Comercios al límite: locales vacíos, ventas a pérdida y promociones como único salvavidas
Entre alquileres inalcanzables y un consumo paralizado, los comerciantes de la provincia sobreviven a fuerza de ofertas. Vecinos endeudados y pymes en alerta retratan un panorama crítico.
El comercio en la provincia atraviesa un escenario sumamente complejo que golpea a diversos sectores por igual. Al recorrer la peatonal Rivadavia, la calle San Martín y las principales arterias de la capital —tanto dentro como fuera de las cuatro avenidas—, así como en las barriadas y las localidades del interior, el paisaje muestra una preocupante constante: locales en alquiler que permanecen desocupados durante meses y una oferta comercial que se achica paulatinamente.
Para muchos emprendedores, la apuesta por el progreso choca de frente con la realidad. Negocios que abren sus puertas con ilusión se ven obligados a bajar las persianas a los pocos meses ante una estructura de costos imposible de sostener.
Mientras que los dueños de los inmuebles logran capear de mejor manera la tormenta, quienes alquilan optan cada vez más por migrar hacia las ventas por internet. Sin embargo, incluso en el entorno digital, el consumo sigue sin despegar.
En este contexto, las ventas dependen de manera casi exclusiva de las promociones. Las ofertas de 2x1, la ropa vendida al costo, las liquidaciones de temporada y los reintegros con tarjetas bancarias son las únicas herramientas que permiten a las familias acceder a productos más costosos, como calzado o indumentaria.
Los días en que no hay descuentos, la circulación de compradores cae drásticamente, evidenciando a una sociedad que camina incansablemente en busca de precios. Paralelamente, gana terreno la moda circular y los rincones de outlet dedicados a rematar prendas discontinuadas o de baja salida.
El impacto en el bolsillo de los consumidores es alarmante. Elisa Agüero, vecina de la ciudad y madre de un adolescente, retrató la dificultad cotidiana: “Hace poco le tuve que comprar zapatillas. No puede ser que un par salga 100 mil pesos, ¿cómo se puede vivir así? Yo estoy endeudada, no doy más... y si no fuera por algunas promociones, directamente no puedo con nada”, dijo en diálogo con El Diario.
Del otro lado del mostrador, la realidad de los comerciantes refleja el mismo ahogo. Álvaro, comerciante del interior provincial, describió la lucha por no cerrar: “Te digo la verdad, la ganancia es mínima. Entre proveeduría, alquiler y empleados, la situación es de subsistencia. Preocupa mucho esta cuestión, ni hablar de la presión con impuestos y esas cosas que uno queda seco”.
Así, entre el endeudamiento familiar y la asfixia del sector privado, el comercio puntano busca resistir en un mapa donde cada persiana que baja deja huella en la economía local.
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