La guerrera dorada no descansa y vuelve a competir en Brasil
Será su primer torneo tras ser la única taekwondista argentina en conseguir el oro en los Juegos Suramericanos de la Juventud. Dice que todavía le dura la emoción, pero que está concentrada en los próximos objetivos.
No fue mucho el tiempo que tuvo Melissa Gonzaléz Vega para disfrutar de su medalla de oro obtenida en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá. Apenas si estuvo una semana en San Luis, rodeada del afecto de sus familiares y la admiración de sus amigos, y se tuvo que embarcar nuevamente a una competencia internacional. El sábado 9 de mayo inicia su participación en un torneo de Brasil.
El tiempo que estuvo en la provincia lo aprovechó al máximo, con tiempo en casa, visitas a la escuela Paula Domínguez de Bazán, donde cursa como puede el último año de la secundaria, y a su gimnasio, donde fue recibida por los pequeños practicantes de Taekwondo como una verdadera guerrera dorada.
Cuando pudo en medio de toda esa vorágine, atendió a El Diario de la República, “más relajada y súper feliz por el logro”, según ella misma dijo. “Otra de las cosas que siento es orgullo por todo el esfuerzo que hice para conseguir la medalla, por todos los entrenamientos que tuve”.
Buena parte de los días que pasó en San Luis estuvieron compartidos con su familia, verdaderos puntales en la carrera de Melissa. La deportista llegó a la provincia unos cuantos días después de su inolvidable participación panameña porque la delegación de artistas marciales volvió cuando terminó de competir el último de los representantes nacionales. Ese espacio de tiempo no mermó las ansias del reencuentro, sino todo lo contrario.
“Mi familia me fue a recibir al aeropuerto y apenas los vi cuando se abrieron las puertas me largué a llorar Fue súper emocionante el reencuentro”, contó la joven, quien también tiene lugar para el recuerdo del recibimiento de sus amigas, que la esperaron en la puerta de su casa con un cartel.
Quedaban, todavía, el saludo de la comunidad escolar y de su lugar de entrenamiento, donde la admiración se mezcló con la emoción. “Los nenes en el gimnasio se me tiraron encima, querían tocar la medalla y me hicieron miles de preguntas”, recordó.
En la escuela la situación fue similar pero con los profesores que en algunos casos no pudieron evitar las lágrimas de emoción. La preocupación de Melissa ahora, más que esquivar las patadas de sus rivales en el tatami, es tratar de terminar el año escolar sin deber materias y tener tiempo para las competencias.
La respuesta de los docentes fue tranquilizadora, ya que le dijeron que se ponga al día de a poco y que se reincopore cuando los torneos se lo permitan, que será dentro de una o dos semanas.
Contenta por la performance de su deporte en los Panamericanos –que tuvo 10 podios, aunque ella fue la única de oro-, Melissa tiene la medalla guardada en la misma caja que le entregaron cuando bajó del podio. “Todavía no tengo ningún lugar especial para ella, pero le voy a encontrar uno, seguramente arriba de de mi cama”, dijo la joven con una sonrisa en su cara.
Es la misma sonrisa que se le dibujó cuando ganó el segundo round en la final de Panamá y se puso 1 a 1, tras perder el primero. Porque lo ganó ajustadamente, la joven se dio cuenta en ese momento que el tercero, el definitivo, se iba a quedar de su lado. "Ese era mi torneo”.
Para reafirmar esa seguridad González aseveró que llegó a la competencia muy confiada, segura y fuerte y que “nunca se me cruzó por la cabeza que iba a perder la pelea, siempre tuve bien en claro que iba a ganar”.
Pero si tiene que especificar un momento determinante de la competencia, la puntana también lo tiene en claro: los últimos 10 segundos, cuando iba ganando por 10 a 3 y los ojos se le habían llenado de lágrimas.
LA MEJOR OPCIÓN PARA VER NUESTROS CONTENIDOS
Suscribite a El Diario de la República y tendrás acceso primero y mejor para leer online el PDF de cada edición papel del diario, a nuestros suplementos y a los clasificados web sin moverte de tu casaMás Noticias
