Entre la "ética" y las sombras: el funcionario que le cuida "el rancho" a Bazla
Bruno Fernández se consolida como el último guardián de los secretos de una gestión impregnada por los olores de corrupción, los negociados y los desmanejos absolutos.
La gente de campo sabe bien cómo se comporta un tero. Es un ave territorial, de una vigilancia implacable; cuando siente que algo acecha su nido, lanza ese grito inigualable para desviar la atención, mientras sus huevos permanecen a resguardo. En la política de San Luis, esa función de centinela parece haber encontrado a su mejor exponente: Bruno Fernández.
Al igual que el tero, Fernández despliega su "canto" burocrático para blindar el territorio de su jefe político, Ricardo Juan André Bazla, quien, aunque hoy intente pasar desapercibido, camina fuertemente manchado por el maíz de los escándalos.
Fernández se presenta ante la sociedad con una imagen de pulcritud casi aséptica. Siempre de traje y corbata impecables, el pelo cortado con precisión de cirujano y esos anteojos de marco rígido negro que oscilan entre lo intelectual y lo sport.
Esa fachada visual lo intentaría posicionar en el altar de la ética, pero en la práctica, sus manos parecen estar ocupadas pasando un "trapito con lustramuebles" para sacar brillo a las huellas de corrupción de su mentor.
Un eslabón clave
Como Director de Legalidad y Ética, Fernández se convirtió en el único "peso pesado" que Bazla dejó estratégicamente plantado. Su misión no es la transparencia, sino la custodia de lo que sucede en el Parque Automotor y, fundamentalmente, la administración bajo siete llaves de los resultados de los Narcotest.
Se sospecha que este manejo discrecional sirve para un doble propósito: cubrir a los "amigos" con debilidades de consumo y ejercer presión sobre jueces, fiscales y legisladores que osen asomar la cabeza fuera del plato.
La eficacia de Fernández como "guardaespaldas" administrativo quedó en evidencia al auditar los controles: junto a Lucio Pereira (socio, amigo y abogado de Bazla), fue el responsable de comunicar apenas dos positivos de cocaína sobre un universo de 1.900 muestras. Una estadística que suena más a blindaje que a control real.
La red de protección se cierra ahora con el desembarco del hijo de Lucio Pereira como asesor letrado en la Municipalidad de Villa Mercedes, ocupando el lugar de Mauro Sabatini. Todo queda en familia, entre socios y amigos.
Mientras Bazla intenta sacudirse el culebrón de El Caburé —aquel escándalo donde desapareció una cosecha de maíz de 2 millones de dólares bajo custodia estatal—, su "tero" personal sigue gritando fuerte en la otra punta del campo.
Fernández cuida "la quintita" de Bazla con el celo de quien sabe que, si se llega al nido, la caída del esquema de poder será inevitable. Por ahora, el tero canta, el maíz falta, la platita 'verde' no aparece y la ética sigue siendo apenas un título en una oficina vidriada.
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