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Corrupción, el mal que perforó el corazón de Favaloro

Desarrolló en EE.UU., la técnica quirúrgica del bypass, que salva miles de vidas. Eligió volver a la Argentina, para brindar medicina de calidad en su país. Pero su decisión de no pagar coimas para que su fundación sobreviviera lo empujó al suicidio, hace 18 años.

Por Gustavo Luna
| 31 de julio de 2018

Había desarrollado una técnica para reparar corazones, por la que era, y es, reconocido en todo el mundo. Pero no encontraba la manera de curar el suyo, lacerado por la crónica corrupción de políticos y sindicalistas argentinos, enraizada en el sistema de salud pública nacional. Por eso le escribió una carta desesperada al presidente Fernando de la Rúa, en la que le pedía que le diera una mano para salvar la fundación con la que él salvaba miles de vidas desde hacía un cuarto de siglo. Lento como siempre, el primer mandatario la leyó después de que el hombre brillante que se la había enviado había abierto una herida incurable en su corazón, con un balazo de pistola, en el baño de su casa.

 

Cuando se cumplen dieciocho años del suicidio del doctor René Favaloro, no faltarán dirigentes que quieran ponerse a la sombra de su honra y homenajearlo, en una de esas ceremonias vaciadas de contenido que el eminente cirujano nacido en el humilde barrio “El Mondongo" de La Plata, en 1923, tanto deploraba.

 

René Gerónimo Favaloro fue el inventor de la técnica quirúrgica conocida como “bypass” coronario. La desarrolló durante los años en que estudió, practicó y se especializó en una clínica de Cleveland, Estados Unidos.

 

En el país del norte, donde se toman en serio la inversión en investigación, habrán confiado en que el cirujano argentino iba a quedarse allá, donde tenía garantizados todos los recursos y las posibilidades para seguir su carrera científica. Pero se sentía demasiado argentino para quedarse. “Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica", le recordó al presidente De la Rúa, en la carta postrera.

 

Hijo de un carpintero ebanista y una modista, René vivía a una cuadra del Hospital Policlínico de La Plata, donde hizo su residencia mientras cursaba medicina. Como el centro médico recibía casos de gran parte de la provincia, aprendió con una gran variedad de cuadros clínicos y diagnósticos. Durante dos años del trayecto “practicando", como se le llamaba entonces, accedió a una experiencia enriquecedora, sobre todo por su dedicación, que lo llevaba a cubrir largas guardias.

 

Y a poco de recibirse tuvo la chance de incorporarse como médico interino. Sus calificaciones eran más que meritorias para quedarse con el puesto como titular. Pero su vocación no tardó en tener su primer desencuentro con las prácticas políticas. Era 1949, la época fuerte del primer peronismo, que buscaba disciplinar la adhesión de los agentes estatales.

 

Al completar una ficha con sus datos, para ser médico titular, debía agregar una lí- nea con la aceptación de la doctrina del gobierno. Favaloro sintió que iba contra sus principios. “Lo voy a pensar", contestó. No aceptó.

 

 

En mayo de 1967 logró llevar a la práctica la técnica que venía ideando, de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria, para reparar obstrucciones del flujo sanguíneo. Hasta entonces, las técnicas aplicadas en Estados Unidos eran los implantes de arteria mamaria, llamados operación de Vineberg, y el parche de pericardio.

 

 

Un tío que vivía en La Pampa le ofreció, acaso sin saber de su dilema, una salida a su encrucijada. Le escribió para contarle que el pueblo de Jacinto Aráuz, de tres mil quinientos habitantes, se iba a quedar sin médico por unos meses. Le ofrecían ir a reemplazarlo dos o tres meses. Al principio, René no quería, pero aceptó con la idea de que era un trabajo temporario.

 

Llegó a Aráuz en mayo de 1950 y se hizo amigo del médico del lugar, que no sobrevivió a un cáncer de pulmón. Su hermano, Juan José Favaloro, también médico, se le unió poco después y crearon un centro asistencial, en una región que más que pampa húmeda era pampa desértica, atravesada por vientos de arenisca y caminos poco transitables.

 

Durante años de labor, los hermanos Favaloro redujeron la mortalidad infantil y la desnutrición y organizaron un banco de sangre viviente. Aunque hasta el día en que decidió terminar con su vida se consideró un médico rural, y a pesar de haber puesto toda su energía al servicio de los habitantes del campo, su estancia en Aráuz fue sólo un aplazamiento de su interés por especializarse en las cirugías torá- cicas. Un antiguo profesor suyo de la Universidad de La Plata le sugirió la clínica de Cleveland como la meca a la que debía aspirar si quería incursionar en esa especialidad. Doce años ejerció en el campo, pese a que había planeado que fueran sólo unos meses. Viajó en 1962 a Estados Unidos con la idea de estar sólo un tiempo breve y se quedó diez años.

 

Fue residente y luego integró el equipo de cirugía de la Cleveland Clinic. Cuando terminaban las operaciones, René se quedaba revisando los estudios por imágenes, para conocer mejor la anatomía de las arterias coronarias.

 

En mayo de 1967 logró llevar a la práctica la técnica que venía ideando, de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria, para reparar obstrucciones del flujo sanguí- neo. Hasta entonces, las técnicas aplicadas en Estados Unidos eran los implantes de arteria mamaria, llamados operación de Vineberg, y el parche de pericardio.

 

Para aplicar su idea, el año anterior trabajó en la disección de las arterias mamarias, para lo cual diseñó un instrumento hoy conocido como estabilizador o "Favaloro retractor" y de uso habitual por los cirujanos en todo el mundo.

 

El médico argentino hizo un aporte clave para el éxito de las cirugías coronarias. Los puentes o "bypasses" hechos con vena safena que él ideó fueron más eficaces que la técnica del parche de pericardio, que hasta entonces daba buenos resultados en la coronaria derecha, pero causaba altos índices de mortalidad en la izquierda.

 

La técnica de Favaloro revolucionó la práctica quirúrgica y dio paso a los “bypasses" múltiples, que salvaron miles de vidas.

 

Sueños para la Argentina

 

Su sueño era crear en Argentina una clínica en la cual pudiera combinar la asistencia médica, la investigación y la docencia. Por eso regresó al país en junio de 1971.

 

"Voy a dedicar el último tercio de mi vida a levantar un Departamento de Cirugía Torácica y Cardiovascular en Buenos Aires. En este momento en particular, las circunstancias indican que soy el único con la posibilidad de hacerlo. Ese Departamento estará dedicado, además de a la asistencia médica, a la educación de posgrado con residentes y fellows, a cursos de posgrado en Buenos Aires y en las ciudades más importantes del país, y a la investigación clínica", le escribió al jefe de cirugía cardiovascular de la Cleveland Clinic, Donald B. Effler.

 

Durante los cuatro años siguientes, con colegas, organizó en el Sanatorio Güemes la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de posgrado. Y su equipo de trabajo participó en investigaciones clínicas.

 

No se limitó a sus aspiraciones relacionadas con la práctica médica. “En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces", repasó en su misiva.

 

"Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un sólo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto", le recordó Favaloro a De la Rúa.

 

Y se explayó aún más en los motivos de la desazón que lo llevó al suicidio. “¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica. Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente)", le recordó al presidente. En ese momento, al PAMI lo encabezaba el actual jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que tenía como una de sus colaboradoras a María Eugenia Vidal.

 

Favaloro tenía en claro que si se hubieran amoldado a “las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años)", no hubieran dado abasto para atender toda la demanda.

 

Pero, por no acceder al pago de las coimas, “la situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles'. (...) Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana, sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano. La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar".

 

En la fundación empezaron las cesantías. El inventor del “bypass”, la eminencia reconocida en todo el mundo, el soñador de una medicina de excelencia al alcance de todos en la Argentina no encontró más salidas.

 

“Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. Me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así", escribió en su última carta.

 

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