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Un arma de doble filo

El amor es, probablemente, uno de los sentimientos más hermosos del universo. Pero también, un arma de doble filo. ¿Cuántas cosas justificamos por amor? ¿Cuántas cosas hacemos en nombre del amor que en verdad no se corresponden con nuestros deseos? 

 

Para las mujeres, el amor no es un sentimiento más. Desde pequeñas somos educadas para "amar" y para entregar todo en pos de que ese amor sea correspondido. Para las películas, la publicidad y las publicaciones en los medios de comunicación, tener a alguien a quien amar pareciera ser lo más importante de la vida y la garantía de la felicidad.  

 

Según la antropóloga Marcela Lagardé, "las mujeres estamos todavía marcadas por la ideología que nos dice que la felicidad es igual a esta forma de amor, en que lo más importante no es tener a un hombre que nos ame, sino tener a un hombre a quien amar". Ahí llegamos a un argumento que anula deseos propios y pensamientos, el justificativo "por amor". "En muchas relaciones actuales, esta ideología se expresa en que las mujeres soportan mucho mejor el desamor que la falta de alguien a quien amar", dice Lagardé. 

 

Hoy sabemos que el amor es histórico y está condicionado por diversos aspectos. El género y la cultura son dos de los más importantes. El amor tiene "normas" diferentes para hombres y mujeres. Para nosotras, el amor es un mandato, eso significa que lo vivimos como un deber y lo que "debemos hacer" termina superponiéndose a lo que "queremos hacer". Así, millones de mujeres en el mundo han relegado planes, proyectos y sueños propios en el nombre del amor. 

 

El amor tiene muy buen marketing, hay que decirlo: cuando llega, llega; se da solo; no hace falta nada, solo la entrega total, dicen. Pero desde una perspectiva feminista y moderna, aprendimos que para amar bien es necesario conocer y conocerse, y dudar. "Mientras las mujeres no dudaron, las mujeres creyeron. Y se lo creyeron todo (…) La movilización moderna de las mujeres se genera en sus dudas: no me parece, no creo, no acepto, pienso que sería mejor de otra manera", explica Lagardé. Ahí se abre la puerta para una negociación en el amor, que equipara los vínculos y, sobre todo, escucha nuestros deseos. Y eso es amor propio: poder priorizarnos. Como decía una vieja canción de Shakira: "Cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo".
 

 

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