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Condenaron a diez años de prisión a padrastro abusador

Durante cinco años, Adolfo Quiroga sometió a su hijastra en distintos lugares en las afueras de San Francisco.

Por redacción
| 30 de noviembre de 2019
Primavera de 2017: Quiroga fue arrestado cuando la chica se sobrepuso a sus amenazas para que no hablara.

El Día del Estudiante, cuando tenía planeado ir a un picnic con sus compañeros del colegio, una adolescente de 16 años sintió que no podría disfrutarlo si no revelaba el drama que sufría desde hacía cinco años: su padrastro abusaba de ella desde que tenía 11. Se lo contó a su prima, luego se lo dijeron a su mamá y, con la denuncia de ella, intervinieron la Policía y la Justicia. Eso fue hace dos años. La historia judicial del caso se cerró ahora, una vez que la Cámara del Crimen 1 de San Luis condenó al abusador, Adolfo Quiroga, a diez años de prisión.

El padrastro fue declarado culpable del delito de “Abuso sexual gravemente ultrajante, calificado por ser el guardador de la menor y por el aprovechamiento de la convivencia preexistente”, informó la fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso, tras la lectura del veredicto.

El fallo de los jueces Silvia Aizpeolea, Jorge Sabaini Zapata y José Luis Flores fue unánime. Y el monto de la pena que le impusieron fue el que había solicitado la fiscal en su alegato. El pronunciamiento del tribunal fue, de ese modo, un revés para el planteo de los abogados Mirtha Esley y Ricardo Gutiérrez, defensores de Quiroga, quienes alegaron que debía ser absuelto por falta de pruebas.

Quiroga es un peón rural de 35 años que vivía en el paraje Pozo del Molle, de las afueras de San Francisco, con su pareja, un hijo que tuvieron en común y la hija de la mujer.

 

 

PRUEBA CLAVE: "La víctima declaró que cada vez que eyaculaba, Quiroga se limpiaba con una remera que tenía en la baulera de la moto. La Policía la encontró, le hicieron una pericia y hallaron semen. Fue una prueba clave".

 



La niña hizo la escuela primaria en el campo, pero para cursar la Secundaria debía ir hasta el pueblo. Lo que decidió su madre fue que de lunes a viernes la adolescente se quedara en la casa de su padrino, en la localidad, para ir al Centro Educativo 19 “Domingo Faustino Sarmiento”.

Para ello, los domingos a la tarde, el padrastro la llevaba a San Francisco. Y los viernes a la tarde la iba a buscar. Siempre en moto. Aunque tenía un auto, elegía el otro vehículo, porque de esa manera evitaba que su pareja lo acompañara.

De hecho, cuando ella le decía que quería hacer el viaje con él, Quiroga siempre ponía una excusa para ir en la moto.

De ese modo se aseguraba que nadie lo estorbara para seguir haciendo lo que hacía desde antes, cuando su hijastra era una niña. Cada vez que la madre se ausentaba para ir a trabajar o por problemas de salud, el padrastro empujaba a la nena a una casa cercana a la suya, que estaba deshabitada, la desnudaba en parte y la manoseaba, y hacía otras prácticas sexuales sobre ella.

 


Lo hizo en incontables ocasiones allí. También lo hizo en cercanías de Villa General Roca, cuando volvía de buscar a la menor en San Jerónimo, adonde la niña había ido de vacaciones a la casa de una tía materna.

Y lo siguió haciendo en el camino de Pozo del Molle a San Francisco, cuando la buscaba o la llevaba de vuelta al pueblo.

Lo que empujó a la chica a develar lo que le pasaba, el jueves 21 de septiembre, Día de la Primavera, fue sentirse asqueada ante la perspectiva de que el fin de semana próximo, cuando su padrastro la fuera a buscar, repitiera lo que hacía invariablemente todos los fines de semana desde que había empezado la secundaria.

 

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