33°SAN LUIS - Sabado 03 de Diciembre de 2022

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Secretos de la visita de Carlitos Balá a San Luis

Carlitos Balá llegó por primera vez a San Luis hace treinta años. El 19 de noviembre de 1992 visitó El Diario de la República, ubicado en Junín antes de General Paz. Directivos del matutino y chicos conocieron la Redacción y disfrutaron de las ocurrencias del comediante, que ante cada gatillazo del fotógrafo aprovechaba para hacer lo que mejor le salía: sus morisquetas.

 

Con un humor sano e inoxidable, se presentó en la cancha de básquet en la Sociedad Española, en un espectáculo organizado por la hermana Felisa y la comisión de padres del Colegio San José, de la ciudad de San Luis.

 

Las hermanas del Instituto San Luis Gonzaga tampoco quisieron perderse el show. A regañadientes se rehusaban a estar en el fondo para observar los pasos cómicos del artista. Por eso, la organización aportó unas sillas tipo reposera donde disfrutaron el despliegue. Carlitos bajó del escenario a saludarlas por ser una gran compañía con sus aplausos.

 

Se alojó en el Hotel Aiello y cautivó a todos los trabajadores por su amabilidad. Siempre estaba preocupado porque la otra persona se sintiera a gusto. En una vieja Renoleta blanca recorrió las calles puntanas para cumplir con las distintas citas con los medios radiales.

 

“Hola, Carlitos, ¿cómo estás?”, le preguntó mi padre Gustavo interesado en la respuesta. “Un kilo y dos pancitos”, fue la respuesta. El gesto por la clásica contestación no era lo que esperaba.

 

Saludó a todos, sin ningún tipo de problemas. No tenía aires de divo, a pesar de su vasta trayectoria.

 

“Aquí llegó Balá (Balá, Balá), el show va a comenzar (ya llegó, ya llegó)…”, comenzó a sonar el tema insignia. Pero no lo cantó solo. Hizo subir al escenario a Cristina y Marta, dos integrantes de la organización que lo llevaron de un lado para el otro durante su estadía.

 

El espectáculo sirvió como ingreso de capital económico para el San José, que finalmente pudo levantar el gimnasio y el salón de actos gracias a esta emotiva participación.

 

Creó el “chupetómetro” para que los nenes dejen el vicio. Hizo reír a millones de argentinos con simples latiguillos. Pero sobre todo, fue una gran persona antes que un artista.

 

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