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“A esta altura, el arte es lo único que tengo”

Juan Luna

La cantante, escritora y actriz fundamental de la acción independiente nacional cuenta cómo hizo para sobrevivir en la escena cultural y a las modificaciones en el mercado del arte. Y dice que le queda pendiente hacer algo en el mundo de la danza.

Rosario Bléfari no aparenta ser una persona inquieta. Es delgada, se mueve con sigilo y su voz es suave. Casi que puede pasar desapercibida si no se tiene conocimiento de que esa mujer de cabello corto, que disimula muy bien sus 58 años, es una de las artistas más prolíficas de la escena independiente argentina.

Conscientemente o no, se aleja del estereotipo de una rockstar. Tal vez, acostumbrada a llevar las riendas de su carrera, a tener que invertir para grabar sus discos y distribuirlos, mantiene el perfil bajo con el que se manejó a lo largo de una nutrida carrera en la música “under”, en el cine, en el teatro, y también de la literatura.

Porque su nombre no aparece ni figuró demasiado en la lista de canciones de moda, pero tiene un gran peso en esa otra cultura, la que se gestó en la década de 1990 en los escenarios alternativos y terminó por marcar a una generación que vivió el paso del vinilo al casete y luego al compact disc, de la radio al walkman, y que dejó de consumir lo que dictaba el mercado para empezar a transitar sus propios caminos en el arte.

Bléfari parece haber tenido varias vidas. Solo de esa forma se explica una carrera tan amplia y diversa en la que fue vocalista y cara visible de la mítica banda de rock alternativo “Suárez”, grabó discos como cantante solista, integró otros grupos como “Sué Mon Mont” y “Los mundos posibles”, actuó en varias películas, (hoy consideradas de culto), publicó libros de cuentos, poemas y obras de teatro.

Por eso, en diálogo con “Cooltura”, la marplatense no dudó en dejar una definición elocuente sobre su relación con el arte: “A esta altura de mi vida, es lo único que tengo”.

 

 

Cambiar y seguir

“Río Paraná” es probablemente la canción más conocida de Suárez, el grupo que Bléfari lideró entre 1989 y 2001. Ella se vale de esa letra, que primero repite “cambió” y luego “siguió” a modo de estribillo, como metáfora de la forma en que ha transitado por sus diferentes proyectos musicales. “Van cambiando pero al mismo tiempo recuperando cosas. Cambiar y seguir no son cosas diferentes, en algún punto son lo mismo. El cambio es seguir y seguir es ir cambiando”, reflexionó.

Por eso, contó, las transiciones entre cada una de sus apuestas se dieron de manera natural, sin una ruptura abrupta. Eso posibilitó que, más tarde, las viejas canciones que habían quedado atrás volvieran a emerger en su actualidad.

Bléfari sostuvo que la memoria de sus días con “Suárez” ha ido mutando a lo largo del tiempo. “Hubo una época en la que recién nos habíamos separado en la que me parecía una cosa del pasado. Mientras más cerca estaba, yo lo sentía más lejos. Es como la tierra que es redonda, mientras te alejás de un punto, también te empezás a acercar”, expresó.

Bajo esa lógica, a medida que transcurrieron los años, el recuerdo de la banda comenzó a tornarse más nítido. De hecho, el motivo del regreso de “Suárez” a los escenarios es toda una metáfora del paso del tiempo y de las opciones que posibilita cada época.

Rosario decidió desempolvar de sus archivos una gran cantidad de filmaciones que tenía guardadas en formato VHS para digitalizarlas. Al mismo tiempo, el músico y videasta Fernando Blanco le comunicó sus intenciones de realizar un documental sobre la banda. Los dos hechos se combinaron para que salieran a la luz dos largometrajes: “Entre dos luces”, que contó los inicios y los dos primeros discos del grupo; y “Cien caminos”, que se concentró en las últimas dos grabaciones y las giras por Europa.

Ese material no solo sirvió para retratar los entretelones de un conjunto considerado mítico en la escena independiente, sino que también fue la excusa principal para que en 2016 los músicos se volvieran a reunir y a tocar en vivo después de más de quince años. “Fue una gran emoción ver la respuesta de la gente, de personas que nos habían visto en otra época, y de otros que no nos habían visto nunca y que eran nuevas generaciones que nos empezaban a descubrir", recordó.

Desde el 2001 hasta el 2010, Rosario emprendió un proyecto solista en el que grabó seis discos y algunas de las canciones que hoy se consideran fundamentales de su repertorio, como “Lobo”, “Viento helado” o “Navidad”. Aunque al principio la incomodaba presentarse con su nombre real, fue en esta época en la que consolidó su figura como artista, cuando sus temas se despojaron y empezó a destacarse su voz y el costado más poético de sus letras.

Luego de diez años, volvió a darle un giro a su carrera musical y formó la banda “Sué Mon Mont”, en la que se metió de lleno en los sonidos y la estética más actual del indie en español. De hecho, la acompañan músicos de otros grupos del género como Gustavo Monsalvo de “El mató a un policía motorizado”, Tifa Rex de “Los reyes del falsete”, y Marcos Díaz de “Bosques”.

El año pasado, la inquieta artista se dio otro gusto, combinó su voz con la de Julián Perla, cantante de “Mi pequeña muerte”, y armaron un dúo bautizado como “Los mundos posibles”. “Tengo otra banda que se llama ‘El paisaje escondido’, que es muy particular, de música en estado de improvisación, en la que vamos generando climas hasta que aparece una canción”, agregó. Como si todo eso no fuera suficiente, este año Bléfari publicó su séptimo título como solista: “Sector apagado”.

 

La cultura autogestionada

En cada uno de esos proyectos, Rosario hizo de la autogestión su modo de emprender la música y el arte. Por eso, no reniega del rótulo que se ha ganado de “referente” de la escena independiente. Aunque advierte que los tiempos y las formas han cambiado y que eso obliga a los artistas a reinventarse.

“Por un lado está la crisis mundial del CD, de la música en formato físico, que pasó a ser algo especial como un recuerdo o un suvenir, porque la gente ya no tiene ni dónde reproducirlos. Eso hace que cambie todo, porque en lo autogestivo buscábamos la forma de fabricar los discos, presentarlos, venderlos, distribuirlos, recuperar y volver a invertir. Hoy en día, están vigentes las plataformas digitales, pero la recaudación es ínfima, es un goteo, que no alcanza para cubrir los gastos de una grabación”, admitió.

Y aunque internet ha posibilitado la emergencia de una gran cantidad de grupos y cantantes por fuera de los grandes sellos discográficos, Rosario considera que siempre hay una apuesta y una inversión que requiere sacrificio. “Lo que pasó con los artistas y su relación con lo independiente es que se perdió esa cosa de que ‘yo soy artista, no hablo de plata, porque yo estoy en una burbuja de inspiración’. Aprendimos que no hay métodos que se fijen, siempre tenés que buscar una nueva forma y no te tiene que dar vergüenza vender tu disco, hacer las cuentas, calcular cuánto vas a cobrar la entrada”, sostuvo.

Por eso, aunque no haya recetas mágicas, aconsejó que lo fundamental para mantenerse vigente en el mundo artístico es “buscar nuevos caminos siempre, no perder la curiosidad ni el deseo de probar nuevas cosas. Es fundamental para una vigencia, aunque eso signifique fracasar totalmente la atención del público, no hay que tener miedo a eso. No ser complaciente con lo que esperan de uno, sino tomar riesgos”.

 

Entre letras

Hace cuatro años, Rosario ingresó a la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes y empezó a darle mayor forma a una de sus pasiones más antiguas. “Es la carrera que me hubiera gustado seguir cuando terminé la secundaria. Esto es exclusivo para escribir, para escritores. Me interesaba porque siempre doy talleres relacionados a la escritura de canciones y quería comparar tantos años de autodidacta con un conocimiento más académico”, contó.

Y aunque ya tenía una actividad literaria y había editado dos libros de poemas, el cursado multiplicó su producción de textos. Así, aparecieron varios proyectos e invitaciones de editoriales que se convirtieron en publicaciones, no solo de poesía, sino también de cuentos y ensayos.

“De joven, yo tenía a la escritura como algo fundamental. Yo imaginaba que sin duda me iba a dedicar a escribir, pero hice muchas cosas y a la literatura la usé para las canciones”, recordó. Así, Rosario desempolvó una serie de textos que había pergeñado cuando tenía veinte años y en este 2019 vieron por fin la luz bajo el título de “Poemas de los 20 en los 80”.

“Estoy trabajando en algo nuevo que se llama ‘El diario del dinero’, que está atravesado por números, de cuánto salen las cosas y cuánto salían antes. En eso estoy trabajando mucho. También estoy tratando de escribir un guión para una película, que surgió por iniciativa de una productora. Después de haber visto “Carta para un padre” de Edgardo Cozarinsky, que es como un ensayo autobiográfico, poético, documental, me imaginé que yo podía hacer algo así. Y también estoy con eso”, anticipó.

La artista considera que hay universos temáticos que se trasladan desde su lírica para las canciones a los tópicos que abordan sus escritos literarios. “Hay cosas que siempre están. Hay cierto tono que ya es como una voz que se repite. Aunque en los poemas se diversifican un poco los temas. Para mí es como el ensayo, esa cosa medio reflexiva y el clima del pensamiento, donde se elaboran preguntas, se cotejan informaciones, y hay una reflexión sobre el recuerdo, la muerte, el paisaje”, dijo.

Lejos de conformarse con toda esa actividad, Rosario está a la espera de algunos proyectos para actuar en películas que están en el tintero, demoradas por la falta de financiación que sufre el cine argentino. Y luego de haber explorado casi todas las disciplinas artísticas, admite que todavía tiene una cuenta pendiente: “Siempre me gustó y me imaginé poder hacer algo en el mundo de la danza”.

 

 

 

UN ROSARIO DE VIDAS POSIBLES

La carrera de Rosario Bléfari es tan prolífica y diversa que es posible entrar a ella por diferentes puertas. Una selección de títulos para conocer y entender el arte de la marplatense, desde la música, la literatura o el cine.

 

 

Una banda: Los mundos posibles

Quizás una buena manera de conocer la música de Rosario no sea empezar desde el principio, sino todo lo contrario. Bajo esa lógica, el dúo que formó el año pasado con Julián Perla (cantante de “Mi pequeña muerte”) y que bautizaron con el nombre de “Los mundos posibles” transmite, con un sonido más actual, algunos rasgos característicos de los proyectos de Bléfari: buenas letras, una voz que se destaca más por su singularidad que por técnica, versatilidad rítmica y una instrumentación al servicio de la canción y no al revés.

 

Un disco: Excursiones

El cuarto y último álbum de estudio de Suárez, la banda que Bléfari lideró durante una década, fue editado en 1999 y entre sus trece canciones reúne algunas de las más conocidas del grupo, como “Río Paraná” y la que le da el nombre al disco. Con una formación clásica de rock (guitarra, batería, bajo y voz), la forma de cantar de Rosario le imprimió al álbum la dosis justa de sensibilidad sin restarle fueza.

 

Una canción: Viento helado

Del 2004, es uno de los temas más populares de su etapa solista. Al coquetear con un sonido indie pero sin renunciar a su esencia rockera, la marplatense logró una canción que tiene sabor a hit y que transmite una alegría nostálgica que va a tono con la lírica: “A veces creo que es preciso conocer lo que se pierde en una tarde, lo que se gana de una vez”.


 

Un libro: Antes del río

En el 2017 Bléfari publicó un libro de poemas en prosa que resulta ideal para quienes no están habituados a leer el género. Está compuesto de textos breves que escapan a la idea de que la poesía se escribe en versos rimados y en los que la autora se sumerge desde la superficie a la profundidad: con paisajes cotidianos, viajes en subte, bares o internet, aborda temas como el amor, la relación entre una madre y una hija, o entre el humano y la naturaleza.

 

Una película: Silvia Prieto

Bléfari protagonizó esta película en 1999. Tiene trama costumbrista en clave de comedia, pero sobresalió por un tono diferente a lo que se veía en la época. Fue escrita y dirigida por Martín Rejtman, y Rosario interpreta al personaje protagónico que le da nombre al film, una mujer que trata de ordenar su vida y se topa con la aventura encontrar otras personas con su mismo nombre. También actúan Valeria Bertuccelli y Vicentico.

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“A esta altura, el arte es lo único que tengo”

La cantante, escritora y actriz fundamental de la acción independiente nacional cuenta cómo hizo para sobrevivir en la escena cultural y a las modificaciones en el mercado del arte. Y dice que le queda pendiente hacer algo en el mundo de la danza.

Rosario participa en "Reinos", una obra que se estrenó este mes en el Teatro Sarmiento. Fotos: Juan Andrés Galli

Rosario Bléfari no aparenta ser una persona inquieta. Es delgada, se mueve con sigilo y su voz es suave. Casi que puede pasar desapercibida si no se tiene conocimiento de que esa mujer de cabello corto, que disimula muy bien sus 58 años, es una de las artistas más prolíficas de la escena independiente argentina.

Conscientemente o no, se aleja del estereotipo de una rockstar. Tal vez, acostumbrada a llevar las riendas de su carrera, a tener que invertir para grabar sus discos y distribuirlos, mantiene el perfil bajo con el que se manejó a lo largo de una nutrida carrera en la música “under”, en el cine, en el teatro, y también de la literatura.

Porque su nombre no aparece ni figuró demasiado en la lista de canciones de moda, pero tiene un gran peso en esa otra cultura, la que se gestó en la década de 1990 en los escenarios alternativos y terminó por marcar a una generación que vivió el paso del vinilo al casete y luego al compact disc, de la radio al walkman, y que dejó de consumir lo que dictaba el mercado para empezar a transitar sus propios caminos en el arte.

Bléfari parece haber tenido varias vidas. Solo de esa forma se explica una carrera tan amplia y diversa en la que fue vocalista y cara visible de la mítica banda de rock alternativo “Suárez”, grabó discos como cantante solista, integró otros grupos como “Sué Mon Mont” y “Los mundos posibles”, actuó en varias películas, (hoy consideradas de culto), publicó libros de cuentos, poemas y obras de teatro.

Por eso, en diálogo con “Cooltura”, la marplatense no dudó en dejar una definición elocuente sobre su relación con el arte: “A esta altura de mi vida, es lo único que tengo”.

 

 

Cambiar y seguir

“Río Paraná” es probablemente la canción más conocida de Suárez, el grupo que Bléfari lideró entre 1989 y 2001. Ella se vale de esa letra, que primero repite “cambió” y luego “siguió” a modo de estribillo, como metáfora de la forma en que ha transitado por sus diferentes proyectos musicales. “Van cambiando pero al mismo tiempo recuperando cosas. Cambiar y seguir no son cosas diferentes, en algún punto son lo mismo. El cambio es seguir y seguir es ir cambiando”, reflexionó.

Por eso, contó, las transiciones entre cada una de sus apuestas se dieron de manera natural, sin una ruptura abrupta. Eso posibilitó que, más tarde, las viejas canciones que habían quedado atrás volvieran a emerger en su actualidad.

Bléfari sostuvo que la memoria de sus días con “Suárez” ha ido mutando a lo largo del tiempo. “Hubo una época en la que recién nos habíamos separado en la que me parecía una cosa del pasado. Mientras más cerca estaba, yo lo sentía más lejos. Es como la tierra que es redonda, mientras te alejás de un punto, también te empezás a acercar”, expresó.

Bajo esa lógica, a medida que transcurrieron los años, el recuerdo de la banda comenzó a tornarse más nítido. De hecho, el motivo del regreso de “Suárez” a los escenarios es toda una metáfora del paso del tiempo y de las opciones que posibilita cada época.

Rosario decidió desempolvar de sus archivos una gran cantidad de filmaciones que tenía guardadas en formato VHS para digitalizarlas. Al mismo tiempo, el músico y videasta Fernando Blanco le comunicó sus intenciones de realizar un documental sobre la banda. Los dos hechos se combinaron para que salieran a la luz dos largometrajes: “Entre dos luces”, que contó los inicios y los dos primeros discos del grupo; y “Cien caminos”, que se concentró en las últimas dos grabaciones y las giras por Europa.

Ese material no solo sirvió para retratar los entretelones de un conjunto considerado mítico en la escena independiente, sino que también fue la excusa principal para que en 2016 los músicos se volvieran a reunir y a tocar en vivo después de más de quince años. “Fue una gran emoción ver la respuesta de la gente, de personas que nos habían visto en otra época, y de otros que no nos habían visto nunca y que eran nuevas generaciones que nos empezaban a descubrir", recordó.

Desde el 2001 hasta el 2010, Rosario emprendió un proyecto solista en el que grabó seis discos y algunas de las canciones que hoy se consideran fundamentales de su repertorio, como “Lobo”, “Viento helado” o “Navidad”. Aunque al principio la incomodaba presentarse con su nombre real, fue en esta época en la que consolidó su figura como artista, cuando sus temas se despojaron y empezó a destacarse su voz y el costado más poético de sus letras.

Luego de diez años, volvió a darle un giro a su carrera musical y formó la banda “Sué Mon Mont”, en la que se metió de lleno en los sonidos y la estética más actual del indie en español. De hecho, la acompañan músicos de otros grupos del género como Gustavo Monsalvo de “El mató a un policía motorizado”, Tifa Rex de “Los reyes del falsete”, y Marcos Díaz de “Bosques”.

El año pasado, la inquieta artista se dio otro gusto, combinó su voz con la de Julián Perla, cantante de “Mi pequeña muerte”, y armaron un dúo bautizado como “Los mundos posibles”. “Tengo otra banda que se llama ‘El paisaje escondido’, que es muy particular, de música en estado de improvisación, en la que vamos generando climas hasta que aparece una canción”, agregó. Como si todo eso no fuera suficiente, este año Bléfari publicó su séptimo título como solista: “Sector apagado”.

 

La cultura autogestionada

En cada uno de esos proyectos, Rosario hizo de la autogestión su modo de emprender la música y el arte. Por eso, no reniega del rótulo que se ha ganado de “referente” de la escena independiente. Aunque advierte que los tiempos y las formas han cambiado y que eso obliga a los artistas a reinventarse.

“Por un lado está la crisis mundial del CD, de la música en formato físico, que pasó a ser algo especial como un recuerdo o un suvenir, porque la gente ya no tiene ni dónde reproducirlos. Eso hace que cambie todo, porque en lo autogestivo buscábamos la forma de fabricar los discos, presentarlos, venderlos, distribuirlos, recuperar y volver a invertir. Hoy en día, están vigentes las plataformas digitales, pero la recaudación es ínfima, es un goteo, que no alcanza para cubrir los gastos de una grabación”, admitió.

Y aunque internet ha posibilitado la emergencia de una gran cantidad de grupos y cantantes por fuera de los grandes sellos discográficos, Rosario considera que siempre hay una apuesta y una inversión que requiere sacrificio. “Lo que pasó con los artistas y su relación con lo independiente es que se perdió esa cosa de que ‘yo soy artista, no hablo de plata, porque yo estoy en una burbuja de inspiración’. Aprendimos que no hay métodos que se fijen, siempre tenés que buscar una nueva forma y no te tiene que dar vergüenza vender tu disco, hacer las cuentas, calcular cuánto vas a cobrar la entrada”, sostuvo.

Por eso, aunque no haya recetas mágicas, aconsejó que lo fundamental para mantenerse vigente en el mundo artístico es “buscar nuevos caminos siempre, no perder la curiosidad ni el deseo de probar nuevas cosas. Es fundamental para una vigencia, aunque eso signifique fracasar totalmente la atención del público, no hay que tener miedo a eso. No ser complaciente con lo que esperan de uno, sino tomar riesgos”.

 

Entre letras

Hace cuatro años, Rosario ingresó a la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes y empezó a darle mayor forma a una de sus pasiones más antiguas. “Es la carrera que me hubiera gustado seguir cuando terminé la secundaria. Esto es exclusivo para escribir, para escritores. Me interesaba porque siempre doy talleres relacionados a la escritura de canciones y quería comparar tantos años de autodidacta con un conocimiento más académico”, contó.

Y aunque ya tenía una actividad literaria y había editado dos libros de poemas, el cursado multiplicó su producción de textos. Así, aparecieron varios proyectos e invitaciones de editoriales que se convirtieron en publicaciones, no solo de poesía, sino también de cuentos y ensayos.

“De joven, yo tenía a la escritura como algo fundamental. Yo imaginaba que sin duda me iba a dedicar a escribir, pero hice muchas cosas y a la literatura la usé para las canciones”, recordó. Así, Rosario desempolvó una serie de textos que había pergeñado cuando tenía veinte años y en este 2019 vieron por fin la luz bajo el título de “Poemas de los 20 en los 80”.

“Estoy trabajando en algo nuevo que se llama ‘El diario del dinero’, que está atravesado por números, de cuánto salen las cosas y cuánto salían antes. En eso estoy trabajando mucho. También estoy tratando de escribir un guión para una película, que surgió por iniciativa de una productora. Después de haber visto “Carta para un padre” de Edgardo Cozarinsky, que es como un ensayo autobiográfico, poético, documental, me imaginé que yo podía hacer algo así. Y también estoy con eso”, anticipó.

La artista considera que hay universos temáticos que se trasladan desde su lírica para las canciones a los tópicos que abordan sus escritos literarios. “Hay cosas que siempre están. Hay cierto tono que ya es como una voz que se repite. Aunque en los poemas se diversifican un poco los temas. Para mí es como el ensayo, esa cosa medio reflexiva y el clima del pensamiento, donde se elaboran preguntas, se cotejan informaciones, y hay una reflexión sobre el recuerdo, la muerte, el paisaje”, dijo.

Lejos de conformarse con toda esa actividad, Rosario está a la espera de algunos proyectos para actuar en películas que están en el tintero, demoradas por la falta de financiación que sufre el cine argentino. Y luego de haber explorado casi todas las disciplinas artísticas, admite que todavía tiene una cuenta pendiente: “Siempre me gustó y me imaginé poder hacer algo en el mundo de la danza”.

 

 

 

UN ROSARIO DE VIDAS POSIBLES

La carrera de Rosario Bléfari es tan prolífica y diversa que es posible entrar a ella por diferentes puertas. Una selección de títulos para conocer y entender el arte de la marplatense, desde la música, la literatura o el cine.

 

 

Una banda: Los mundos posibles

Quizás una buena manera de conocer la música de Rosario no sea empezar desde el principio, sino todo lo contrario. Bajo esa lógica, el dúo que formó el año pasado con Julián Perla (cantante de “Mi pequeña muerte”) y que bautizaron con el nombre de “Los mundos posibles” transmite, con un sonido más actual, algunos rasgos característicos de los proyectos de Bléfari: buenas letras, una voz que se destaca más por su singularidad que por técnica, versatilidad rítmica y una instrumentación al servicio de la canción y no al revés.

 

Un disco: Excursiones

El cuarto y último álbum de estudio de Suárez, la banda que Bléfari lideró durante una década, fue editado en 1999 y entre sus trece canciones reúne algunas de las más conocidas del grupo, como “Río Paraná” y la que le da el nombre al disco. Con una formación clásica de rock (guitarra, batería, bajo y voz), la forma de cantar de Rosario le imprimió al álbum la dosis justa de sensibilidad sin restarle fueza.

 

Una canción: Viento helado

Del 2004, es uno de los temas más populares de su etapa solista. Al coquetear con un sonido indie pero sin renunciar a su esencia rockera, la marplatense logró una canción que tiene sabor a hit y que transmite una alegría nostálgica que va a tono con la lírica: “A veces creo que es preciso conocer lo que se pierde en una tarde, lo que se gana de una vez”.


 

Un libro: Antes del río

En el 2017 Bléfari publicó un libro de poemas en prosa que resulta ideal para quienes no están habituados a leer el género. Está compuesto de textos breves que escapan a la idea de que la poesía se escribe en versos rimados y en los que la autora se sumerge desde la superficie a la profundidad: con paisajes cotidianos, viajes en subte, bares o internet, aborda temas como el amor, la relación entre una madre y una hija, o entre el humano y la naturaleza.

 

Una película: Silvia Prieto

Bléfari protagonizó esta película en 1999. Tiene trama costumbrista en clave de comedia, pero sobresalió por un tono diferente a lo que se veía en la época. Fue escrita y dirigida por Martín Rejtman, y Rosario interpreta al personaje protagónico que le da nombre al film, una mujer que trata de ordenar su vida y se topa con la aventura encontrar otras personas con su mismo nombre. También actúan Valeria Bertuccelli y Vicentico.

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