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Javier Weber: "Soy un agradecido de todo lo que este deporte me dio"

Como jugador fue parte de la única medalla olímpica que tiene el vóley argentino. Fue DT de la Selección.

Por redacción
| 18 de junio de 2020
El gran DT. Después de trece temporadas en Bolívar, el técnico argentino volverá a dirigir en el vóley brasileño. Foto:NA.

Hablar de Javier Weber es hablar de vóley. Lleva toda una vida ligada a este deporte. Empezó a los 7 años en River. Jugó en todos los procesos de la Selección Argentina. Fue parte del equipo que ganó la única medalla olímpica que tiene el vóley argentino (bronce en los Juegos Olímpicos Seúl 1988). Dirigió a la Selección durante cinco años. Es una especie de "padre deportivo" de la camada actual, que mantiene a la Argentina en el top ten mundial. Después de dirigir trece temporadas en Bolívar, aceptó un nuevo desafío en Brasil: será DT del Taubaté. En medio de la mudanza atendió a El Diario de la República y habló de lo que más ama: de vóley.

 

 

—¿Cómo y dónde fueron tus comienzos?

 

—Me inicié en River. Empecé muy chico, a los siete años, en esa época no existía el minivóley. Elegí este deporte por mis viejos, ellos jugaban. Mi mamá lo hacía en YPP y mi papá en River. Después mi papá fue dirigente de River, así que la vida nuestra pasaba mucho por el club. Una vida ligada al vóley.

 

 

—El equipo que jugó los Juegos de Seúl '88, ¿fue el mejor que integraste?

 

—Fue el mejor equipo que tuvo el vóley argentino en la historia y por suerte me tocó el privilegio de ser parte de eso. Participé en otros elencos que jugaron muy bien, por ejemplo mi estadía en Brasil, pero si tengo que elegir uno me quedo con el que jugó los Juegos Olímpicos de Seúl '88. Era un equipo completo y que llegó en el mejor momento a una competencia que nos tuvo como protagonistas.

 

 

—¿Qué significa haber sido parte de un equipo que logró la única medalla olímpica que tiene el vóley argentino?

 

—Siento orgullo y una gran satisfacción de haber colaborado para conseguir esa única medalla olímpica que tiene el vóley nacional, pero el máximo orgullo que tengo como deportista es representar a la Argentina; ver subir mi Bandera con otras dos en un podio olímpico es algo que va a quedar siempre como el hecho más significativo de mi carrera. Algo inolvidable y único. No tiene precio. Me llena de satisfacción haber sido parte de esa gesta histórica de nuestro deporte.

 

 

—¿Te quedás con el Weber jugador o DT?

 

—La verdad es que cada cosa tiene sus gustitos diferentes, es difícil compararlas. Me gustaba jugar, pero adoro ser entrenador. El dirigir para mí es una pasión que va de la mano con el hecho de jugar, porque encierra otras cosas, porque mi función dentro de la cancha era pensar como un entrenador y eso lo fui madurando, elaborando, y me llevó a mantener esta pasión de jugar. Adoro jugar, pero hoy la pasión que siento al dirigir está al mismo nivel que cuando jugaba, porque se disfruta la victoria de manera diferente. Las derrotas se ven de otro lugar y se analizan de otro punto.

 

 

—¿Fue difícil el paso de técnico a jugador?

 

—No, porque yo tenía en mi cabeza la idea de ser DT. Hice todo los cursos. Cuando yo era jugador mi cabeza estaba pensando en dirigir. Fue todo programado. Tenía la chance de seguir jugando en Brasil pero yo elegí ser entrenador, así que el pasaje no fue difícil. Sentí que no tenía más nada para entregar como jugador y me motivaba mucho iniciar una nueva carrera desde otro lugar de la cancha, por eso no me costó para nada el cambio, porque lo complementé con otra cosa y pude seguir estando en un excelente nivel.

 

 

—¿Cómo ves el vóley argentino?

 

—En algunos aspectos bien, y en otros aspectos bastante preocupante. Hoy todo movimiento económico al vóley nacional lo perjudica o lo altera, a veces de manera positiva y otras veces no tanto. Veo muy bien la parte de la Selección, en términos técnicos, tácticos, con un excelente entrenador que recuperó la mística del equipo y le dio su toque. Por otro lado, es preocupante lo que sucede con la Liga Argentina, está en un proceso de organización y recuperación que ojalá después de esta pandemia se pueda estabilizar y crecer. Necesitamos críticas constructivas de todos los sectores del vóley. El movimiento del vóley argentino es fuerte, creció en las dos ramas, necesitamos juntarnos y establecer lazos fuertes en este momento de caos sanitario y económico, para que nuestro deporte sufra lo menos posible.

 

 

—¿Qué balance hacés de tu paso como DT en la Selección?

 

—Fue positivo. Fueron cinco años de rendimientos muy buenos y otros no tanto. Como proceso fue exitoso. Se valorizaron las inferiores. Se hicieron bases muy sólidas de abajo hacia arriba para que todos puedan tener un crecimiento constante. Se establecieron vínculos de captación y desarrollo a lo largo de estos cinco años. Hubo recambio en la Selección mayor con una nueva generación que después de diez años todavía perdura, como son los casos de Nicolás Uriarte, Facundo Conte, Luciano De Cecco, Sebastián Solé, Pablo Crer y Cristian Poglagen, jugadores que surgieron de este proceso y que yo tuve la misión, en este caso, de poder poner a la Selección una vez más en un Juego Olímpico —en 2008 no estuvo— y colocar a la Argentina entre los mejores ocho equipos del mundo.

 

 

—¿Por qué no tenemos más medallas olímpicas o podios mundiales?

 

—El vóley argentino sufrió retoques y pasaron muchas circunstancias. Perdimos dos Federaciones. Problemas a nivel dirigencial. Éxodo de jugadores desde 1988 hasta la fecha. Si bien es cierto que la Liga Argentina creció mucho, lo hizo recién a partir del 2002. Hubo divisiones. Procesos que se cortaron. A partir de 2004, cuando se crea la Federación de Vóleibol Argentino (FEVA), comenzó un trabajo de desarrollo importante. Ganamos medallas en inferiores. Estamos entre los mejores diez del mundo en mayores. Medallas panamericanas. Para mí es un gran mérito que, después de tantos vaivenes, Argentina esté entre los mejores del mundo. Lo más importante es que se mantiene al tope en una disciplina que no es prioridad en el ámbito deportivo de nuestro país.

 

 

—Si volvieras a nacer, ¿elegirías de nuevo el vóley?

 

—Sin lugar a dudas. Y no hubiese cambiado nada de todo lo que me pasó. Soy un bendecido y agradecido de todo lo que este deporte me dio. Me siento realizado en un montón de cosas y siento la misma pasión que cuando entré por primera vez al gimnasio de River, cuando tenía 7 años.

 

 

—¿El mejor jugador argentino?

 

—En la actualidad, Luciano De Cecco. De la historia es más complicado elegir, porque el vóley cambió mucho. Te puedo marcar a Marcos Milinkovic y Hugo Conte, dos jugadores que jugaron en muchas posiciones y siempre lo hicieron muy bien, tanto en el ámbito nacional como internacional.

 

 

 —Si fueras DT de la Selección, ¿convocarías a Weber?

 

—Sí (risas), no me cabe la menor duda, en cualquier época y en cualquier momento.

 

 

Es un apasionado. Le brota vóley por los poros. Sabe que fue y es parte importante de la historia de este deporte, pero no se conforma y a los 54 años irá por un nuevo desafío. Brasil lo espera. Javier Weber conoce de éxitos y va por más gloria.

 

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