Cirugía bariátrica en tiempos de epidemia de obesidad
La médica cirujana general, especialista en Medicina Estética y en Psiconeuroinmunoendocrinología clínica, directora Médica de Clementi Centro Médico, y su mirada sobre un tratamiento contra la obesidad.
El 73% de los argentinos presenta exceso de peso y casi un 40% obesidad. Los datos no son fríos ni neutrales: describen un problema colectivo que ya alcanzó dimensiones epidémicas y que interpela tanto al sistema de salud como a la sociedad en su conjunto.
La obesidad representa hoy uno de los principales desafíos sanitarios a nivel global y nacional. Comprender su complejidad resulta indispensable no solo para mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, sino también para acompañar a las personas a lo largo del tiempo, sin estigmas ni simplificaciones.
No elegiste tener obesidad
La obesidad no es una falla personal ni puede explicarse únicamente desde la voluntad. Es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, atravesada por mecanismos biológicos, metabólicos, hormonales, ambientales y sociales que exceden la decisión individual.
Es crónica porque persiste en el tiempo y requiere seguimiento médico sostenido. Es compleja porque no depende de un solo factor. Y es multifactorial porque intervienen componentes genéticos, metabólicos, hormonales, sociales y culturales.
En la obesidad se alteran los sistemas que regulan el gasto energético, el almacenamiento de grasa y el apetito. Hormonas como la insulina, la leptina y el cortisol influyen en estos procesos. A esto se suman factores del entorno: disponibilidad de alimentos ultraprocesados, sedentarismo, estrés crónico, falta de sueño, barreras económicas y estigma social.
Reducir la obesidad a “comer de más” es un error conceptual y sanitario. Se trata de una enfermedad real, con bases biológicas comprobadas, que requiere un abordaje médico integral y sostenido.
Datos que no admiten discusión
Durante años, la obesidad fue abordada desde miradas simplificadoras que reforzaron el prejuicio y retrasaron respuestas adecuadas. Hoy los datos obligan a revisar ese paradigma.
El World Obesity Atlas 2025 informó que en Argentina el 73% de los adultos tiene índice de masa corporal elevado y el 39% presenta obesidad. Esto incrementa el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer y múltiples patologías asociadas, además de generar un fuerte impacto sobre el sistema de salud.
La situación en niños y adolescentes es aún más preocupante: según el Ministerio de Salud, el 41,1% de la población entre 5 y 17 años vive con sobrepeso u obesidad. A nivel global, proyecciones publicadas en The Lancet estiman que para 2050 cerca del 60% de los adultos y el 31% de niños y adolescentes vivirán con exceso de peso. La investigadora Emmanuela Gakidou definió esta tendencia como una “epidemia global sin precedentes”.
La grasa corporal: más que un depósito
Parte de esta discusión exige abandonar una mirada reducida del tejido adiposo. La grasa corporal no es solo una reserva energética: es un tejido metabólicamente activo que participa en procesos endocrinos, inflamatorios e inmunológicos. Las células adiposas producen hormonas y sustancias que influyen sobre el metabolismo, la sensibilidad a la insulina y la inflamación sistémica.
Comprender este rol permite diseñar estrategias médicas más integrales, enfocadas en mejorar la salud metabólica y el bienestar general, y no únicamente en el número que marca la balanza.
Obesidad: tratamiento por escalones
La práctica clínica demuestra que no existen soluciones únicas. La obesidad requiere un modelo de abordaje progresivo, con distintos escalones terapéuticos según la evolución de la enfermedad y las características de cada paciente.
El primer escalón incluye nutrición, actividad física y acompañamiento profesional. Para muchas personas, este abordaje resulta suficiente. Sin embargo, en otros casos, incluso con buena adherencia, el organismo activa mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso perdido.
Como señala el Dr. Federico Cuencavente, jefe de Cirugía Bariátrica del Hospital Udaondo:
“Una evaluación preoperatoria incompleta puede impactar directamente en los resultados. Los pacientes deben ser evaluados por equipos multidisciplinarios que incluyan clínica médica, nutrición, salud mental y cirugía”.
El segundo escalón incorpora tratamientos médicos, farmacológicos y procedimientos endoscópicos mínimamente invasivos. Medicamentos como los agonistas GLP-1, el balón gástrico o la gastroplastia endoscópica forman parte de un arsenal terapéutico que debe indicarse con criterios médicos claros y seguimiento estricto.
El tercer escalón es la cirugía bariátrica. No es una solución estética ni un recurso extremo, sino una intervención médica validada en casos específicos de obesidad severa. Se indica, por ejemplo, en personas con IMC mayor a 40 o mayor a 35 con enfermedades asociadas.
Cuencavente lo resume con claridad:
“La cirugía no es mágica. Es una herramienta más dentro de un proceso largo. Sin seguimiento clínico, nutricional y psicológico, los resultados no se sostienen”.
Ley, política pública y ambiente obesogénico
En Argentina existe desde 2008 la Ley 26.396, pero no reconoce explícitamente a la obesidad como enfermedad crónica ni garantiza una cobertura integral acorde a su complejidad.
Por eso resulta relevante el proyecto de ley presentado en 2024 que propone reconocer formalmente a la obesidad como enfermedad crónica, metabólica e inflamatoria, e incorporar cobertura para diagnóstico, tratamiento nutricional, medicamentos, procedimientos endoscópicos y cirugía bariátrica dentro de un enfoque interdisciplinario.
La iniciativa también aborda el concepto de ambiente obesogénico: un entorno que favorece el desarrollo de obesidad a partir de factores como la abundancia de ultraprocesados, el sedentarismo promovido por el estilo de vida actual y la falta de políticas públicas sostenidas de prevención.
Más allá del prejuicio
Hablar hoy de obesidad y cirugía bariátrica exige salir del prejuicio. Reconocer la obesidad como enfermedad permite construir abordajes más justos, más humanos y más eficaces.
Las proyecciones muestran un escenario complejo. Frente a esta realidad, resulta indispensable pensar políticas de salud, estrategias médicas y acompañamientos terapéuticos que entiendan a la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica tratable, que requiere continuidad, compromiso y evidencia científica.
Porque no se trata de estética.
Se trata de salud.
Y, sobre todo, de calidad de vida.
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