En las puertas del Edén
La banda de los hits imperecederos debutó en San Luis con un recorrido en el que el tiempo se detuvo para recordar que las canciones pueden ser inmortales para abuelos, nietos, tíos, padres, madres, hermanos y esposas.
Himnos del corazón, padres de los piojos, tristezas de la ciudad, calores que son así, lunes por la madrugada, cohetes en el pantalón, guindillas ardientes, casas de prelados, tías en porretas y otras familiaridades del rock nacional de la primavera alfonsinista fueron el motivo por el que 200 puntanos pasaron una noche de nostalgia y rock con Los Abuelos de la nada. Será por eso que hoy estamos aquí.
En la mitad exacta de la semana el tiempo se detuvo para recorrer los clásicos de la banda y mantener la memoria, siempre esquiva, de lo que una generación bailó y cantó cuando la democracia daba sus primeros pasos. También sirvió para romper el inexplicable silencio de ausencia que el grupo había tenido con San Luis a lo largo de su historia.
La actualidad de “Los abuelos de la nada” tiene más peso simbólico que musical. El nombre de la banda funciona como primer atractivo, aún cuando el público sabe de antemano que ninguno de los miembros originales es parte de la formación actual. Es entonces que la presencia de Gato Azul Peralta, único heredero de Miguel Abuelo, el creador del grupo, funciona como elemento validante.
Pero durante el recital el cantante ejerció muy esporádicamente la posición de líder y dejó que fueran sus compañeros quienes tomaran el comando musical del recital. Se fue durante tres canciones completas, se escondió entre la percusión y apenas si se animó a hablar sobre el final del concierto: “Cada una de las personas que está acá es muy importante para mí”, dijo.
Al parecer, Peralta está decidido a extender la obra de su padre -un poeta de la totalidad, un bailarín en la oscuridad, un duende en la tercera edad-, con la misma metodología de Miguel: rodearse de músicos que estén dispuestos a seguirle el ritmo y a anteponer el proyecto a su lucimiento personal.
Pero más allá del nombre y de la presencia de Gato, el componente definitivamente conector entre el grupo y la gente son las canciones, clásicos de una época que trascendieron modas, años, géneros y se instalaron en una memoria colectiva que niega a apagarse. Y en ese punto, “Los abuelos…” versión 2026 entregan todo lo que tienen a su alcance.
Hits de la primera hora “(“Mil horas”, “Costumbres argentinas”, “Himno de mi corazón”), algunas maravillas ocultas (“Ir a más”, “Hombre lobo”, “Medita sol”), historias imperecederas (“Cosas mías”, “Chalaman”, “Sin gamulán”) y reconocimientos optimistas (“No se desesperen”, “Vamos al ruedo”) son suficiente muestra para determinar la inmortalidad de una banda que supo sacar sonrisas y recuerdos con la misma eficacia.
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