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Fuerte caída del gasto de la gente en carne vacuna

Nicolás Razzetti

Mientras los operadores del negocio ganadero esperan que en el arranque de 2020 aumente la cantidad de hacienda, por ahora la depresion de la demanda local, que tiene los bolsillos flacos, se traduce en un menor gasto en carne a pesar de que la oferta fue más baja que en 2018.

El mercado del gordo sigue muy bien ofertado y con dos demandas bien diferenciadas, lo que se refleja en los precios de las diferentes categorías. Por un lado talla la exportación, que tiene una capacidad de compra al menos 20% superior a los precios que paga efectivamente por la hacienda que lleva con destino a China. Es decir, por las vacas de cualquier condición pero también por ciertos lotes de novillos cuya carne termina en ese destino.

El promedio del novillo en octubre fue de $70, con una variación internanual de 57%; el novillito y la vaquillona experimentaron mejoras similares, en línea con la inflación, aunque llevan varios meses de retraso. Mientras tanto la vaca, categoría demandada por la exportación, tuvo una suba del 70%.

Esas variaciones dan cuenta de que hay dos demandas claramente diferenciadas y que los abastecedores del consumo se ven obligados a pagar por encima de sus posibilidades en muchos casos para no quedarse sin hacienda, e incluso sin frigoríficos. Porque otro problema que tienen es que al incrementarse la cantidad de plantas habilitadas para vender a China se van quedando sin lugar donde producir carne, van quedando acorralados en pocas fábricas que a los usuarios además les piden un pago creciente por el servicio de faena, consecuencia del bajo valor de los subproductos.

Decimos que pagan por encima de sus posibilidades porque si la hacienda aumentó en línea con la inflación, o muy cerquita del incremento promedio de precios de la economía, la carne en el mostrador tuvo subas menores. Según el relevamiento del IPCVA en carnicerías de Ciudad de Buenos Aires y Conurbano (el mayor centro de consumo de la Argentina), el incremento en la góndola fue de apenas 42%.

Ese incremento en el precio de la carne da cuenta de la caída en el poder de compra del salario. Pasa que en la mayoría de los rubros de la economía hubo aumentos de sueldo menores a la inflación, eso sucede desde al menos los últimos dos años en los sectores sindicalizados o formales, porque los ingresos de los trabajadores informales se deterioraron más aún.

Y es esa demanda, la del consumo interno y especialmente la de los sectores medios y bajos, la que más carne pide. Hay una porción de la población que sufre menos la inflación y que no varió su poder de compra, pero claramente el consumo interno en su conjunto se deterioró por la pérdida de ingresos reales al quedar detrás en la carrera contra la inflación. Y, además, al verse obligado el ciudadano medio a reasignar sus recursos al pago de servicios públicos que antes eran más baratos, subsidios de por medio.

Los matarifes y frigoríficos que operan en el consumo local están pidiendo medidas, a la espera de que la próxima gestión de gobierno favorezca a la demanda interna, lo que mejoraría sus ingresos y su poder de compra de la hacienda y, en definitiva, la renta de su negocio.

Los rumores de cambios, porque por ahora no son más que eso, indican que habría más retenciones a los granos y un diferencial significativo con lo que pagarían las exportaciones de carne vacuna. Eso reduciría el costo del engorde a corral y de la suplementación al abaratar el alimento, que representa la mayor parte del costo de producir un kilo de carne en los corrales. La medida sin dudas haría que ese eslabón recupere poder de compra de la invernada y mejore su ecuación, que en los últimos dos años se vio afectada por los bajos precios de la carne que produce y que termina mayormente en el mercado local.

La pérdida en el poder de compra de la carne vacuna de la población y la reasignación de recursos se observa también en el gasto que vienen haciendo los consumidores por las carnes. Claramente desde el kirchnerismo, pero también durante la gestión de Cambiemos, las carnes alternativas o sustitutas fueron ganando terreno en la mesa de los argentinos en base a una alta disponibilidad y precios más bajos.

Ese menor poder de compra se expresa también en la gran mayoría de los ciudadanos. En el caso del pollo, en octubre de 2018 el precio promedio relevado por el IPCVA fue de $61 y el consumo de 42 kilos anuales. El gasto anual en carne de pollo se estima que fue de $2.500. Un año más tarde, la industria avícola incrementó su oferta al mercado interno a 45 kilos y el precio del pollo aumentó a $96, lo que implica un gasto anual de $4.320 y un incremento del precio promedio cercano al 60%.

Aunque, por otro lado, lo significativo es que el gasto de un ciudadano en esta carne aumentó 73% por una suba en los kilos consumidos y también en el precio, lo que da cuenta de que esta carne absorbió parte de la caída en el consumo de la vacuna.

En el caso de la carne de cerdos, en octubre del año pasado ese estimaba ya un consumo anual de 15 kilos y un precio por kilo de $150 (pechito de cerdo según IPCVA), lo que indica un gasto de $2.250 al año. En octubre de 2019 ese gasto ascendió a $3.500. El precio por kilo y el gasto aumentaron 55%.

En tanto, el consumo de carne vacuna fue el que tuvo los menores incrementos, bien por debajo de la inflación, pese a que se ofertó bastante menos a la demanda interna gracias a la exportación, que creció a pasos agigantados.

En octubre de 2018, el consumo anual por habitante promediaba los 59 kilos según los datos del Ministerio de Agricultura, y el precio promedio de los diferentes cortes vacunos era de $185. El gasto en carne vacuna entonces fue de $10.900 anuales.

Un año más tarde, debido al incremento de las exportaciones, la oferta al consumo se redujo a 50 kilos por habitante y año, pero el precio promedio de los cortes aumentó a $260, lo que implica un gasto anual por habitante de $13.000 y un incremento interanual de solo el 20%.

Finalmente, si en octubre de 2018 con un kilo de carne se compraban 3 kilos de pollo, el mes pasado se compraban 2,7 kilos, esa es otra forma de reflejar cómo cayó el gasto/consumo en carne vacuna y el aumento en el principal sustituto, el pollo.

Conclusión 1: menos oferta y menos suba de precios es consecuencia de la pérdida en el poder de compra del salario, que ante la crisis opta por productos de menor valor.

Conclusión 2: por suerte funcionó bien la exportación, sin mercados abiertos y además altamente demandantes como es el caso de China, el mercado local estaría mucho más abastecido y desde hace varios meses estaríamos hablando de crisis en el sector.

La duda que queda es si el consumo de carne se recuperará. Si las exportaciones siguen firmes, la oferta continuará en torno a los 50 kilos por habitante/año, aunque podría ser menor aún si la faena cae, tal como está previsto en el primer cuatrimestre de 2020. Pero podría recomponerse el poder de compra de los argentinos, lo que afectaría sin dudas a los precios de la carne de pollo y de cerdos que, de todos modos, se verían beneficiadas por una reducción en sus costos productivos si, tal como se supone, aumentan las retenciones a los granos. El perjuicio será claramente para los agricultores que, al igual que los criadores, terminan siendo el pato de la boda en las desiguales cadenas de valor productivas.

 

Perspectivas para gordo e invernada

La faena este año superará las 13 millones de cabezas, será tan alta como la de 2018 y una de las mayores de los últimos años, salvando los de la gran liquidación. Los operadores del mercado (consignatarios, matarifes, industria y analistas) esperan que para el inicio del año que viene haya menos oferta, en parte porque los encierres de los feedlots son bajos, y también porque los invernadores van a tener la hacienda en recría y porque la oferta de vacas debería reducirse, ya que se habría terminado la faena de los vientres improductivos.

Claro, a menos que se ingrese en 2020 en una fase de liquidación que nadie prevé. Esa baja oferta derivaría en una suba de las cotizaciones que, combinada con mayores retenciones a los granos, permitiría un crecimiento de los encierres y una recuperación de la oferta en el segundo tramo del año que viene.

La suba por ahora se expresa en la hacienda de invernada. Los incrementos en las últimas semanas fueron de 15/20% y los promedios de $90 para el macho y $85 para la hembra, aunque con varias excepciones, cuando la calidad salta a la vista, que superaron los $100 en algunos remates.

 

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Fuerte caída del gasto de la gente en carne vacuna

Mientras los operadores del negocio ganadero esperan que en el arranque de 2020 aumente la cantidad de hacienda, por ahora la depresion de la demanda local, que tiene los bolsillos flacos, se traduce en un menor gasto en carne a pesar de que la oferta fue más baja que en 2018.

El mercado del gordo sigue muy bien ofertado y con dos demandas bien diferenciadas, lo que se refleja en los precios de las diferentes categorías. Por un lado talla la exportación, que tiene una capacidad de compra al menos 20% superior a los precios que paga efectivamente por la hacienda que lleva con destino a China. Es decir, por las vacas de cualquier condición pero también por ciertos lotes de novillos cuya carne termina en ese destino.

El promedio del novillo en octubre fue de $70, con una variación internanual de 57%; el novillito y la vaquillona experimentaron mejoras similares, en línea con la inflación, aunque llevan varios meses de retraso. Mientras tanto la vaca, categoría demandada por la exportación, tuvo una suba del 70%.

Esas variaciones dan cuenta de que hay dos demandas claramente diferenciadas y que los abastecedores del consumo se ven obligados a pagar por encima de sus posibilidades en muchos casos para no quedarse sin hacienda, e incluso sin frigoríficos. Porque otro problema que tienen es que al incrementarse la cantidad de plantas habilitadas para vender a China se van quedando sin lugar donde producir carne, van quedando acorralados en pocas fábricas que a los usuarios además les piden un pago creciente por el servicio de faena, consecuencia del bajo valor de los subproductos.

Decimos que pagan por encima de sus posibilidades porque si la hacienda aumentó en línea con la inflación, o muy cerquita del incremento promedio de precios de la economía, la carne en el mostrador tuvo subas menores. Según el relevamiento del IPCVA en carnicerías de Ciudad de Buenos Aires y Conurbano (el mayor centro de consumo de la Argentina), el incremento en la góndola fue de apenas 42%.

Ese incremento en el precio de la carne da cuenta de la caída en el poder de compra del salario. Pasa que en la mayoría de los rubros de la economía hubo aumentos de sueldo menores a la inflación, eso sucede desde al menos los últimos dos años en los sectores sindicalizados o formales, porque los ingresos de los trabajadores informales se deterioraron más aún.

Y es esa demanda, la del consumo interno y especialmente la de los sectores medios y bajos, la que más carne pide. Hay una porción de la población que sufre menos la inflación y que no varió su poder de compra, pero claramente el consumo interno en su conjunto se deterioró por la pérdida de ingresos reales al quedar detrás en la carrera contra la inflación. Y, además, al verse obligado el ciudadano medio a reasignar sus recursos al pago de servicios públicos que antes eran más baratos, subsidios de por medio.

Los matarifes y frigoríficos que operan en el consumo local están pidiendo medidas, a la espera de que la próxima gestión de gobierno favorezca a la demanda interna, lo que mejoraría sus ingresos y su poder de compra de la hacienda y, en definitiva, la renta de su negocio.

Los rumores de cambios, porque por ahora no son más que eso, indican que habría más retenciones a los granos y un diferencial significativo con lo que pagarían las exportaciones de carne vacuna. Eso reduciría el costo del engorde a corral y de la suplementación al abaratar el alimento, que representa la mayor parte del costo de producir un kilo de carne en los corrales. La medida sin dudas haría que ese eslabón recupere poder de compra de la invernada y mejore su ecuación, que en los últimos dos años se vio afectada por los bajos precios de la carne que produce y que termina mayormente en el mercado local.

La pérdida en el poder de compra de la carne vacuna de la población y la reasignación de recursos se observa también en el gasto que vienen haciendo los consumidores por las carnes. Claramente desde el kirchnerismo, pero también durante la gestión de Cambiemos, las carnes alternativas o sustitutas fueron ganando terreno en la mesa de los argentinos en base a una alta disponibilidad y precios más bajos.

Ese menor poder de compra se expresa también en la gran mayoría de los ciudadanos. En el caso del pollo, en octubre de 2018 el precio promedio relevado por el IPCVA fue de $61 y el consumo de 42 kilos anuales. El gasto anual en carne de pollo se estima que fue de $2.500. Un año más tarde, la industria avícola incrementó su oferta al mercado interno a 45 kilos y el precio del pollo aumentó a $96, lo que implica un gasto anual de $4.320 y un incremento del precio promedio cercano al 60%.

Aunque, por otro lado, lo significativo es que el gasto de un ciudadano en esta carne aumentó 73% por una suba en los kilos consumidos y también en el precio, lo que da cuenta de que esta carne absorbió parte de la caída en el consumo de la vacuna.

En el caso de la carne de cerdos, en octubre del año pasado ese estimaba ya un consumo anual de 15 kilos y un precio por kilo de $150 (pechito de cerdo según IPCVA), lo que indica un gasto de $2.250 al año. En octubre de 2019 ese gasto ascendió a $3.500. El precio por kilo y el gasto aumentaron 55%.

En tanto, el consumo de carne vacuna fue el que tuvo los menores incrementos, bien por debajo de la inflación, pese a que se ofertó bastante menos a la demanda interna gracias a la exportación, que creció a pasos agigantados.

En octubre de 2018, el consumo anual por habitante promediaba los 59 kilos según los datos del Ministerio de Agricultura, y el precio promedio de los diferentes cortes vacunos era de $185. El gasto en carne vacuna entonces fue de $10.900 anuales.

Un año más tarde, debido al incremento de las exportaciones, la oferta al consumo se redujo a 50 kilos por habitante y año, pero el precio promedio de los cortes aumentó a $260, lo que implica un gasto anual por habitante de $13.000 y un incremento interanual de solo el 20%.

Finalmente, si en octubre de 2018 con un kilo de carne se compraban 3 kilos de pollo, el mes pasado se compraban 2,7 kilos, esa es otra forma de reflejar cómo cayó el gasto/consumo en carne vacuna y el aumento en el principal sustituto, el pollo.

Conclusión 1: menos oferta y menos suba de precios es consecuencia de la pérdida en el poder de compra del salario, que ante la crisis opta por productos de menor valor.

Conclusión 2: por suerte funcionó bien la exportación, sin mercados abiertos y además altamente demandantes como es el caso de China, el mercado local estaría mucho más abastecido y desde hace varios meses estaríamos hablando de crisis en el sector.

La duda que queda es si el consumo de carne se recuperará. Si las exportaciones siguen firmes, la oferta continuará en torno a los 50 kilos por habitante/año, aunque podría ser menor aún si la faena cae, tal como está previsto en el primer cuatrimestre de 2020. Pero podría recomponerse el poder de compra de los argentinos, lo que afectaría sin dudas a los precios de la carne de pollo y de cerdos que, de todos modos, se verían beneficiadas por una reducción en sus costos productivos si, tal como se supone, aumentan las retenciones a los granos. El perjuicio será claramente para los agricultores que, al igual que los criadores, terminan siendo el pato de la boda en las desiguales cadenas de valor productivas.

 

Perspectivas para gordo e invernada

La faena este año superará las 13 millones de cabezas, será tan alta como la de 2018 y una de las mayores de los últimos años, salvando los de la gran liquidación. Los operadores del mercado (consignatarios, matarifes, industria y analistas) esperan que para el inicio del año que viene haya menos oferta, en parte porque los encierres de los feedlots son bajos, y también porque los invernadores van a tener la hacienda en recría y porque la oferta de vacas debería reducirse, ya que se habría terminado la faena de los vientres improductivos.

Claro, a menos que se ingrese en 2020 en una fase de liquidación que nadie prevé. Esa baja oferta derivaría en una suba de las cotizaciones que, combinada con mayores retenciones a los granos, permitiría un crecimiento de los encierres y una recuperación de la oferta en el segundo tramo del año que viene.

La suba por ahora se expresa en la hacienda de invernada. Los incrementos en las últimas semanas fueron de 15/20% y los promedios de $90 para el macho y $85 para la hembra, aunque con varias excepciones, cuando la calidad salta a la vista, que superaron los $100 en algunos remates.

 

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