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La guerra y la paz

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La guerra y la paz

Un grito pacifista, un hecho político, un vendaval de excesos, una demostración de fuerza: todo eso puede ser un multitudinario festival de rock en medio de un conflicto bélico.

En agosto de 1969, cerca de medio millón de jóvenes dijeron no a la guerra y sí a la paz, al amor y a la música. Woodstock, el recital que duró tres días y que contó con decenas de bandas y artistas entre los que estuvieron Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Carlos Santana y Joe Cocker tuvo lugar en un escenario muy particular.

Si bien es recordado como un encuentro musical multitudinario, también fue un hecho político: el contexto de descontento de la población frente a la Guerra de Vietnam se hizo canción por un momento y el desgarrador relato de lo que pasaba afuera del país tomó forma de acordes de guitarra.

Herederos de la contracultura europea, cerca de medio millón de jóvenes estadounidenses vivieron tres días de “paz, amor y música” en plena guerra, odios y silencios. Hasta unos pocos años antes, la presencia de los Estados Unidos en Vietnam había sido más o menos tolerada por una población acostumbrada a las intervenciones internacionales de su país.

 

 

 

 

Pero las cosas comenzaron a cambiar y entre el 15 y el 18 de agosto de 1969, el festival de Woodstock dejaría en claro que la nueva consigna era la paz, aunque no estaba muy claro cómo llegar a ella.

Ni los participantes del festival ni el gobierno estadounidense sabían cómo salir airosos de un conflicto que se había convertido en tremendo dolor de cabeza. El trauma, y no otra cosa, unió en ese momento las intenciones de los más pacíficos y los más belicistas.

Reunidos en una granja cercana a Woodstock, cerca de Nueva York, los amantes de la paz y de la música pedían el fin de la guerra y el comienzo de las libertades. Y fueron libres por tres largos días, en los que los excesos también superaron las barreras de lo posible.

 

 

 

Janis Joplin, The Who y Jimmy Hendrix participaron de los conciertos que dejaron un saldo muy negativo en deudas para los organizadores, pero muchas historias que contar. Sería el concierto más largo de Hendrix y en el que un himno nacional desgarrador sintetizaba lo que por aquel entonces vivían soldados vietnamitas y norteamericanos.

La música reflejaba entonces lo que los medios de comunicación y la opinión pública comenzaron a expresar: el conflicto se hacía insostenible, aunque se sostuvo por varios (y largos) años más.

 

 

El comienzo del fin

La Guerra de Vietnam fue para los vietnamitas la última etapa de una larga lucha por la independencia. Desde el siglo XIX enfrentaron el colonialismo e intervenciones tanto de Francia como de Japón. Pelear contra los ocupantes era parte de la triste historia del país, dividido en Norte y Sur desde los acuerdos de Ginebra de 1954.

 

 

La Guerra de Vietnam es en realidad la que se conoce como la guerra de los Estados Unidos en Vietnam. Ese conflicto en particular comenzó en 1964, con una intervención militar directa estadounidense. Para el país norteamericano, el objetivo en Vietnam tenía que ver con la teoría del dominó en el contexto de la Guerra Fría. Y es que si Vietnam del Sur, apoyado económicamente por los Estados Unidos, caía en las manos de Vietnam del Norte, apoyado por China y la URSS, el comunismo continuaría expandiéndose por el continente y llegaría a gran parte de Europa. Esa era la idea de los políticos estadounidenses sobre el asunto.

Para los vietnamitas, en cambio, se trataba de una lucha nacionalista que desde hacía varios años tenían con Francia. Y si bien el componente nacionalista del país tenía su punto de apoyo en el comunismo, no era este el tema central para ellos, aunque sí para las potencias extranjeras en ese momento.

En ese afán por controlar la expansión del comunismo, los Estados Unidos enviaron cerca de 2,5 millones de soldados al país asiático. 536.000 solo en 1968, una cifra que se convirtió en récord y pronto en motivo de protestas, como las del concierto de Woodstock.

El ejército de Vietnam del Norte era particular: durante años de lucha por la independencia, se había formado a partir de pequeñas unidades de guerrillas.

Ese hecho sería, precisamente, la perdición para el ejército norteamericano.

 

La guerra de guerrillas, la guerra de la guerra.

Este sistema de guerra vietnamita, llamado “guerra de guerrillas”, era completamente desconocido para las potencias. Los soldados asiáticos conocían a la perfección el sistema y el campo de batalla, podían esconderse fácilmente entre la selva y atacar por sorpresa. Pero su principal fortaleza no estuvo tanto en ese hecho como en su voluntad de continuar luchando: acostumbrados a pelear, la cantidad de bajas en su ejército (que eran en mucho superiores a las del enemigo) no lograron desmoralizarlos. Más aún, parecía que iban a resistir hasta último momento. Y así lo hicieron, lo que obligó a los diferentes gobiernos de los Estados Unidos (y en especial a Richard Nixon) a planificar estrategias para salir de la guerra de la manera más honrosa posible.

Lo intentaron todo: enviar más soldados, negociar y -sobre todas las cosas- intensificar la lucha en extremos nefastos e incalculables. El agente naranja, un poderoso herbicida que pretendía dejar sin escondite a los norvietnamitas, también dejó a las generaciones futuras sin selva y sin salud. Sigue siendo hasta hoy, con sus efectos residuales, una de las causas de cáncer en la población.

Derrotados y sintiéndose humillados, los soldados y el pueblo norteamericanos volvieron a casa en 1973. Ese sentimiento de derrota, que hasta tiene el nombre de la guerra y se lo conoce como “Síndrome de Vietnam”, no tiene análogo en el territorio vietnamita. El “síndrome” en Vietnam no existe, así como no existía casi nada en el territorio “vencedor” después de la ocupación.

 

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La guerra y la paz

Un grito pacifista, un hecho político, un vendaval de excesos, una demostración de fuerza: todo eso puede ser un multitudinario festival de rock en medio de un conflicto bélico.

En agosto de 1969, cerca de medio millón de jóvenes dijeron no a la guerra y sí a la paz, al amor y a la música. Woodstock, el recital que duró tres días y que contó con decenas de bandas y artistas entre los que estuvieron Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Carlos Santana y Joe Cocker tuvo lugar en un escenario muy particular.

Si bien es recordado como un encuentro musical multitudinario, también fue un hecho político: el contexto de descontento de la población frente a la Guerra de Vietnam se hizo canción por un momento y el desgarrador relato de lo que pasaba afuera del país tomó forma de acordes de guitarra.

Herederos de la contracultura europea, cerca de medio millón de jóvenes estadounidenses vivieron tres días de “paz, amor y música” en plena guerra, odios y silencios. Hasta unos pocos años antes, la presencia de los Estados Unidos en Vietnam había sido más o menos tolerada por una población acostumbrada a las intervenciones internacionales de su país.

 

 

 

 

Pero las cosas comenzaron a cambiar y entre el 15 y el 18 de agosto de 1969, el festival de Woodstock dejaría en claro que la nueva consigna era la paz, aunque no estaba muy claro cómo llegar a ella.

Ni los participantes del festival ni el gobierno estadounidense sabían cómo salir airosos de un conflicto que se había convertido en tremendo dolor de cabeza. El trauma, y no otra cosa, unió en ese momento las intenciones de los más pacíficos y los más belicistas.

Reunidos en una granja cercana a Woodstock, cerca de Nueva York, los amantes de la paz y de la música pedían el fin de la guerra y el comienzo de las libertades. Y fueron libres por tres largos días, en los que los excesos también superaron las barreras de lo posible.

 

 

 

Janis Joplin, The Who y Jimmy Hendrix participaron de los conciertos que dejaron un saldo muy negativo en deudas para los organizadores, pero muchas historias que contar. Sería el concierto más largo de Hendrix y en el que un himno nacional desgarrador sintetizaba lo que por aquel entonces vivían soldados vietnamitas y norteamericanos.

La música reflejaba entonces lo que los medios de comunicación y la opinión pública comenzaron a expresar: el conflicto se hacía insostenible, aunque se sostuvo por varios (y largos) años más.

 

 

El comienzo del fin

La Guerra de Vietnam fue para los vietnamitas la última etapa de una larga lucha por la independencia. Desde el siglo XIX enfrentaron el colonialismo e intervenciones tanto de Francia como de Japón. Pelear contra los ocupantes era parte de la triste historia del país, dividido en Norte y Sur desde los acuerdos de Ginebra de 1954.

 

 

La Guerra de Vietnam es en realidad la que se conoce como la guerra de los Estados Unidos en Vietnam. Ese conflicto en particular comenzó en 1964, con una intervención militar directa estadounidense. Para el país norteamericano, el objetivo en Vietnam tenía que ver con la teoría del dominó en el contexto de la Guerra Fría. Y es que si Vietnam del Sur, apoyado económicamente por los Estados Unidos, caía en las manos de Vietnam del Norte, apoyado por China y la URSS, el comunismo continuaría expandiéndose por el continente y llegaría a gran parte de Europa. Esa era la idea de los políticos estadounidenses sobre el asunto.

Para los vietnamitas, en cambio, se trataba de una lucha nacionalista que desde hacía varios años tenían con Francia. Y si bien el componente nacionalista del país tenía su punto de apoyo en el comunismo, no era este el tema central para ellos, aunque sí para las potencias extranjeras en ese momento.

En ese afán por controlar la expansión del comunismo, los Estados Unidos enviaron cerca de 2,5 millones de soldados al país asiático. 536.000 solo en 1968, una cifra que se convirtió en récord y pronto en motivo de protestas, como las del concierto de Woodstock.

El ejército de Vietnam del Norte era particular: durante años de lucha por la independencia, se había formado a partir de pequeñas unidades de guerrillas.

Ese hecho sería, precisamente, la perdición para el ejército norteamericano.

 

La guerra de guerrillas, la guerra de la guerra.

Este sistema de guerra vietnamita, llamado “guerra de guerrillas”, era completamente desconocido para las potencias. Los soldados asiáticos conocían a la perfección el sistema y el campo de batalla, podían esconderse fácilmente entre la selva y atacar por sorpresa. Pero su principal fortaleza no estuvo tanto en ese hecho como en su voluntad de continuar luchando: acostumbrados a pelear, la cantidad de bajas en su ejército (que eran en mucho superiores a las del enemigo) no lograron desmoralizarlos. Más aún, parecía que iban a resistir hasta último momento. Y así lo hicieron, lo que obligó a los diferentes gobiernos de los Estados Unidos (y en especial a Richard Nixon) a planificar estrategias para salir de la guerra de la manera más honrosa posible.

Lo intentaron todo: enviar más soldados, negociar y -sobre todas las cosas- intensificar la lucha en extremos nefastos e incalculables. El agente naranja, un poderoso herbicida que pretendía dejar sin escondite a los norvietnamitas, también dejó a las generaciones futuras sin selva y sin salud. Sigue siendo hasta hoy, con sus efectos residuales, una de las causas de cáncer en la población.

Derrotados y sintiéndose humillados, los soldados y el pueblo norteamericanos volvieron a casa en 1973. Ese sentimiento de derrota, que hasta tiene el nombre de la guerra y se lo conoce como “Síndrome de Vietnam”, no tiene análogo en el territorio vietnamita. El “síndrome” en Vietnam no existe, así como no existía casi nada en el territorio “vencedor” después de la ocupación.

 

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