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El "Año de la Educación" de Poggi: parches para un sistema en ruinas

El fracaso de la gestión configura un escenario deplorable. Sueldos docentes licuados, falta de políticas reales y el exceso de frivolidad en redes sociales son los sellos del oficialismo.

Por redacción
| 17 de junio de 2026
Poggi y Araujo, durante la firma del proyecto de ley que luego instituyó el Año de la Educación. Foto: ANSL.

El pomposo eslogan del Gobierno de Claudio Poggi, que bautizó al período actual como el "Año de la Educación", choca de frente con una realidad inocultable: las aulas de San Luis se desmoronan en múltiples circunstancias mientras la gestión se diluye en marketing digital y medidas superficiales. Detrás de las sonrisas oficiales, la comunidad educativa enfrenta el abandono.

 


La base del sistema, sus trabajadores, sostiene la educación en condiciones de extrema vulnerabilidad. Hoy los docentes están hundidos en la pobreza y la indigencia, asfixiados por sobreexigencias laborales sin límites, maltratos y persecuciones que buscan silenciar el descontento. Trabajar en estas condiciones hace imposible garantizar la calidad pedagógica.

 


A este panorama se suma el colapso del Ministerio de Educación a cargo de Guillermo Araujo, convertido en una máquina de generar trabas burocráticas e ineficiencia. El proceso de inscripción para cubrir cargos docentes fue un reflejo de esto: un sistema plagado de dificultades técnicas y requisitos innecesarios que solo sirvieron para dilatar la llegada de maestros a las aulas.

 


Parches vs. Realidad

 


La infraestructura escolar se ha limitado a alguna que otra aula pintada o arreglos cosméticos de urgencia. No hay un plan estructural, solo remiendos.

 


En cuanto a las políticas "estrella", el balance es desolador. La entrega de bicicletas TuBi —un plan históricamente cuestionado por sobreprecios, amiguismos y ventajas políticas— ha demostrado su fracaso absoluto: hoy los rodados se rematan en redes sociales o en ferias de trueque. 

 


En una provincia acorralada por la inseguridad, donde no se pueden dejar las bicicletas afuera, y bajo un descontrol vial generalizado, el beneficio es nulo. Las bicicletas no educan, y menos si terminan vendidas para paliar el hambre.

 


El resto de la agenda oficial se compone de reciclaje y cotillón: medidas de transporte sin ninguna novedad, el proyecto CLIP, simulacros como "Diputados por un día" o la insólita figura de "Embajadores de la alarma ciudadana". Iniciativas absolutamente menores que no tocan el fondo del problema.

 


La crisis social termina de enterrar cualquier relato. ¿De qué educación se puede hablar cuando los chicos dependen del PANE —un servicio alimentario cuestionado por episodios de corrupción y comida en mal estado— para poder comer, en lugar de hacerlo en sus hogares? El asistencialismo del PANE no es un logro; es el síntoma de la pobreza y la falta de empleo que azota a las familias puntanas.

 


Mientras el gobernador acumula visitas protocolares y videos para TikTok charlando con jóvenes, lo sustancial, lo original y el progreso real brillan por su ausencia. En el "Año de la Educación", la nota final para la gestión de Poggi es un rotundo cero.
 

 

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