra en La Pedrera, no le fue tan bien.

Para Beltramone, la clave es tener un espacio propio para evitar pagar el alquiler, uno de los gastos más altos para cualquier productor in dependiente. Allí se entiende el buen pasar de Jorge Fernández y el buen posicionamiento que tienen lugares como, por ejemplo, “El Bochinche”, en Villa Mercedes, para quienes el año fue especialmente convulsionado por la crisis y porque una clausura municipal les impidió trabajar durante algunas semanas. “Por un lado se nota una merma del público, pero también es cierto que se manejan otros tiempos de producción”, dijo Marina Vicens, una de las dueñas del sitio que si bien no tiene grandes números, suele hacerse cargo de la estadía y de la comida de quienes tocan allí.

El viernes que se disparó el dólar y la incertidumbre se apoderó nuevamente de la economía argentina, en “All right” la gente empezó a llegar más tarde y en “El Bochinche” estuvo lleno. “La lectura que hago –dijo Marina- es que la gente ante situaciones tan desagradables elige salir y distraerse”.

La proliferación de espacios dispuestos a recibir artistas de todo el país hicieron de la provincia una escala obligada de cantantes y grupos que si bien no son los que llenan estadios, tienen la capacidad de meter entre 100 y 200 personas por noche. “Una banda, chica, que consigue esa gente en la provincia es una banda exitosa”, coinciden Viteri, Laporte y Vicens. En cambio, por la estructura de espectáculos, los hermanos Sosa, Ambroggio y Fernández se mueven entre números más altos.

Lo que no cambia demasiado es la metodología. En muchos casos los artistas o sus managers llaman a los productores locales para avisarles que están disponibles para una gira. O son los propios gestores de San Luis los que huelen algún número que consideran puede ser convocante y empiezan a llamar para organizar la fecha. “En ese caso, los costos que te piden son otros”, explicó Laporte.

Entre esas negociaciones hay cientos de anécdotas que las convierten en eso: negociaciones donde todos quieren ganar y nadie quiere perder. “Hay un artista que primero me pidió para venir a tocar 35 mil pesos y cuando le dije que era muy caro, se bajó a 12 mil”, dijo un empresario. Erica, por su parte, contó que este año tenía la chance de repetir la visita de Skay Beilinson pero los pasajes en avión y el hotel cuatro estrellas para 15 personas que exigía el ex guitarrista de “Los redonditos de ricota” fueron mucho para su presupuesto.

Así como Viteri y Marina reconocen que hay un marcado interés por un segmento de artistas de venir a la provincia, Erica aseguró que cuando empezó, muchas bandas le manifestaron su negativa de venir a San Luis ante la perspectiva de que fuera una plaza chica, sin tanto público para propuestas under. “Eso ha cambiado mucho”, dijo la dueña de Inkieta, que tiene el objetivo de traer, algún día a “El kuelgue”, Alejandro Dolina y a “Los espíritus” por tercera vez.

“Yo creo que son muchos los músicos que quieren venir a tocar a la provincia, pero nos perdemos muchas oportunidades si no vienen en una gira que abarque Córdoba o Mendoza”, dijo Carrizo, en una mecánica de negocio en la que caen también Diego Sosa, Jorge Fernández, Vicens, Viteri pero rara vez Ambroggio: lo dicho, el cuarteto tiene sus propios tiempos.

Quizá porque ya se sabe alejado del negocio, Beltramone tiene otra perspectiva, nada optimista. “Los productores somos los que más trabajamos y los que menos plata ganamos: además asumimos las mayores responsabilidades; si pasa algo en un show, la culpa siempre es el del productor”.              

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¿Cómo sobreviven la música y el teatro a la economía?

Desde que los precios aumentaron, los productores puntanos cambiaron las formas de generar espectáculos en la provincia. Algunos modificaron los formatos, otros achicaron los costos y otros, directamente se retiraron.

En abril  “La renga”  llevó a La Pedrera más de 35.600 personas, convirtiéndose en el show más concurrido del año.  Foto: Nicolás Varvara.

Las cíclicas crisis que afectan a la economía argentina tuvieron y tienen un sector especialmente castigado: el del entretenimiento. Es una regla que ante el ajuste, el público que en otro momento apartaba algo del sueldo para asistir a un espectáculo tiene que usar ese dinero para tapar los agujeros financieros que les deja la realidad.

La baja en la venta de entradas es sólo un costado de una situación que parece grave y sin síntomas de mejoría, al menos en el mediano plazo. Además del público, el enfriamiento de la actividad cultural tiene otros afectados: los productores de esos espectáculos, quienes ante la llegada de una banda o compañía teatral de otra provincia tienen que hacerse cargo de los pasajes (aéreos o terrestres), el hospedaje, la comida, el alquiler del lugar, la técnica, la seguridad, las habilitaciones municipales. Y recaudar sólo con la venta de entradas el dinero para costear todos esos gastos y rogar que, encima, les quede ganancia.

Paradójicamente, en la provincia hay una camada de productoras nuevas –por lo general encabezada por gente muy joven- que se tratan de hacer un lugar y de seguir con la gestión cultural en tiempo de crisis.

Uno de ellos es, o era, Domingo Beltramone, quien fue durante 15 años el dueño de “Panacea”, un bar emblemático que albergó a bandas de rock de todos los estilos. Cuando cerró el lugar atosigado por el aumento del alquiler y el desgaste propio, el productor fundó “Panacea nómade”, una empresa que organizó varios recitales, algunos con pérdidas catastróficas. Hastiado de eso, hace pocos meses “Mingo” se puso una pizzería.

 

En la provincia hay una camada de productoras nuevas que se tratan de hacer un lugar y de seguir con la gestión cultural en tiempo de crisis.

 

“La situación está terrible, estoy cansado de perder plata. Los lugares para hacer los recitales cobran fortunas, el sonido está carísimo, nos exigen que pongamos vallado y otros gastos que rondan los 50 mil pesos. Si a eso le sumamos que el artista cobra 70 mil, hay, de mínima, 120 mil pesos que cubrir con la entrada. Así es muy difícil”, dijo, quien a mediados de este mes organizó la llegada de “Bulldog”, en el que fue posiblemente su último recital.

El joven gestor se apoyó para trabajar en el segmento del rock duro y de esa manera recortó su campo de acción, algo que no cree que lo haya perjudicado. “El recital en el que mejor me fue el de Malón, una banda re heavy”, recordó.

Otra productora que se enfrascó en un género determinado, y por ende en un público, es “Inkieta”, propiedad de Erica Laporte, quien está conforme con la respuesta de los puntanos en el indie, aunque reconoce el mal momento general. “En los tres años que estoy al frente de la productora, ninguno fue tan duro como este. Todo aumentó, menos el precio de las entradas”, dijo la también dueña de “Minga”, el bar que está en la Avenida del Fundador.

“Fue un trabajo arduo –remarcó la joven-, pero creo que conseguimos formar un público que antes no existía”. La referencias es a adolescentes dispuestos a pedirle a sus padres o, de alguna otra manera, a juntar dinero para ver a “Usted señálemelo”, “Perras on the beach”, “Bándalos chinos” y otras bandas similares que pasaron por San Luis este año.

La voz de la experiencia en el rubro la tienen los hermanos Diego y Víctor Sosa, villamercedinos, y hace 20 años productores de algunos de los espectáculos más importantes de la provincia. De hecho, el recital que en abril pasado dio “La renga” en La Pedrera –que con 35.600 personas fue el más concurrido del año y posiblemente de la década- fue su responsabilidad.

Dueños de Diego Sosa Manager Group, los empresarios coinciden en que el 2018 fue el peor año de los últimos 15 para producir espectáculos. “Nos estamos moviendo con mucha cautela porque la situación es muy complicada”, dijo Víctor sentando en un bar de su ciudad.

Ante la situación, la empresa está cambiando formatos de negocios, achicando gastos y buscando el equilibrio entre artistas y productores. “Antes nos hacíamos cargo de todos los gastos de los artistas, en los últimos meses hemos conseguido que algunos se paguen la comida”, informó Sosa, quien dijo que el elenco de Magnífica -25 personas que vinieron a principios de este mes- y Cacho Buenaventura aceptaron pagarse sus provisiones.

En el humorista cordobés, Víctor encontró un buen ejemplo para demostrar la baja de la venta de entradas. “El año pasado, Cacho dio dos funciones en Villa Mercedes y dos en San Luis, a sala llena. Este año, en ninguna de las ciudades metió más de 200 personas”, ejemplificó el productor, quien, de puro observador, sabe gracias a Buenaventura cuál fue el público más afectado. “En los shows de Cacho era muy común ver a gente mayor, de una buena posición económica; y al obrero que se guardaba unos pesos para reírse un poco. Ahora, el obrero no tiene plata para ir al teatro”, concluyó.

Por política empresarial, Diego y Víctor –acaso los únicos productores de la provincia con peso entre sus colegas de Buenos Aires- tienen el lema de no arriesgar. “Nosotros hacemos coproducciones –sintetizó el menor de los hermanos-, no pagamos cachet fijo, la recaudación la dividimos de acuerdo al trato y si perdemos, perdemos los dos”.

Para Laporte, quien supo trabajar en la productora de los hermanos Sosa, arriesgarse en esta época es complicado porque “si te va mal dos veces seguidas, no te da forma de seguir con la rueda”. Sin embargo, la joven algunas veces trabaja a cachet con el artista.

Ante el estado de incertidumbre que se vive en la economía, Diego Sosa Manager Group rechazó una serie de ofertas que, si bien eran de calidad, no podían garantizar el mínimo de recaudación para cubrir los gastos. “Lo hacemos para no arruinar el mercado”.

Otro que sintió el cimbronazo fue Ricardo Barbeito, quien hace dos años irrumpió con “El picahueso”, una productora que trajo números de incuestionable calidad, no tan populares, pero que, sin embargo, habían conseguido reunir un público estable. La clave para eso fue el apoyo de organismos oficiales.

Al mismo tiempo que se cerró la canilla, “El picahueso” dejó de cantar. “Está muy complicada la situación y hay que parar la olla. Queremos barajar y dar de nuevo, pero la vemos muy difícil”, dijo el productor, quien priorizó su carrera como cantante, abogado y funcionario público.

Barbeito calculó que para traer un espectáculo de los que acostumbra hay que pensar en, por lo menos, 20 mil pesos de gastos si es un lugar chico. “Nos obligan a vender 200 entradas de artistas que en la provincia no tienen esa convocatoria”, resumió Ricardo.

Así como el cuarteto tiene su propia lógica, el mercado de la bailanta también se mueve a ritmos distintos. Roberto “Gringo” Ambroggio es un experimentado productor villamercedino que tiene entre sus medallas ser el único que consiguió que Carlos “La Mona” Jiménez tocara un sábado en una provincia que no fuera Córdoba. “Somos muy amigos”, se limitó a explicar.

Sin embargo, hay una historia detrás de esa relación. En 2001, “El Gringo” llevó a la “La Mona” a un galpón bailable de la calle Pringles, en Mercedes, donde ahora hay un depósito de motos y no fueron más de 200 personas. Cuando lo vio amargado por la situación, el cantante se acercó al productor y le dijo una frase que todavía resuena en la cabeza de Ambroggio: “El cuarteto siempre da revancha”.

Un baile con un grupo tropical ofrece más horas de diversión que un recital (los conciertos a lo sumo duran dos horas, en cambio pagar una entrada para un show de cuarteto habilita a pasar toda la noche en el lugar) y a la vez el precio de la entrada es sensiblemente más barato: si un recital de rock no baja de los 500 pesos, el cuarteto mantiene hace años el tope de 250 pesos. Pese a eso, Roberto coincide en que la situación es mala. “Hasta en Córdoba se siente la baja de venta de entradas, es un problema de todo el país”, dijo el productor, quien aseguró que desde que la crisis quedó formalmente instalada en el país hay un dato que le preocupa: antes, de los dos espectáculos por mes que hacía, el público elegía los dos. Ahora debe optar por uno.

La medicina que tiene Ambroggio para esa enfermedad es seguir trabajando. “Siempre apostamos a que la gente se divierta. Llevo una vida haciendo esto”, dijo el empresario que llevó a Mercedes a Ulises Bueno, “La Mona”, Damián Córdoba, “El loco” Amato y ya tiene anunciado para dentro de poco a Damas gratis, El Duki y una grabación de “Pasión de sábado”.

A quien la crisis parece no afectarle en absoluto es a Jorge Fernández, dueño de “All right” y del secreto que desvela al público afecto a las salidas. ¿Cómo hace un bar más bien pequeño de la avenida Illia para llevar espectáculos todos los fines de semana? La respuesta que da el propietario es simple y directa: a él, los números le cierran y piensa seguir apostando. De hecho, hace pocas semanas abrió otro local que promete más recitales.

“El secreto es trabajar, tener buen trato con los artistas y con el público y colaborar con productores de otras provincias para abaratar costos y hacer que el viaje no sea por una sola presentación”, sostuvo el dueño, que tiene además otros conceptos: conocer los gustos de los espectadores, hacer una rotación de estilos musicales y saberlos ubicar en el momento justo.

Al tocar también su local el negocio gastronómico, Fernández tiene otro punto de recaudación que, en muchos casos, es mayor que lo que le queda limpio de las entradas.

Nieto de Agustín Pollo, el mítico dueño de “La bailanta del Pollo”, un lugar de la avenida Sarmiento que vio crecer a Alcides, Roberto Borelli y Luis Soloa, Fernández considera que el armado de un circuito con bares en Río Cuarto, Villa Mercedes, Córdoba, Mendoza y San Juan colaboró para el desarrollo de su negocio.

No obstante, el empresario reconoció que no siempre transitó un camino de éxitos. Cuando inició con All right fue más bien austero con bandas locales en el escenario y en las dos primeras incursiones en la producción nacional –con Gaspar Benegas y “Lolo” de “Miranda”- salió perdiendo.

Como el negocio creció y Fernández vio la posibilidad de traer bandas más grandes que sobrepasaban la capacidad de su bar, abrió otro lugar en el sur de la ciudad, “Zona azul”. “Lo hice porque siempre quise sentir que la producción era totalmente mía; si hubiera alquilado un lugar para traer, por ejemplo, a Las Pelotas, hubiera sentido que el trabajo no era totalmente mío”.

Con dosis iguales de rock, folclore, tango y stand up, Fernández no duda en asociarse con otros productores y dice que más que la crisis económica lo afectó durante el verano el corte de la avenida Illia que dispuso la Intendencia.

Si hubiera que calificar a Anahí Viteri en algún rubro de los productores, sería en el de la entusiasta. Este año, la joven –especialista en Comunicación, como Laporte- lanzó “Río, ideas en movimiento” y posibilitó la llegada de Aca Seca Trío. Si bien las expectativas de público eran un poco mayores, el resultado final dejó conforme a la incipiente empresaria.

“Hay un cambio de paradigma – dice la productora- y de gustos. Hay mucha gente que empieza a valorar otro tipo de música. Eso es lo mejor que está pasando en la provincia ahora; están funcionando espectáculos que antes no hubieran funcionado”.

Viteri está decidida a hacer su camino por fuera de la punta comercial, más cercano a artistas independientes. Y quiere aprovechar a ese público nuevo, que se forja al calor de grupos folclóricos que recorren el país con poco presupuesto, para tomar el impulso necesario. La joven dice que se siente muy motivada por la actividad, por más que tenga que superar de barreras de todo tipo: burocráticas, económicas, artísticas.

“A nivel económico es un camino que va lento y hay que hacerlo con paciencia y con amor”, dijo la productora que planea para dentro de poco la visita de Loli Molina, Ica Novo y Franco Luciani.

Más estudiosa de las costumbres de los puntanos a la hora de elegir un entretenimiento, Anahí cree que ahora el público tiene una formación y una información musical y hasta un segmento más de adulto, de entre 50 y 60 años, cambió la cena en un restaurante de cubiertos caros, por otros de propuestas gastronómicas más económicas, pero que tengan un atractivo musical.

Hace dos años, Fernando Carrizo fundó en Villa Mercedes “León de piedra”, una productora que sintió la recesión ante la suba de precios de los proveedores (hoteles, pasajes, restós) y el cuidado del billete por parte del consumidor. “Los recitales y el teatro se vieron muy perjudicados por las medidas económicas. Por ahora, preferimos no hacer tantas”, dijo.

El empresario se especializa en stand up porque los gastos son sensiblemente inferiores a si tuviera que producir a una banda. Cuando lo hizo, como el mes pasado con Los Huayra en La Pedrera, no le fue tan bien.

Para Beltramone, la clave es tener un espacio propio para evitar pagar el alquiler, uno de los gastos más altos para cualquier productor in dependiente. Allí se entiende el buen pasar de Jorge Fernández y el buen posicionamiento que tienen lugares como, por ejemplo, “El Bochinche”, en Villa Mercedes, para quienes el año fue especialmente convulsionado por la crisis y porque una clausura municipal les impidió trabajar durante algunas semanas. “Por un lado se nota una merma del público, pero también es cierto que se manejan otros tiempos de producción”, dijo Marina Vicens, una de las dueñas del sitio que si bien no tiene grandes números, suele hacerse cargo de la estadía y de la comida de quienes tocan allí.

El viernes que se disparó el dólar y la incertidumbre se apoderó nuevamente de la economía argentina, en “All right” la gente empezó a llegar más tarde y en “El Bochinche” estuvo lleno. “La lectura que hago –dijo Marina- es que la gente ante situaciones tan desagradables elige salir y distraerse”.

La proliferación de espacios dispuestos a recibir artistas de todo el país hicieron de la provincia una escala obligada de cantantes y grupos que si bien no son los que llenan estadios, tienen la capacidad de meter entre 100 y 200 personas por noche. “Una banda, chica, que consigue esa gente en la provincia es una banda exitosa”, coinciden Viteri, Laporte y Vicens. En cambio, por la estructura de espectáculos, los hermanos Sosa, Ambroggio y Fernández se mueven entre números más altos.

Lo que no cambia demasiado es la metodología. En muchos casos los artistas o sus managers llaman a los productores locales para avisarles que están disponibles para una gira. O son los propios gestores de San Luis los que huelen algún número que consideran puede ser convocante y empiezan a llamar para organizar la fecha. “En ese caso, los costos que te piden son otros”, explicó Laporte.

Entre esas negociaciones hay cientos de anécdotas que las convierten en eso: negociaciones donde todos quieren ganar y nadie quiere perder. “Hay un artista que primero me pidió para venir a tocar 35 mil pesos y cuando le dije que era muy caro, se bajó a 12 mil”, dijo un empresario. Erica, por su parte, contó que este año tenía la chance de repetir la visita de Skay Beilinson pero los pasajes en avión y el hotel cuatro estrellas para 15 personas que exigía el ex guitarrista de “Los redonditos de ricota” fueron mucho para su presupuesto.

Así como Viteri y Marina reconocen que hay un marcado interés por un segmento de artistas de venir a la provincia, Erica aseguró que cuando empezó, muchas bandas le manifestaron su negativa de venir a San Luis ante la perspectiva de que fuera una plaza chica, sin tanto público para propuestas under. “Eso ha cambiado mucho”, dijo la dueña de Inkieta, que tiene el objetivo de traer, algún día a “El kuelgue”, Alejandro Dolina y a “Los espíritus” por tercera vez.

“Yo creo que son muchos los músicos que quieren venir a tocar a la provincia, pero nos perdemos muchas oportunidades si no vienen en una gira que abarque Córdoba o Mendoza”, dijo Carrizo, en una mecánica de negocio en la que caen también Diego Sosa, Jorge Fernández, Vicens, Viteri pero rara vez Ambroggio: lo dicho, el cuarteto tiene sus propios tiempos.

Quizá porque ya se sabe alejado del negocio, Beltramone tiene otra perspectiva, nada optimista. “Los productores somos los que más trabajamos y los que menos plata ganamos: además asumimos las mayores responsabilidades; si pasa algo en un show, la culpa siempre es el del productor”.              

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