Fuego en las sierras: los vecinos defendieron sus hogares ante las llamas
Mientras el viento hacía incontrolable la situación, los propios habitantes defendieron sus viviendas a "chicotazos" ante un sistema que no dio abasto.
El incendio forestal que azota a la zona serrana de Estancia Grande comenzó a registrarse en la madrugada del jueves, alrededor de la 1:30. Mientras los reportes oficiales inciales se concentraron en detallar cuestiones técnicas, el despliegue de aviones hidrantes y el avance del peligro hacia Potrero de los Funes por acción del viento, las familias de la región vivieron horas de desesperación en el territorio.
Aunque el personal de emergencia trabajó con una entrega absoluta, la magnitud del episodio y las condiciones climáticas los sobrepasó. Fue en ese escenario crítico donde la organización de los propios vecinos se convirtió en la última barrera para evitar una tragedia habitacional y ambiental de proporciones aún mayores.
Instantes dramáticos en El Durazno Alto
Uno de los sectores más golpeados fue El Durazno Alto. Mariano Estrada, vecino, relató el escenario desesperante provocado por las condiciones climáticas: "El viento estaba fuertísimo y era incontrolable".
Estrada, quien afortunadamente no sufrió pérdidas materiales directas, describió cómo la comunidad debió autogestionarse para colaborar en la emergencia: "Evacuaron a una familia en un campo y luego, con unos vecinos, tuvimos que tirar un alambrado para que pudieran salir los animales, porque si no quedaban atrapados en el fuego".
Si bien los bomberos lograron contener un flanco crítico realizando un contrafuego para evitar que las llamas cruzaran por encima de la Ruta 18 hacia los loteos y viviendas de la parte baja, la situación general continuaba siendo extremadamente compleja.
Combatir el fuego "a chicotazos"
Para otros pobladores de la sierra, la lucha contra el fuego se ha vuelto una triste costumbre debido a la repetición de estos siniestros. Matías Giacchino, otro de los vecinos que se puso al frente de la línea de fuego en los sectores de la Ecoaldea, sintetizó el sentimiento de desamparo y resiliencia de la comunidad: "Este debe ser el séptimo incendio que apagamos. Agarramos un 'chicote' —un jean mojado— y le vamos pegando hasta que lo apagamos".
Giacchino advirtió que la gravedad de este episodio superó a los anteriores ya que el fuego los rodeó por completo, obligando a cada familia a defender su propio hogar y sus bosques frutales.
El vecino fue categórico: "Los bomberos siempre no dan abasto. Había muchos, pero se quemaba todo por todos lados". Asimismo, remarcó la urgencia de generar un cambio cultural y estructural en la región, dotando a las viviendas de mejor equipamiento —como sopladoras o tanques de acopio hídrico— para no depender únicamente de un sistema de emergencias que colapsa ante la magnitud de estos incendios intencionales.
"Si hubiera brigadas, si el ejército participara, podríamos apagar el incendio en en en un solo día. Pero bueno, estamos como atrás culturalmente", remarcó.
Indagar responsabilidades
Ahora lo que urge, es que las llamas den tregua. En lo que va del viernes, cada 20 minutos se escuchan los aviones que van y vienen, en un abordaje intenso contra el fuego. Pero más allá del ataque contra los focos, restan respuestas urgentes: los responsables.
"Se agradece el laburo y los recursos, pero queremos a los responsables de tamaño desastre", reflejó uno de los vecinos en sus redes sociales.
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