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Según los forenses, Rubilar no sufrió una muerte violenta

El análisis de ADN concluyó que los huesos, hallados hace un año en un campo de Las Isletas, son del joven discapacitado.

A casi un año del hallazgo de restos óseos en un campo vecino a Las Isletas, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) le remitió al juez Alfredo Cuello de Villa Mercedes un informe en el que volcó sus conclusiones sobre los estudios hechos a los huesos. Según los especialistas, no hay dudas, esos restos pertenecen a Juan Carlos Rubilar, el joven que desapareció el 4 de febrero del año pasado, cuando iba a la última noche de los Corsos 2018. Los análisis también dejaron en evidencia otra cosa: aunque todavía resta descubrir por qué murió, al menos desde el peritaje óseo, "Pupi" no tenía signos de haber sufrido una muerte violenta. 

El juez de instrucción Penal 1 recibió el informe el viernes, a la mañana. En él, el EAAF especifica que los elementos analizados se corresponden con el de un hombre, de 23 a 30 años, y de una estatura que oscila entre los 163 y 169 centímetros. 
Detalla que no observaron fracturas o lesiones perimortem, es decir heridas producidas al momento del fallecimiento. Tampoco ningún otro indicio que dé cuenta de "muerte violenta que pueda determinarse osteológicamente". De hecho, a nivel osteológico, no fue posible establecer la causa del deceso. 

En algunos de los restos encontrados se percibían marcas propias de la actividad de la fauna silvestre. Dichos signos suelen estar presentes, por lo general, en aquellos casos en los que un cuerpo queda expuesto a la intemperie, especificaron los forenses. 

De la comparación de los hisopados tomados a Stella Maris y Ricardo Antonio, los padres de Juan Carlos, con los elementos hallados surgió que la probabilidad de que las muestras genéticas extraídas a los huesos pertenezcan a una persona que integra al grupo familiar Rubilar es de un 99,99 por ciento. 

No solo eso, las hilachas esparcidas alrededor de las piezas óseas, en el campo "La Laura", también coinciden con la ropa que vestía el joven de 29 años el día que desapareció. A saber, una remera verde oscura, con escote en V y una inscripción en italiano, y una zapatilla roja del pie izquierdo. 

Hacia el final del informe, el EAAF concluye entonces que, a partir de la información obtenida de la investigación preliminar, del contexto del hallazgo, el estudio antropológico forense de las piezas óseas, el análisis de las evidencias y los estudios genéticos, los restos examinados "se corresponden a quien en vida fuera Juan Carlos Rubilar". 

 

 

La investigación seguirá

El fiscal Maximiliano Bazla contó que, si bien "hay muchos detalles que analizar y mucha información que revisar", apenas recibieron el reporte del EAAF, él y el juez fueron hasta la casa de la familia de "Pupi", en el barrio Villa Celestina, para comunicarles en persona la noticia.  

El funcionario judicial le explicó a El Diario que aún no han diagramado los pasos a seguir, ya que, después de leer el extenso informe, con Cuello deberán determinar si ordenan nuevas pericias antes de entregarles los restos a sus parientes.

Este medio se acercó hasta lo de los Rubilar. De buena forma, Yesica, la hermana de "Pupi", le aclaró al periodista que, por el momento, no quiere hablar sobre el tema. Desde que el juez y el fiscal les confirmaron que los huesos recolectados en el campo son del chico discapacitado, su madre no logra levantarse de la cama. Igual de conmocionado está Ricardo. 

Hasta antes de recibir la triste novedad, conservaban la esperanza de que su hijo regresara. Por lo pronto, mañana deberán acercarse al juzgado Penal 1. Allí, seguramente, el juez los pondrá al tanto de los pormenores del informe del EAAF. 

 

 

Fue a los corsos y jamás volvió

La noche del 3 de febrero del año pasado, Juan Carlos salió de su casa de calle Lamadrid. Iba a lo que eran su locura: los corsos que la Municipalidad organiza cada año. Esa vez, a diferencia de otras ediciones, la fiesta se había mudado al parque La Pedrera. Y hasta allá se fue el joven que por fuera parecía una adulto, pero que, según su familia, tenía la mentalidad de un nene de 12 años, a causa de su discapacidad. 

Varias personas lo vieron en la noche de cierre de los corsos. Hasta grabaron un video en que se lo ve bailando a la par de una comparsa. Pero cuando la fiesta llegó a su fin, él desapareció. 

Una vecina de Las Isletas aseguró haberle dado agua a un muchacho exactamente igual a Juan Carlos, la mañana del 4 de febrero. 

Los policías rastrillaron en varias ocasiones los campos de la zona, pero a pesar de los esfuerzos no hallaron rastros de él. 

La pista que avivó la investigación llegó recién el 27 de junio de ese año y de parte de un ingeniero agrónomo. El hombre que trabajaba en "La Laura", ubicado a medio camino entre Las Isletas y Lavaisse, sobre ruta 11, distinguió un cráneo en el maizal del campo. Fue cuestión de horas para que los policías ubicaran el resto de los huesos, que estaban esparcidos en un radio de 100 metros, a lo largo y ancho de la cosecha. 

 

Notas relacionadas: 

Confirmaron que los restos hallados hace casi un año son de Carlos Rubilar

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Según los forenses, Rubilar no sufrió una muerte violenta

El análisis de ADN concluyó que los huesos, hallados hace un año en un campo de Las Isletas, son del joven discapacitado.

A casi un año del hallazgo de restos óseos en un campo vecino a Las Isletas, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) le remitió al juez Alfredo Cuello de Villa Mercedes un informe en el que volcó sus conclusiones sobre los estudios hechos a los huesos. Según los especialistas, no hay dudas, esos restos pertenecen a Juan Carlos Rubilar, el joven que desapareció el 4 de febrero del año pasado, cuando iba a la última noche de los Corsos 2018. Los análisis también dejaron en evidencia otra cosa: aunque todavía resta descubrir por qué murió, al menos desde el peritaje óseo, "Pupi" no tenía signos de haber sufrido una muerte violenta. 

El juez de instrucción Penal 1 recibió el informe el viernes, a la mañana. En él, el EAAF especifica que los elementos analizados se corresponden con el de un hombre, de 23 a 30 años, y de una estatura que oscila entre los 163 y 169 centímetros. 
Detalla que no observaron fracturas o lesiones perimortem, es decir heridas producidas al momento del fallecimiento. Tampoco ningún otro indicio que dé cuenta de "muerte violenta que pueda determinarse osteológicamente". De hecho, a nivel osteológico, no fue posible establecer la causa del deceso. 

En algunos de los restos encontrados se percibían marcas propias de la actividad de la fauna silvestre. Dichos signos suelen estar presentes, por lo general, en aquellos casos en los que un cuerpo queda expuesto a la intemperie, especificaron los forenses. 

De la comparación de los hisopados tomados a Stella Maris y Ricardo Antonio, los padres de Juan Carlos, con los elementos hallados surgió que la probabilidad de que las muestras genéticas extraídas a los huesos pertenezcan a una persona que integra al grupo familiar Rubilar es de un 99,99 por ciento. 

No solo eso, las hilachas esparcidas alrededor de las piezas óseas, en el campo "La Laura", también coinciden con la ropa que vestía el joven de 29 años el día que desapareció. A saber, una remera verde oscura, con escote en V y una inscripción en italiano, y una zapatilla roja del pie izquierdo. 

Hacia el final del informe, el EAAF concluye entonces que, a partir de la información obtenida de la investigación preliminar, del contexto del hallazgo, el estudio antropológico forense de las piezas óseas, el análisis de las evidencias y los estudios genéticos, los restos examinados "se corresponden a quien en vida fuera Juan Carlos Rubilar". 

 

 

La investigación seguirá

El fiscal Maximiliano Bazla contó que, si bien "hay muchos detalles que analizar y mucha información que revisar", apenas recibieron el reporte del EAAF, él y el juez fueron hasta la casa de la familia de "Pupi", en el barrio Villa Celestina, para comunicarles en persona la noticia.  

El funcionario judicial le explicó a El Diario que aún no han diagramado los pasos a seguir, ya que, después de leer el extenso informe, con Cuello deberán determinar si ordenan nuevas pericias antes de entregarles los restos a sus parientes.

Este medio se acercó hasta lo de los Rubilar. De buena forma, Yesica, la hermana de "Pupi", le aclaró al periodista que, por el momento, no quiere hablar sobre el tema. Desde que el juez y el fiscal les confirmaron que los huesos recolectados en el campo son del chico discapacitado, su madre no logra levantarse de la cama. Igual de conmocionado está Ricardo. 

Hasta antes de recibir la triste novedad, conservaban la esperanza de que su hijo regresara. Por lo pronto, mañana deberán acercarse al juzgado Penal 1. Allí, seguramente, el juez los pondrá al tanto de los pormenores del informe del EAAF. 

 

 

Fue a los corsos y jamás volvió

La noche del 3 de febrero del año pasado, Juan Carlos salió de su casa de calle Lamadrid. Iba a lo que eran su locura: los corsos que la Municipalidad organiza cada año. Esa vez, a diferencia de otras ediciones, la fiesta se había mudado al parque La Pedrera. Y hasta allá se fue el joven que por fuera parecía una adulto, pero que, según su familia, tenía la mentalidad de un nene de 12 años, a causa de su discapacidad. 

Varias personas lo vieron en la noche de cierre de los corsos. Hasta grabaron un video en que se lo ve bailando a la par de una comparsa. Pero cuando la fiesta llegó a su fin, él desapareció. 

Una vecina de Las Isletas aseguró haberle dado agua a un muchacho exactamente igual a Juan Carlos, la mañana del 4 de febrero. 

Los policías rastrillaron en varias ocasiones los campos de la zona, pero a pesar de los esfuerzos no hallaron rastros de él. 

La pista que avivó la investigación llegó recién el 27 de junio de ese año y de parte de un ingeniero agrónomo. El hombre que trabajaba en "La Laura", ubicado a medio camino entre Las Isletas y Lavaisse, sobre ruta 11, distinguió un cráneo en el maizal del campo. Fue cuestión de horas para que los policías ubicaran el resto de los huesos, que estaban esparcidos en un radio de 100 metros, a lo largo y ancho de la cosecha. 

 

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