El bienestar se traduce en más y mejores huevos
Ángel Luna trabaja bajo un sistema agroecológico denominado “gallinas felices”, en el que las aves se desarrollan en espacios verdes, juegan y se alimentan sin sufrir estrés.
Gallinas felices es el nombre de un sistema de producción avícola en el que los animales puedan estar libres, en pastoreo y sin estrés. “Trabajamos bajo este concepto que está muy avanzado en España y Francia, obtenemos huevos de gallinas camperas, bajo la modalidad agroecológica. Esto implica que nos basamos en diferentes aspectos que debemos garantizar para que el animal esté en absolutas condiciones de salubridad”, cuenta Ángel Luna, propietario de Ecogranja Puntana, quien trabaja en un campo que está por la ruta 3, junto con su esposa Viviana Galante y sus hijos, Ramiro y Lorenzo.
“La producción es saludable, no se utilizan aditivos, ni conservantes y el foco está puesto en el bienestar del animal, que no recibe antibióticos, ni antiparasitarios, ni hormonas”, explica Luna, que inició este proyecto en 2018, junto a su familia y está dispuesto a seguirlo hasta las últimas consecuencias, a pesar de que el contexto económico lo puso a prueba varias veces en apenas dos años.
“Adquirimos un terreno de una hectárea en la zona sur de la ciudad y en ese entonces queríamos empezar a trabajarlo. Me largué a hacer cursos del INTA y en uno de ellos mencionaron este tipo de actividad, nos dieron la posibilidad de pensar en un emprendimiento trabajando con gallinas ponedoras y así me empecé a interesar en este tema”, recuerda el productor avícola.
En Ecogranja Puntana sacan entre 200 y 220 huevos por día. En esta época se incrementa la producción, porque empieza el frío.
En la granja no tienen jaulas. “Las gallinas están en libertad, en un predio cerrado, adentro están los nidales, los comederos y los bebederos. La mayor parte del tiempo están corriendo, picoteando por ahí”, afirma, y agrega que para obtener un buen producto hay que cumplir con determinados requisitos de infraestructura.
Luna compartió los conocimientos que fue adquiriendo con el tiempo, la experiencia en la granja y las capacitaciones. “La persona que se encarga de la actividad es la única que puede mantener contacto con la gallina. El ingreso a la nave está muy cuidado, hay que tener en cuenta que cualquier persona que se acerque es considerada un vector, que puede transmitir algún tipo de enfermedad, por eso hacemos hincapié en que la vestimenta para ingresar sea especial. Nosotros usamos mamelucos y antes de ingresar pisamos una bandeja de cal, para matar todo tipo de gérmenes”, especifica el hombre, quien hace hincapié en que los animales solo deben alimentarse, sin recibir antibióticos, ni sufrir estrés.
Actualmente en Ecogranja Puntana trabajan con 300 gallinas. “Ponen un huevo por día. El fenómeno biológico tiene una ventana de entre 26 y 27 horas. El lóbulo empieza a trabajar hasta que sale por el oviducto”, explica Luna. “Tenemos un 85% de producción, en total entre 200 y 220 huevos por día. Tiene mucho que ver el clima también, a las gallinas las afecta mucho el calor. La productividad disminuye en la época estival porque evitan comer, no quieren moverse. Por eso durante el verano baja la cantidad de huevos que podemos poner a la venta”.
Otro de los beneficios de esta metodología es que los animales tienen la posibilidad de estar al sol y por eso aumenta la posibilidad de que generen mayor cantidad de vitaminas. “La gran diferencia que hay entre un huevo con este enfoque y el de escala industrial es notable. Quienes los consumen, nuestros clientes, nos hablan mucho sobre el color. La yema es más anaranjada y la textura de la clara es diferente. Muchos reposteros los usan porque brindan un mejor cuerpo a sus producciones. Además está la frescura del producto, lo que llega al consumidor es del día. No los almacenamos, no contamos con un stock”, explica Luna, y su pareja, Viviana Galante, lo complementa: “Juegan, están libres. Algunas comen más que otras. Para nosotros son 300 mascotas, no queremos encerrarlas para aumentar la productividad, ni tenerlas con luz artificial todas las noches. Uno se relaciona con los animales, aprende a quererlos”.
“El color de la cáscara tiene que ver con el plumaje de la gallina. La blanca, da huevos blancos. En nuestro caso son de la raza highlight brown, el plumaje es colorado y eso le da a la cáscara un poco de color”, explica Luna, convertido en todo un experto.
Un emprendimiento familiar
En la Ecogranja Puntana trabaja toda la familia, pero Ángel encabeza las actividades principales debido a su experiencia y a la adquisición de conocimientos a lo largo del tiempo. “Estuve durante 20 años trabajando en la industria alimenticia privada, después me quedé sin empleo. Esto me movilizó a buscar una actividad que me diera la posibilidad de trascender. Comencé a hacer los cursos del INTA y a involucrarme en la actividad avícola y así encontré el camino hacia nuestro emprendimiento”, expresa el alma máter del proyecto, quien agrega que sus clientes aceptaron positivamente el producto, y que les hacen muy buenas devoluciones.
En abril del año pasado comenzaron a armar la infraestructura. “En julio trajimos el plantel de 300 gallinas, que tenían un mes y algunos días. Después de unos meses empezaron a poner huevos, eran chiquitos al principio, pero a medida que maduraban su sistema reproductivo, comenzamos a contar con una muy buena calidad de huevos”, dice Ángel y opina que la actividad se podría fomentar mucho mejor si hubiera préstamos o subsidios. “A la granja la iniciamos con ahorros, por ahora estamos solos y cuesta mucho”, advierte, resignado a vivir en un país sin reglas claras y que está continuamente a los saltos en materia económica.
Como tantos otros argentinos, Ángel se quedó sin trabajo y se largó por su cuenta. Hizo cursos del INTA e invirtió todos sus ahorros para armar la granja.
En el inicio del proyecto, durante los primeros meses de 2019, Ángel, Viviana, Ramiro y Lorenzo estaban a full enfocados en la granja. “Nuestra atención está puesta en lo que pasa en la granja, luego en la recolección de huevos. Una vez que los traemos a casa, hacemos una inspección, los pesamos y los acomodamos en los maples. Trabajamos con los cartones sanitizados uno por uno, y nos aseguramos de que lo que vendemos no tenga ningún tipo de problemas”, afirma.
Aumento del consumo y del precio
Durante los últimos meses la demanda de huevos se incrementó un 40%. “El precio también aumentó mucho, sobre todo hablando a escala industrial. Se considera que el ecológico o casero debería ser un 20 por ciento más caro, por lo que cuesta producirlo. Nos enteramos a través de comentarios que nos habíamos quedado desactualizados porque las verdulerías habían aumentado el valor del maple”, reconoce Galante, para agregar que “sabíamos que debido a la pandemia la gente empezó a consumir mucho más huevos de lo que lo hacía antes, pero no queríamos cambiar el precio del maple. Entonces el INTA hizo una videoconferencia para hablar del tema. Ahí nos enteramos de lo que había aumentado el consumo”.
Actualmente el maple está a 300 pesos y lo llevan a domicilio. “Quienes venden huevos en San Luis los traen de otras provincias y al estar cerrados los puestos limítrofes, en un momento nos llamaban hasta de La Paz, en Mendoza, para preguntarnos si teníamos stock para venderles. Además empezamos a ver que en Entre Ríos comenzó a aumentar 20 pesos por semana el maple y eso nos desestabilizó mucho. No somos comerciantes netos, nos gusta mucho la producción, somos nuevos en la actividad. Cuando estábamos por ampliar el corral, nos sorprendió la cuarentena y tuvimos que parar el proyecto, pero ni bien se reactive el país, seguiremos con los planes”, jura Viviana con entusiasmo, para luego contar que para bajar los costos de traslado analizan la posibilidad de abrir el negocio en su casa.
Para adquirir los huevos
Para mostrar la granja y para que los consumidores conozcan el producto, Ángel y Viviana crearon campañas por Instagram y Facebook. “En Marketplace recibimos la mayor cantidad de consultas. También participamos en las ferias de pequeños y medianos productores del gobierno provincial y en los puestos que Sol Puntano pone en la rotonda Torrontegui”, anuncia el productor avícola.
Los Luna participan de la Feria de Pequeños y Medianos Productores y de las que organiza Sol Puntano de manera itinerante por distintas zonas de San Luis.
Ángel explicó que para llegar a la Ecogranja Puntana, que está ubicada al sur de la ciudad de San Luis, hay que tomar la ruta que va hacia Zanjitas. “Hay que pasar un puente, después van a encontrar un puesto policial, luego de 9 kilómetros hay un descampado y se ven unas casas a mano derecha. Pasando ese campo hay una bandera argentina, ahí hay que ingresar y transitar por un callejón en el que hay una casa grande, a unos metros van a ver una tranquera abierta, pero hay que seguir derecho y doblar. El camino que ya está marcado los va ir llevando solo”, especifica el productor.
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