VII- El discurso que se desmoronó frente a la verdad
La absolución de Cintia Ramírez en la causa del "colectivo" dejó a Claudio Poggi sin su principal bandera de difamación y lo obligó a improvisar un paquete de leyes que solo expone su falta de rumbo.
El revés fue total: el tribunal integrado por Fernando de Viana, Karina Lucero Alfonso y María Eugenia Zabala Chacur dictó la inocencia de la exsecretaria de Deportes, Cintia Ramírez. Esta sentencia de absolución no solo derrumbó una burda estrategia de comunicación instalada con presión mediática, sino que desató la furia del Gobernador, quien se vio obligado a reescribir su discurso del 1 de abril a último momento.
Ante la caída de su eje central de críticas, Poggi dejó de lado la institucionalidad para mostrar una rabia que ya no puede disimular, evidenciando que su gestión se alimenta más del rencor político que de pruebas reales.
En medio de ese descalabro, el mandatario improvisó una batería de anuncios educativos que parecen más “un plan de negocios” que una política pedagógica, lanzando leyes a granel en un intento de emular el estilo de "ley ómnibus" de Javier Milei.
Sin embargo, la maniobra dejó al descubierto que el Ejecutivo no tiene nada sólido que ofrecer; al intentar copiar modelos ajenos sin ideas propias ni planificación, Poggi terminó exponiendo su propia crisis de gestión.
Lo que pretendía ser un golpe de autoridad legislativa resultó ser un ejercicio de "copiar y pegar" mal ejecutado, confirmando que, cuando el relato de la persecución judicial falla, el gobierno queda desnudo, vacío de contenido y sumido en la más absoluta improvisación.
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