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¿Tenemos futuro?: el dilema entre el acceso a la vivienda y los requisitos excluyentes

Familias denuncian que el programa exige un piso salarial imposible de alcanzar para los sectores vulnerables. La alternativa de autoconstrucción requiere poseer un terreno propio.

Por redacción
| Hace 16 horas
¿Viviendas sociales o soluciones habitacionales?

La reciente realización del tercer sorteo del plan de viviendas "Tenemos Futuro" encendió las alarmas y desató indignación en una parte de los postulantes. Si bien el anuncio oficial generó alivio en un puñado de familias adjudicadas, una gran parte de los inscriptos manifestó un profundo malestar debido a la falta de claridad en las condiciones reales del programa y a las barreras económicas impuestas por el propio Gobierno.

 


La principal crítica radica en la brecha que separa a las promesas iniciales de la cruda realidad de los hechos: el plan dista mucho de ser el programa social que se publicitó. Para acceder efectivamente a las casas adjudicadas, los beneficiarios deben superar un piso de ingresos mínimos mensuales que resulta inalcanzable para los sectores más precarizados. 

 


Entre los principales afectados se encuentra, por ejemplo, el personal perteneciente al Plan de Inclusión, cuyos ingresos quedan automáticamente fuera de los parámetros exigidos por la normativa gubernamental.

 


Ante las complicaciones y los lógicos reclamos de quienes no logran calificar por sus bajos salarios, la respuesta oficial ha sido derivar a los postulantes hacia una segunda modalidad del programa: el acceso a materiales para la autoconstrucción. 

 


Sin embargo, esta alternativa presenta un obstáculo igual de excluyente, ya que el requisito obligatorio para recibir los materiales es contar con un terreno propio. La contradicción es evidente y genera desazón entre los vecinos, quienes se preguntan de qué manera una familia sin recursos financieros va a poseer un lote de tierra en el contexto actual.

 


El descontento social expone los severos fallos de diseño de una política habitacional que parece ignorar la realidad económica de la población a la que supuestamente busca proteger. Con un sector mayoritario de los inscriptos excluido de la casa propia por no llegar al sueldo mínimo, y bloqueado de la autoconstrucción por no tener tierra, la retórica oficial tambalea. En ese sentido, y parafraseando de forma inevitable el nombre elegido para el plan de viviendas, la pregunta queda flotando en el aire de la comunidad: ¿Tenemos futuro?
 

 

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