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Lorenzetti: "Para mí, De Oliveira no tiene nada que ver en el hecho"

El viudo de la víctima y exintendente de La Calera dijo que el móvil del homicidio de su esposa fue un robo.

Por redacción
| 06 de marzo de 2020
Acusados. En primer plano, Lorenzetti, viudo de la víctima. A la izquierda, Vílchez y a la derecha, De Oliveira. Foto: Leandro Cruciani.

El exintendente de La Calera, Diego Hernán Lorenzetti, pidió por segunda vez declarar en el juicio oral que se lleva adelante en su contra, ya que hay sospechas de que encargó el asesinato de su esposa Romina Aguilar, ocurrido el 30 de enero de 2016. Manifestó que a su pareja la mataron porque quisieron robarle y aseguró que otro de los acusados, el brasilero Edivaldo De Oliveira Pereira, no tuvo intervención en el crimen.

 

De Oliveira Pereira es jockey y le corría los caballos a Lorenzetti. El otro juzgado es Cristian Leandro Vílchez, apodado “El Bocón” o “El Boconeta”.

 

Estos últimos fueron retirados de la sala para que Lorenzetti declarara. El exintendente explicó que pedía la palabra dado que durante estos cuatro años preso aprendió a “convivir con el dolor y con la impotencia de no poder contar muchas cosas”. Señaló que lo motivó a hablar “la cantidad de mentiras que se dicen”, en referencia a los testimonios de vecinos y policías cuyas declaraciones lo complican.

 

Casi al final dijo una de las afirmaciones más resonantes: “Tengo mi propia idea formada sobre lo que pudo haber pasado. No existe una declaración de De Oliveira y tampoco creo que se haya entregado. Yo conozco mi expediente y para mí no tiene nada que ver en el hecho”, dijo.

 

Aseguró que está “convencido de que a ella (por Romina) le fueron a robar. Pero, además del dato que les dieron, a estas personas se olvidaron de decirles que quizás la tenían que abordar cuando salía por la puerta del frente, porque ahí terminaba su recorrido”.

 

Se refería a que su esposa cada sábado que salía temprano a cursar tenía la misma rutina: abría el portón, sacaba la camioneta, hacía marcha atrás, se bajaba, cerraba el portón, recogía sus cosas y salía por la puerta del frente, según relató el acusado.

 

Pero esa mañana, la víctima no logró terminar con el recorrido. La mujer fue asesinada en la vereda de su casa, en el barrio Faecap de San Luis. Acababa de sacar su Renault Duster para viajar a La Calera, donde estudiaba para terminar la secundaria en el plan PIE.

 

Tiempo después, en una declaración indagatoria que dio en el Juzgado Penal 1, el 29 de febrero de 2016, De Oliveira Pereira confesó que él y Vílchez habían sido los ejecutores del crimen. Y que Lorenzetti le había encargado a Vílchez el asesinato a través de Gastón “El Chori” Heredia, un primo de “El Bocón”, con la promesa de pagarles cien mil pesos.

 

La confesión del brasilero (en la que reconoció su participación en el hecho e implicó al viudo y a Vílchez) es la que ayer Lorenzetti se encargó de poner en duda y, en cierta forma, quiso desvincularlo del hecho. Dijo que con él solo tenía una relación de patrón y empleado, que el trato se limitaba a los días de carrera y que finalizaba cuando le pagaba el porcentaje que correspondía, si ganaba. Dijo que nunca tuvieron un problema.

 

 

La cuestión de la droga

 

Tras comentar sobre esa relación, contó otro de los detalles más polémicos de la audiencia. “Habrá estado amenazado (para autoincriminarse), por su trabajo paralelo”, lanzó. Cuando el tribunal le preguntó a qué se refería, Lorenzetti contestó, aunque no fue del todo claro y la defensora de De Oliveira Pereira, Olga Allende, lo notó y comenzó a indagarlo. Pero el acusado o no logró entender las preguntas o simplemente las evadió, quitando fuerza y convicción a la afirmación que acababa de hacer.  

 

Dijo que en la cárcel se enteró de que el brasilero vendía drogas porque conoció a “un montón de clientes de él”.

 

De manera confusa aseguró que la única relación que encuentra entre el homicidio y esa supuesta actividad delictiva de De Oliveira es que al otro día del hecho, “una persona en bici nombra a las mismas personas que estamos detenidas”. “Para mí, utilizaron este hecho (el asesinato) para esclarecer las drogas”.

 

Tras ese enredado tramo de la declaración, Allende insistió en que fuera claro al explicar qué era lo que quería decir cuando se refería a que “utilizaron el hecho para esclarecer las drogas”, pero el exintendente no pudo o no quiso hacerlo.     

 

 

El recuerdo de aquel día

 

Antes de hablar de De Oliveira y de lo que para él fue el móvil del homicidio, contó su versión sobre el hecho. Dijo que si se demoró en salir de su casa esa mañana fue porque “hace 15 años que está medicado con Clonazepam”.

 

Vecinos, que aseguraron que  vieron a Romina tendida tras haber sido baleada, describieron la conducta de Lorenzetti como fría, y aseguraron que no lo vieron conmovido o desesperado. Ayer dijo que nada fue así. “La única persona que tocó a Romina fui yo. No quedó boca abajo como dicen, es mentira. Estaba de costado, con la cara hacia la ruta 147 y con las llaves de la camioneta en la mano. Yo salí semidesnudo y solo había un patrullero. Me arrodillé y le dije como tres veces ‘aguantá Romina’. Le pedí a mi cuñada que llamara a la ambulancia y me dijo que ya lo había hecho”, relató.

 

También aseguró que no existieron testigos, en referencia, por ejemplo, a la vecina que declaró que ella vio desde su ventana el momento en el que abordaron a Romina y la ejecutaron. “No sé cómo habrá hecho para ver porque la casa que ella nombra es igual a la mía y la divide una medianera”, explicó.

 

En la audiencia de ayer también declararon tres policías. Al momento del hecho dos de ellos trabajaban en la Comisaría 2ª, y uno, en la entonces División Homicidios. Este último, de apellido Ricarte, dijo que el día del asesinato solo se encargó de ubicar en el lugar del hecho a "varios testigos y llevarlos hasta la dependencia" y secuestrar la ropa de Romina tras la autopsia.

 

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